Tercera Llamada

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Ismael Estrella Guerrero

Pida prestado y si puede, pague, si no… no

Si los que tienen empleo actualmente piden dinero prestado de manera habitual porque no les alcanza la quincena para salir adelante, imagine a los que no devengan ningún salario, aunque le batallen para conseguir después lo que deben por la sencilla razón de no tener con qué responder a la “hora buena”.

Lugares no faltan donde conseguir la lana; prestamistas que cobran el interés que les da su regalada gana, o bien, las casas de empeño y algunas tiendas departamentales que también se dedican a la venta de ropa, muebles, lo que necesite, total. Su crédito es lo más importante, dicen. Aseguran que el dinero pasa a segundo término. ¡Si chuy!

Lo que pasa es que aprovechándose de la precaria situación que viven los “mínimoasalariados” y peor aún, los que no tienen oportunidad de trabajo, les hacen creer que con ellos pueden conseguir lo que necesiten a cambio de “módicas mensualidades”, cuando la verdad es otra. Se aprovechan de la necesidad, claro está, pero también del desconocimiento de la raza.

Por no decir siempre, la mayoría de las veces que alguien hace uso de esos “créditos blandos”, es porque no tienen “con que ojos divina tuerta” para aprovisionarse de sus necesidades por ello llegan a recurrir hasta el préstamo de dinero en efectivo.

todos los gustos y necesidades hay.

Unos más otros menos, pero al final de cuentas, la usura es lo que media entre comerciante y cliente.

Por principio de cuentas, el interés que tendrán que desembolsar para pagar lo que compraron representa un incremento mínimo del 20 por ciento de su valor total –y me quedo corto, pero bueno-, siempre y cuando lo pidan menor a un año, porque si llega a 12 meses, cuídense, porque entonces se triplica el costo de las cosas según el manejo que realizan tales comercios judaicos.

Para ejemplos un botón basta:

En Coppel el crédito no es problemático, baste con que tenga un trabajo remunerable, un domicilio donde le lleguen los estados de cuentas y que no deba anteriores cuentas con ellos mismos. Con eso es suficiente, ya tiene su tarjeta de crédito. Pero no sabe a lo que va expuesto.

Si se trata de comprar ropa, el plástico es válido, siempre y cuando no sobrepase el límite de lo que le tienen estipulado gastar, según el criterio de ellos mismos. Total es su negocio y hacen lo que quiere y a nadie obligan a comprarles, esto es un hecho. Sin embargo, abusar de la necesidad de la gente es otra cosa y verá por qué.

Ya compró su ropa, pero también necesita un préstamo por la cantidad que quiera. Vamos a suponer 500 pesos por que le salió una urgencia que tiene que subsanar ya en su casa, no hay espera. Se lo dan y le cobran el interés correspondiente a un año, y resulta que al cabo de dos meses- por decir una fecha- tiene otra necesidad económica, también de poca cantidad, supongamos que 200 pesos. Le otorgan otro préstamo por que pagó a tiempo sus mensualidades y toda esa faramalla que lo hacen sentir a uno rico por no tener mayores adeudos.

Pero que sorpresa se llevará cuando vea que además del interés que le cobran por el nuevo empréstito, también se lo aplicarán al que ya debía.

Dicho de otra manera, le sumarán todo, así es, todo lo que ha acumulado entre intereses y préstamo y le pondrán un nuevo rendimiento y así sucederá cada vez que solicite crédito en esa tienda. Algo así como “borrón y cuenta nueva”

Quizá al principio a lo mejor no se da cuenta de las cuentas nuevas, pero cuando vaya a reclamar a las cajas le van a decir que “así lo tiene el sistema y no se puede cambiar”.

O lo que es lo mismo, “hágale como quiera”, pero pague.

Muchos no reclaman porque no saben dónde.

Y otros más prefieren callar y pagar.

¿Actuar en contra?

Nunca se ha visto semejante barbaridad.

Pero repito, “a nadie obligan endeudarse en esos lugares”