MÉXICO: BARBARIE O DEMOCRATIZACIÓN.

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ELIO EDGARDO MILLÁN VALDEZ.

1.- Después de la barbarie de Ayotzinapa y la reacción social que ha generado, México puede transformarse en un país decente en el que impere un Estado de derecho, para dejar en el pasado una república que todos los días tenemos que simularla para que lo parezca. A propósito ayer Enrique Krauze escribió un artículo luminoso: en él nos aclaró el rumbo que debe seguir el movimiento, el cual ha condensado el repudio de los mexicanos contra años de trapacerías, crímenes y cien mil carretadas de demagogia.

2.- En este artículo nos propone pasar de las protestas a las propuestas, no sin antes hacer una reflexión: “El movimiento de los 43 (…) no se propone la libertad (que ya existe) sino valores igualmente importantes: justicia frente a la impunidad, transparencia frente a la corrupción y seguridad frente a la violencia” (Enrique Krauze. El Debate. 07/12/2014). Creo que nos devela con claridad los tópicos que debe abordar la reforma del Estado

LOS RIESGOS QUE CORRE EL MOVIMIENTO.

3.- Pero como a todos nosotros, a él también le embarga la incertidumbre por el derrotero del movimiento: ¿Se esfumará o consolidará? ¿Desembocará en una regresión suicida a la violencia revolucionaria que a su vez despierte al monstruo dormido de la dictadura? ¿O será –como espera la mayoría silenciosa– el catalizador de una reforma genuina del Estado de Derecho en México? (Ibid). Enseguida nos alerta de tres riesgos que acechan al movimiento:

A)Los supuestos anarquistas –afirma el autor de la Presidencia Imperial- me recuerdan a los Halcones. En estos días ha circulado un video que muestra a un “vándalo” lanzar objetos pesados contra los granaderos. Éstos se van contra el sujeto, le pegan y lo someten, hasta que los mismos granaderos se dan cuenta de que es uno de ellos, y comienzan a gritar: “Es compañero, es compañero” y lo sueltan.

B) Junto a los hijos de los Halcones, haciéndoles el juego, están los autodenominados anarquistas. No quiero concederles ese rango. Respeto demasiado la tradición intelectual anarquista para pensar en esos incendiarios sin rostro como descendientes de Proudhon, Kropotkin o Ricardo y Flores Magón.

C) Al movimiento se han unido, como es natural, organizaciones radicales como los maestros de la CNTE y grupos afines que operan en Guerrero, Oaxaca y Michoacán. Sin ser guerrilleros practican una suerte de “revolución blanda”: una machacante quema de instalaciones oficiales, acoso a comercios, bloqueo a vías de comunicación. Están en espera de que la mecha de la revolución prenda por fin en México. Esperarán en vano: su estilo de protesta no atrae apoyo social.

EL MOVIMIENTO EN LAS CALLES.

Señala asimismo que en el desarrollo del movimiento ha sido “significativa la incursión de un amplio y variado contingente de la izquierda democrática. Su crítica al gobierno federal es válida y justificada, pero su autocrítica ha sido tan parca como sus propuestas sobre seguridad, justicia y transparencia” (Opus. Cit.)

En seguida, con un timbre de orgullo, se refiere al movimiento de la gente en las calles: “El conglomerado mayoritario, con el que me identifico, es el de la sociedad civil. No es de derecha ni de izquierda: cruza las generaciones y las clases sociales. Son personas que no usan capucha, no

arrojan bombas molotov, no sueñan con la toma del Palacio de Invierno ni ponen su fe en un caudillo. Las vincula un multitudinario “ya basta” a la impunidad, la inseguridad y la corrupción. Demandan –además- una explicación convincente al caso de la mansión presidencial” (Idem).

DE LA PROTESTA A LA PROPUESTA.

Una vez que Krause ha hecho este recorrido, señala que para que “la voz de este contingente perdure debe pasar de la indignación a la organización política o cívica, siempre dentro del marco democrático. El grito “¡Que se vayan todos!” vale como consigna, no como programa. Se necesitan ideas constructivas e iniciativas prácticas para combatir los problemas de México”.

En seguida, al final de su trabajo, señala: “Sin un proyecto, el movimiento se esfumará. El 68 cambió la historia. El movimiento actual puede cambiarla si los jóvenes comienzan a hacerse cargo ya del país en que viven. La tarea es larga, el tiempo es breve y el crimen avanza. Hay que pasar de la protesta a la propuesta” (Enrique Krauze. Milenio, Diario. 07/12/2014).