Sergio hace historia con el muralismo en fachadas de grandes edificios

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*Ingeniero con sangre de artista en las venas

*Pintó en Los Ángeles y Nueva York, hoy en Mazatlán.

Sergio Manuel Ramírez Ríos, de 43 años, de cuna humilde y familia trabajadora, su profesión es la ingeniería en electrónica pero su vocación es el arte plástico, la pintura, sobre todo el muralismo y ya tiene historia al pintar en grandes ciudades como los Ángeles y Nueva York en espacios y paredes grandes de edificios icónicos. “Soy un ingeniero, pero tengo la sensibilidad del artista”, exclama el carismático personaje y quien en unos años espera estar con su arte en las principales capitales del mundo.

Hoy, y por tres semanas más trabaja en Mazatlán su segunda tierra pues nació en Agua Verde, Concordia, para plasmar un gigantesco mural de delfines en la fachada del hotel The Inn en el corazón de la Zona Dorada.

El mural, dice en la entrevista Ramírez Ríos, medirá 40 metros de ancho por 45 de altura; de hecho, ya se aprecian los pincelazos en colores azules con las que serán las figuras de tres delfines en la bahía de Mazatlán. El delfín es parte importante del logotipo de este hotel de empresarios muy mazatlecos.

Agrega que no será un trabajo fácil de pintar en las alturas y en una pared que no es completamente plana, además que se batalla con la humedad y la salinidad del puerto, pero será una obra garantizada al menos por 20 años. Espera que esta obra, que será admirada por cualquier persona que vaya por la avenida Camarón Sábalo, sea el inicio de muchos trabajos más en la ciudad.

De otra parte, en la entrevista dice que ejerció siete años la carrera de ingeniero en electrónica, luego de surgir del Instituto Tecnológico de Mazatlán. Profesionalmente en Tijuana llegó a cargos gerenciales, bien pagado, pero algo le faltaba, ya no crecía en su carrera y es que el arte le bullía en su cabeza y corazón.

Dejó el trabajo y con el pretexto de aprender el idioma de Shakespeare se mudó a Utah y después de Idaho y en esta ciudad se dio la oportunidad de pintar de todo, retratos, paisajes, y tuvo una primera experiencia como artista con un pintor italiano quien le dio confianza para seguir adelante.

Sergio tuvo algunos años de “vacas flacas”; regresó a México, estuvo en Guadalajara y de nuevo a su natal Agua Verde dónde el sacerdote local le pidió que pintará un mural en la parroquia con la “Última Cena”, trabajo que lo hizo de manera diferente, “revolucionario” con una perspectiva desconocida, pero que le gustó mucho al padre y de allí empezó el crecimiento del artista con un segundo mural en esa hermosa comunidad.

Luego regresa a Estados Unidos, a Los Ángeles en donde en la Placita Olvera, donde “nació Los Ángeles” pintó varios cuadros religiosos que gustaron mucho y vino el salto a lo “comercial” a través de una empresa que hace publicidad con gigantescos murales y pinturas.

Así, afirma que ha hecho cientos o miles de murales en estos últimos diez años en edificios que cada mes cambian de pintura. Le dicen el “lujo de la publicidad porque cada mural es pintado a mano”.

Recuerda con entusiasmo y pasión una de sus obras: “Jenni Rivera” pintada en un edificio de Long Beach, California, y que cuyo registro legal permite que no lo borren como muchos otros. Este trabajo fue el que me “dio la patadita” en este mundo del arte, confiesa con orgullo Sergio Manuel.

Habló de otro mural para la marca Guchi, en Nueva York, en la “Gran Manzana” pero ésta obra fue borrada aunque permanece en las fotografías de su historia de artista.

Sergio dijo que cuando sus obras eran “borradas, le dolía hasta el alma, porque fueron trabajos únicos de su creación y de muchas horas de trabajo. Las primeras veces, me frustraba porque eran obras para mí de gran valor, aunque trabajaba para empresas de publicidad…”

Dijo que en Mazatlán ha hecho algunos trabajos, uno de ellos en el hotel Freeman, obra que también desapareció en algún momento, pero el más grande es el que ahora realiza en el hotel Inn, en la zona turística porteña. En El Rosario hizo un mural de Lola Beltrán, en el museo destinado a ella.

No profundiza en los grandes muralistas mexicanos como David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Diego Rivera, Frida Khalo y O’gorman, pero reconoce que ha abrevado de sus obras y pinturas.

Finalmente, dice que es “más allá de lo que es un artista; soy ingeniero aunque tengo la sensibilidad del artista; lo que me caracteriza es que puedo plasmar el realismo aunque venga de lo comercial…Le doy valor a mi carrera de ingeniero, pero también produzco arte; un día voy a estar como artista en las grandes capitales del mundo, empezando por Roma a donde me voy a ir a vivir…”