EN LA GRILLA

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*¿Y las autoliquidaciones? ¿Qué pasó con ellas

*Nadie quiere presentarle la renuncia a Malova

*Rotunda caída en las encuestas sobre Peña N.

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

En un nuevo evento, esta vez de capacitación, la Auditoría Superior del Estado removió sin querer un tema que ella misma echó a andar, y que no ha generado la satisfacción que la sociedad esperaba: en de las autoliquidaciones de exalcaldes y exregidores de diversos ayuntamientos de la entidad.

El auditor superior, Antonio Vega Gaxiola, se reunió con algunos alcaldes, con funcionarios de las áreas de rendición de cuentas en los ayuntamientos y en el estado, y volvió a recordar la obligación de garantizar a la sociedad que los recursos se utilicen adecuadamente, y que quienes no lo hagan así, paguen las consecuencias de sus actos irregulares.

Esto por supuesto, trajo a la mente la situación en que cayeron los ayuntamientos salientes. No se sabe hasta el momento si hay personas sometidas a proceso, si efectivamente hay quienes hayan regresado el dinero, o si haya habido negociaciones políticas que permitan ofrecer la exoneración absoluta de los involucrados.

En realidad la autoridad de la Auditoría Superior en ese renglón no está en los primeros niveles. El caso más emblemático, el de Zenén Xochihua Enciso, el exalcalde de Ahome, no sólo se dio el lujo de mostrarse generoso diciendo que hacía un donativo al DIF equivalente a la cantidad con que se autoliquidó. Hoy, como si nada hubiera pasado, está en camino de postularse como candidato a diputado federal por el segundo distrito.

A Xochihua Enciso le hicieron válido el donativo como si hubiese sido una devolución sin tener que admitir de manera explícita que se había llevado dinero que no era suyo ni tenía porqué hacérselo asignado, a sabiendas de que técnicamente estaban incurriendo en una irregularidad para darle la oportunidad de una exoneración imposible.

Cuando se acordó protegerlo de esa manera, la ASE perdió la oportunidad de reconstruir su credibilidad. Se abrió una ventana de oportunidad que casi inmediatamente fue cerrada precisamente por ese tipo de acuerdos, que llevan al ciudadano a preguntarse: si en un asunto tan público, se pudo llegar a un trapicheo de este tamaño ¿qué no pasará con asuntos a los que el ciudadano común y corriente no tiene acceso?

Desde que se incorporó a la vida pública nacional, el asunto de la transparencia es una especie de bandera política de cualquier gobierno, de cualquier personaje y hasta de los académicos que la convirtieron en un negocio. Hoy por lo visto, está convertida en moneda de cambio para conceder y obtener favores políticos.

Tenga usted por seguro que el año próximo, durante las campañas electorales, el asunto de la transparencia, la rendición de cuentas, será el que más esgriman los aspirantes de cada uno de los partidos. Algunos lo anunciarán con más ardor que los otros e incluso habrá quienes se exhiban por no conocer el tema a fondo, pero el chiste será ofrecerlo como si de veras tuviesen un compromiso con la ciudadanía.

NI LOS VE NI LOS OYE;

NADIE RENUNCIA AUN

Entre los interesados en la política del norte del estado no ha habido quién se resista a pedir la renuncia de Jesús Antonio Marcial Liparoli, el operador político que ha sido señalado por realizar actividades de proselitismo adelantado incluso simulando campañas altruistas relacionadas con la donación de órganos, un tema al que nadie se había atrevido a manchar con los asuntos de la política electoral.

Incluso dentro del PRI, el partido que se supone es el de Liparoli (en 2010 fue de los más convencidos promotores de la derrota tricolor, y uno de los que más la gozó), hay quienes a sotto voce piden que haya una valoración efectiva del desgaste que enfrenta este aspirante y que le genera un flanco de extrema debilidad para los enfrentamientos de campaña.

(Por cierto ¿se imagina una contienda entre el autoliquidado Xochihua y el inescrupuloso Liparoli? Como para correr detrás de la quimera del abstencionismo).

Pero no es sólo Liaproli el que finge que ni los ve ni los oye cuando le piden que renuncie. El gobernador Mario López Valdez dijo ayer que no tiene ninguna renuncia sobre su escritorio, es decir, que a pesar de sus advertencias en el sentido de que nadie está autorizado a meterle ruido a la administración estatal mediante la anteposición de sus intereses electorales sobre las obligaciones de servidor público, no ha habido una sola voz que tome el compromiso de irse.

Por supuesto, nadie querrá irse sin tener segura la postulación. Eso de quedarse sin la miel y sin la jícara es un espejo en que nadie quisiera verse, de modo que con todo y el clamor del gobernador en el sentido de que los tiempos del gobierno no son los mismos de los partido, nadie se decide a dejar la comodidad del puesto que les da exposición, proyección y hasta pertenencia al mágico mundo de la nómina.

YA NO LO QUIEREN NI

SUS CUATES DE ANTES

Las cosas no podrían ser peor para el presidente Enrique Peña Nieto en materia de imagen: su calificación por la sociedad es la más baja desde que llegó a la Presidencia de la República, y es tan baja como la que obtuvo Carlos Salinas de Gortari en su peor momento.

Dice el vocero presidencial Eduardo Sánchez que las lecturas de estas encuestas no se observan como desgaste del presidente, son como índice de insatisfacción con los resultados. A pesar de ello, sostiene que las cosas se han hecho bien y que con todo y la insatisfacción actual con los resultados, al final la respuesta será positiva.

La verdad es que el problema de Ayotzinapa sigue pesando mucho sobre la sociedad. Las manifestaciones de ayer, cuando se inició el tercer año de gobierno, siguieron siendo muy intensas en la capital del país, y se extendieron hacia otros sitios.

En Sinaloa, donde la coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación nunca ha tenido una gran presencia, se produjo el paro de labores en veintidós escuelas de educación básica, según el recuento de la Sepyc, cuyo subsecretario de ese nivel, Pedro Torres Félix, ofreció investigar cuáles son las exigencias de los paristas.

Las cosas se agravan por el consabido problema de la economía, que no repuntó en este año, como habían ofrecido los gobernantes después del fracaso del año pasado, y tampoco lo hará el año siguiente. Lo peor es que no si quiera hay visos de que las reformas estructurales, en las que se puso tanta fe, puedan traernos en corto plazo, y quizá ni a mediano, los beneficios que las propias reformas nos traerían a carretadas.

No hacía falta la realización de estas encuestas para saber que mucha gente está en contra de la situación que este gobierno le ha generado al país, ya por decisiones propias, ya por circunstancias heredadas y agravadas, o bien no resueltas. Con todo, ver las cifras en que menos de cuatro de cada diez mexicanos desaprueban al presidente, se convierten por si mismas en un nuevo elemento contra el régimen.

La cosa está tan difícil, que incluso analistas evidentemente críticos están llamando a dar el beneficio de la duda y empezar a construir una esperanza.