CARLOS RAMÍREZ: EL PEJELARTO Y LA BOA

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ELIO EDGARDO MILLÁN VALDEZ
El columnista Carlos Ramírez, después de varios análisis realizados en este mes en su Indicador Político, ha llegado a la conclusión que en la lisa política de nuestro país, para decirlo con una frase del New York times, se enfrentan coaliciones coaliciones: conservadores contra conservadores, pues ninguna de ellas posee un proyecto alternativo de nación.

El antecedente del que parte es la siguiente: “En 1981, según recuento de Carlos Tello y Rolando Cordera en su ensayo La Disputa por la Nación, encaró una lucha entre dos proyectos de nación: el neoliberal de tecnócratas, empresarios y el FMI y el popular potenciado por el Congreso del Trabajo y clases populares aliadas, con una élite progresista de economistas estructuralistas (Indicador Político. Carlos Ramírez. 22/ 05/ 2020).

1.- Para empezar este examen hay que preguntarse si el proyecto de las izquierda de 1981/ 1988 fue esencialmente un proyecto antineoliberal. Creo que Ramírez restringe este modelo económico a los parajes nacionales y que puede este consenso cambiarse internamente en cada país por alguna fuerza política que se lo proponga.

2.- Este modelo de hiero del capital financiero sólo puede ser cambiado globalmente por una gran constelación de países cuya fuerza tenga la fuerza para imponerlo globalmente. Lo demás es delirio, un delirio que le ha costados a algunas sociedades sangre, sudor y lágrimas, particularmente en las que se incubaron los chicos de El Socialismo de Siglo XXI.

3.- Por ello los países prósperos no han derrotado al neoliberalismo. Lo que han hecho, además de revolucionar sus fuerzas productivas, es buscar y encontrar remedios evitar la desigualdad social a través de poderosas reformas fiscales, así como hacer reformas a los sistemas de salud, educación bienestar y asimismo realizar a fondo un combate permanente a la corrupción. Estas sugerentes reformas no son antineoliberales o posneoliberales, como afirmó un clásico,

VOLVAMOS CON CARLOS RAMÍREZ.

Nuestro columnista confunde Chana con Juana, pero para efectos de este análisis los progresistas que se enfrentaron a los tecnócratas fueron y aún son políticos reformistas de a de veras. Pero Don Carlos, se vuelve a equivocar al pensar como en siglo XIX: “Las verdaderas disputas por la nación se dan entre proyectos de desarrollo y sus correspondientes coaliciones de clase.

El grupo popular de 1981 quería frenar el neoliberalismo De la Madrid-Salinas y propusieron una reconstrucción del Estado social de desarrollo. Pero López Portillo decidió por el neoliberalismo y en 1987 el presidente de La Madrid optó por el neoliberal Salinas de Gortari en lugar del priísta ortodoxo Manuel Bartlett Díaz”(Idem)

A partir de este maniqueismo del columnista dibuja la actual “No Disputa de la Nación”, que puede definirse como “no hay nada nuevo bajo el sol”. Carlos Ramírez afirma: El problema actual radica en la carencia de proyectos alternativos al modelo neoliberal De la Madrid-Salinas de Gortari de 1979-2018; el de Morena es retórico, pero no de reconstrucción del Estado. En este sentido, el BOA como lista agrupada de opositores perfila grupos en lucha por posiciones de poder y todos coinciden en una ideología política conservadora que funcionó con el PRI salinista, el panismo presidencial y el peñismo (Idem)

En esta parte estoy con el dueño de Indicador Político. Existe una fuerza de Morena que decrece víctima por causas exógenas, pero sobre todo porque su política -que pasa por las crisis sanitaria, económica y de seguridad e institucional- es errática, autoritaria y polarizadora de la sociedad. Sus adversarios -que denominaremos como la BOA ahora- no crece ni decrece y a sus reales e imaginarios diversos sectores cargan es sus espaldas toneladas de desprestigio. Dicho de otra forma: nuestra clase política ni ata ni desata, sino todo lo contrario. No obstante aún faltan muchos días para que se efectúen las elecciones, puede ser que AMLO controle su pasión que es su rival por traicionera; o que los inconformes de la BOA, dicho provisionalmente, articulen un programa de nación y pidan perdón -no todos- por los estropicios que le causaron a millones de mexicanos.

Ya veremos,