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jueves, mayo 14, 2026

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“Ser maestro rural es enseñar con el corazón”: Fidel Benítez Ayala

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  • El docente del Telebachillerato Comunitario de Matadero, en Rosario, asegura que la vocación y el compromiso son esenciales para transformar la vida de los jóvenes dentro y fuera del aula.
Ser maestro en una comunidad rural va más allá de impartir clases. Es convertirse en guía, consejero, amigo y hasta psicólogo de los estudiantes. Así lo vive día a día Fidel Benítez Ayala, docente del Telebachillerato Comunitario de Matadero, en el municipio de Rosario, quien asegura que para dedicarse a esta profesión “hay que tener vocación”.
“Puedes nacer con la vocación de ayudar y servir, pero también tienes que prepararte”, expresó el maestro, quien diariamente realiza un trayecto de aproximadamente una hora de ida y otra de regreso para llegar a la comunidad donde imparte clases, acompañado de otros docentes.
Para Fidel, trabajar en una escuela rural representa una experiencia distinta a la de enseñar en la ciudad. Explica que en las comunidades existe una relación más cercana entre maestros, alumnos y familias, lo que fortalece los vínculos humanos.
“La gente es un poquito más cálida, respetan al maestro, es una figura de autoridad y de respeto”, comentó.
A diferencia de las escuelas urbanas, donde muchas veces el contacto con los alumnos termina al salir del plantel, en las comunidades rurales la convivencia permite conocer más de cerca la realidad de cada estudiante.
“El estar yendo a la comunidad te adentras más en la comunidad. En la ciudad los alumnos salen de la puerta del plantel y ya no sabes más de ellos, pero aquí sí se sabe, y eso hace que el vínculo sea más estrecho”, señaló.
Más allá del cansancio o las dificultades diarias, Fidel asegura que ama su profesión y disfruta acompañar el crecimiento de los jóvenes, no solo en lo académico, sino también en lo humano.
“Me encanta ser maestro, me encanta convivir con los jóvenes. Me llena mucho que se desarrollen intelectualmente, moralmente y en la manera de socializar con los demás”, expresó.
Con emoción, compartió cuál considera que es el mayor logro de un docente: formar buenas personas.
“Sobre todo me gustaría mucho que todos mis alumnos el día de mañana fueran buenas personas”, destacó.
Y es que, asegura, en una escuela rural el maestro no solo enseña materias. También escucha problemas, orienta, apoya y hasta participa en tareas que muchas veces van más allá del aula.
“Eres psicólogo, maestro, hacemos el aseo, la hacemos de todo”, dijo con orgullo.
Para Fidel Benítez Ayala, ser maestro rural no es únicamente una profesión: es una manera de servir y dejar huella en las nuevas generaciones.