EN LA GRILLA

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*La carretera y sus expectativas

*Una exclusión muy democrática

*Alcaldes en situación incómoda

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

Es el día siguiente a la inauguración de la autopista Mazatlán-Durango. Es viernes y además muy cercano a la quincena. A pesar de ello, no hay colas en las casetas de la vía recién estrenada. No están llegando los miles de visitantes que muchos preveían una vez puesta en operación la súper ruta.

Los espectaculares paisajes que hoy muestran barrancas abismales y un poco más adelante farallones que parecen cortados a cuchillo y se prolongan más allá de nuestros convencionalismos acerca de los cerros. Al fondo un enorme cúmulus se arrastra, rasgado por los picos más altos de esta parte de la Sierra Madre Occidental, están solos o casi.

Muy pocos aprecian la majestuosidad del puente Baluarte, con sus tirantes gigantescos, sus torres que aún enormes, apenas compiten con la majestuosidad de un precipicio de casi medio kilómetro; ni le humo se acumula aún en el túnel el sinaloense, cuyos casi tres kilómetros hablan de la gran capacidad de los ingenieros que horadaron este largo cerro para acortar las distancias.

El túnel está perfectamente iluminado, aunque el día de la inauguración le faltaba aún el equipo de ventilación y algunos señalamientos inteligentes de los que presumió mucho el secretario de Comunicaciones y Transportes, pero es una maravilla, como lo es el puente Baluarte, que es de cuatro carriles.

Todo el que la cruza incurre en el lugar común de nuestros prototipos culturales: esta carretera es como de película. En efecto: por estos túneles bien podría escenificarse una persecución de rápido y furioso y Mel Gibson podría intentar el aterrizaje de un Mig 27 sobre las plataformas del puente Baluarte, a cuyo costado hay una pequeña plataforma de trabajo donde Julia Roberts bien podría hacerse arrumacos y hasta fajar con Hugh Grant, aunque no tengamos el flemático paisaje urbano de Notting Hill.

Por supuesto, ya hay tráfico, pero el de siempre. Antes de abrirse el último tramo, ya muchos camioneros se subían, bajaban y volvían a subir para aprovechar la buena velocidad que ahí obtienen, a pesar de las interrupciones de los tramos que no estaban terminados.

Pero las avalanchas de turistas, inversionistas y personalidades que nos habrán de cambiar la vida, la economía y la demografía, no llegaron en el primer día. No es para preocuparse. Dicen los especialistas que indefectiblemente nos alcanzará el progreso y que en un plazo de dos años empezará a notarse.

El  primer efecto advertible es que a querer y no, el gobierno tendrás que invertir mucho dinero en la reconstrucción del puerto, para generarle las condiciones de competencia internacional que se requieren para darle sentido a una carretera como ésta, cuya inversión de veintiocho mil seiscientos millones de pesos adquiere sentido con un complemento como ese puerto tan proyectado.

Y mire usted cómo hay interés en esa modernización, que en el acto inaugural de la carretera fue el gobernador de Durango, Jorge Herrera Caldera, el que tocó el tema pidiendo al presidente las inversiones que se requieren para ponerlo en condiciones de competitividad y de utilidad frente a las enormes demandas actuales.

La puesta en operación de esta carretera será un acontecimiento de gran impacto. El presidente Enrique Peña Nieto encomió la capacidad de los ingenieros mexicanos, de los camineros que trabajaron en su construcción y que ese mismo día festejaban su día, así como la importancia que tendrá para la economía de la región y del país.

(Por cierto que el día del caminero es ya más un anacronismo que el festejo justificado de una conmemoración. Los camineros era todo un gremio que iba por la República abriendo nuevas carreteras, como la libre entre Mazatlán y Durango que hace 53 años fue a su vez, fue considerada todo un prodigio de ingeniería porque entonces sí que casi a mano limpia, sin la tecnología que hoy se tiene, le arrancaron a la sierra un camino formal, serio, más allá de las trochas de mulas que inspiraron la ruta. Hoy las carreteras son construidas por obreros de empresas que van cambiando de personal conforme a la región que visitan.)

UNA EXCLUSIÓN DEMOCRÁTICA

Para el acto inaugural, los gobiernos de Sinaloa y Durango, con este último llevan do la voz cantante, por ser el anfitrión, acordaron repartirse por mitades la responsabilidad de convocar y garantizar la presencia de siete mil invitados que demostraran ante el presidente el impacto que la carretera tiene para ambas entidades, aunque su importancia a fin de cuentas, alcanza a siete entidades, cuyos gobernadores estuvieron presentes (los de Zacatecas, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, amén de Sinaloa y Durango, por supuesto.

Pero luego vino un recorte y a Sinaloa le quedaron dos mil quinientos, que en un segundo ajuste bajaron a mil quinientos, pero cuando llegó la segunda mitad de los sinaloenses, ya los durangueños habían acaparado los espacios, y el Estado Mayor Presidencial decidió que no pasaba nadie más, porque la carpa ya estaba muy llena.

Desde fuera de las rigurosas rejas la comitiva de mazatlecos escuchó incrédula que los altavoces de las patrullas conminaban: “la gente de Sinaloa, favor de acercarse a sus camiones para que puedan regresar de inmediato”. El único consuelo que les quedó fue para los estacionados en las partes más altas, que pudieron ver de lejos cómo el presidente bajaba de su helicóptero, le gritaron y lo saludaron. Peña Nieto les correspondió el saludo. Fue todo.

