Mazatlán: crónica de una tarde nublada

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Me disponía a salir de la casa en punto de las 4 de la tarde, para ir a hacer unos vuelos por el centro de la ciudad con un Drone, la llovizna empezó justo a esa hora y yo con la esperanza de que parara en unos 15 o 20 minutos que es lo que habitualmente duran estas lluvias, subí la maleta con el avión al coche, para mi buena y mala suerte la llovizna nunca paro y como buen mago tuve que sacar un plan B debajo de la manga.

Mientras en otras partes de México llover en febrero es de lo más cotidiano, aquí en Mazatlán es todo un arte, la ciudad se transforma, toma esa calma y relajación que pone a las personas en un estado de meditación y dejar de lado la cerveza helada para cambiarla por un buen café caliente o un chocolate, hasta llegamos a ser mas adoradores de la lluvia que los aztecas lo fueron con Tláloc, es la parte agradable de la lluvia.

La parte desagradable es que la ciudad se inunda a la brevedad, y brotan charcos por doquier, aún con lloviznas las calles se rebosan de agua y es hasta imposible pasar con los carros. Hasta aquí me quedo, por que era la parte que como reportero gráfico que tenía que cubrir, pero la ciudad se transformo en imágenes memorables, arquitectura del neoclásico tropical salpicada por lluvia y luz del sol que alcazaba a trasminar por las nubes. Fue un deleite haber echo estas imágenes a través de un Iphone para presentarles esta serie llamada “Mazatlán: crónica de una tarde nublada”.

CALLE VENUS

CALLE VENUSTIANO CARRANZA

EL FARO DE MAZATLAN

VISTA DESDE LA PLAYA DE PINITOS

CALLE CARNAVAL

PLAYA PINITOS

LA MUJER MAZATLECA

VISTA NOCTURNA DE MAZATLAN

http://instagram.com/mahatmamillan/

A las 5:47 la luz era muy tenue, ya no era suficiente para seguir haciendo imágenes de lluvia, el sol se había ido y la llovizna continuaba, entonces le dije a mi amiga Temmy que que proseguía, las opciones era tres: Una ballena (Cerveza de un lintro) en el bar Belmar, un café en el Lonely Bean a dos locales del bar, o un ceviche de dorado en puerto viejo a cuatro locales también del bar, para mi asombro respondió que un café, y ahí estábamos viendo el malecón cuando de la nada la llovizna deja sin luz al centro de la Mazatlán, y ahora esa parte de la ciudad que habíamos recorrido fotografiando, se había quedado sin la luz del sol y sin la luz eléctrica, nada mal para una tarde de lluvia de febrero.