Cualquier discriminación, como discriminación fue este caso, es antidemocrática, pero aquí al menos fue pareja.

Para atrás se fueron colonos, líderes colonos, alguno que otro periodista, los líderes empresariales de Mazatlán, diputados electos como Fernando Pucheta Sánchez, alcaldes no electos como Ernesto García Cota, recién derrotado en Los Mochis pero que aún es diputado local, el alcalde sí electo Carlos Eduardo Felton González, el coordinador de delegaciones del ISSSTE, Alfredo Villegas Arreola, y hasta secretarios de despacho como el de Desarrollo Social y Humano, Juan Ernesto Millán Piestch, o como el mismísimo Frank Córdova Celaya, quien había anunciado que los sinaloenses iríamos a la carretera en bola, que haríamos un escándalo y sí, casi fue así porque muchos estaban indignados por haber venido desde tan lejos sólo para ser regresados sin consideración.

A veces es cierto que los últimos serán los primeros. Mucha gente de abajo e fue tempranito enlo que podría llamarse “corridas ordinarias”, mientras los invitados viaipí fueron citados en el Centro de Convenciones y recibieron sofisticados desayunos para viajeros, privilegio que pagaron llegando tarde y quedando fuera. Algunos, además, como los electos, sufrieron la descompostura del camión, de modo que debieron trasbordar. EL colmo fue que al regreso volvieron a terminar en un camión descompuesto y sus augustas majestades terminaron de raite en patrullas hasta el Mazatlan International Center, a recoger sus coches.

Por supuesto, la gente de Durango tenía razón. Estaban en su tierra y la cortesía no implica perderse ese momento sólo por ser buenos anfitriones. El Estado Mayor Presidencial en cambio ha abandonado ya las aspiraciones de la campaña, en que se trataba de reunir a la mayor cantidad posibles de personas en cada evento, y ahora prefieren limitar la asistencia para tener mayor facilidad en el control de la seguridad.

En momentos como éste se hacen evidentes las vocaciones personales. Director de Carreteras de la SCT, Clemente Poon Hung habló en nombre del Colegio de Ingenieros Civiles del país. Estuvo en Sinaloa por un espacio muy prolongado como director del Centro SCT, un área eminentemente técnica que se convirtió en valladar político cuando el estado era gobernado por el PRI y la federación por el PAN. Poon fue un contrincante y hasta un abierto opositor de los gobernadores Juan Sigfrido Millán Lizárraga y Jesús Alberto Aguilar Padilla, defendiendo las posturas del PAN. Este jueves en cambio se dio el lujo de citar los compromisos adquiridos en campaña (la campaña del PRI, por supuesto) por el presidente Enrique Peña Nieto, y su cabal cumplimiento, no faltaba más.

Hubo por ahí quien destacó que al alcalde mazatleco Alejandro Higuera Osuna lo trataron mal. En realidad no hubo nada extraordinario, independientemente de que no lo hubiesen mencionado. No tenían por qué. El acto era en Durango, sin que hubiese más relación con Mazatlán que el fin un extremo de la autopista, lo que funciona como referencia, pero no tiene influencia en los asuntos del protocolo, sin que influya el que sea un militante panista visitando un estado priísta en un periodo federal priísta.

Fregado estuvo el asunto durante la ceremonia en que Felipe Calderón se dio el gusto de inaugurar algo de la carretera, aunque sólo fuese el tramo Mesillas-Santa Lucía. Ahí los encargados sinaloenses del protocolo ignoraron al alcalde anfitrión, Eligio Medina, priísta que no ha tenido una buena relación con el gobernador Mario López Valdez ni se ha granjeado su simpatía personal. Inédito en el evento, Medina tenía al menos una silla en la primera fila, donde permaneció sentado e ignorado hasta que el propio Felipe Calderón  cayó en cuenta e hizo evidente el desprecio para corregirlo. “Y el presidente municipal, el presidente anfitrión ¿dónde está? Para agradecerle que nos reciba y nos acompañe”, dijo risueño como si estuviera soltando uno de sus inopinados chistes en medio del discurso.

Los viajes ilustran, y éste a Durango nos enseñó entre otras cosas que el fuego se combate con fuego. Si el Estado Mayor Presidencial no quería dejarnos entrar porque había órdenes de que nadie pasara, hubo que buscar a alguien del Estado Mayor Presidencial que nos franqueara el paso, y lo encontramos gracias a Edmundo Apodaca, de prensa del estado y a Ulises, del equipo de David López.

Y también que en todos lados se cuecen habas. Si durante la campaña hubo una “Werita de Guasave” que levantó un cartelón proponiéndole matrimonio, si al salir de la reunión de la Conago se escuchó un grito de “Peña Nieto, el Chenel (no quería casarse con él) apoya tu propuesta energética”, en Durango el discurso presidencia fue interrumpido con un “Peña Nieto, te saluda la Guille”. Y luego la Guille volvió a la carga ofreciéndole también una relación seria y estable. Eso sí;: la porra duranguense anda retrasada de noticias, pues insistía mucho en el coro “Peña Nieto Presidente/Peña Nieto Presidente”. ¿No sabrán que la elección ya pasó, que Peña Nieto ganó y ya hasta está ejerciendo el cargo?