GUTEMBER Y BILL GATE.DOS SUMAS QUE NO SUMAN.

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GUTEMBER Y BILL GATE.
DOS SUMAS QUE NO SUMAN.

ELIO EDGARDO MILLÁN VALDEZ.

UN PRESENTE PASADO.

Como el empleado que quedó sin trabajo y le fue pedir fiado al tendero tres kilos de frijol… Hablo con mi hijo sobre la necesidad de la lectura, sobre el infortunio de nuestros compatriotas en esta asignatura y, termino el recorrido aportándole los datos de la UNESCO, en los que los mexicanos no leemos ni medio libro al año, en promedio por supuesto. Él se mantiene en la computadora, como si oyera llover en casa ajena: ni me ve ni me oye, pareciera que está medio asalinado.

Ante esta actitud me acelero un poco y le reclamo: ¿Cómo es posible qué en esta casa que esta llena de libros, no leas ni en defensa propia? Una vez dicho esto, que en realidad es una ofensa, enseguida suavizo un poco el “rollo” y empiezo a convencerlo de nuevo que leer es la octava maravilla del mundo. Y para no variar de nuevo pierdo los estribos, y vuelvo a enderezarle palabras tan fuertes como “Ay, vas a ser ignorante, por estar sumido en la computadora…”. Y como siempre, él se levanta y me manda al diablo, no sin antes decirme que él aprende más que yo, pero de otra manera y mucho más interesante…

Y ya en esas, pierdo totalmente las andaduras del buen decir y…. y termino como el desempleado diciéndole como al tendero: Pa’madres necesito tu frijol. Bueno…, casi le digo lo mismo, porque lo que alcanzo a restregarle en la huida, es algo mucho menos placentero… El pudor familiar me impide publicar el exabrupto. Digamos al menos algo que me sirve de consuelo: lo que ocurre a mi vástago no es una excepción, sino el estado general que guardan la mayoría de los jóvenes. Para ellos los libros, en el mejor de los casos, sólo sirven de pastura de segunda mano para el comején. Pero hay que decir que los maestros, las autoridades educativas y asesores pedagógicos tampoco leen, pero han puesto el grito en el cielo por la emergencia de las tecnologías de la información.

CAMBIA, TODO CAMBIA; CAMBIA…

Lo que he dicho de mi hijo es a toro pasado; pues a fuer de pelear con él, poco a poco fui comprendiendo y apreciando sus saberes, y hace por lo menos cinco años que ya no peleamos por eso, aunque en ocasiones no me faltan motivos… En efecto, hurgando aquí y allá he comprendido que yo crecí como fans de Gutenberg y él, quién lo diría, como “incha” de Bill Gate; somos, pues, dos sumas que no suman.

En mi búsqueda, siempre errática, encontré una frase de Manuel Castells que me hizo repensar muchos de mis supuestos “ilustrados”. La cita es del libro La Era de la Información. Venga…:

Hacia el final del segundo milenio de la era cristiana, varios acontecimientos de trascendencia histórica, han transformado el paisaje social de la vida humana. Una revolución tecnológica, centrada en torno a las tecnologías de información, está modificando la base material de la sociedad a un ritmo acelerado. Las economías de todo el mundo se han hecho interdependientes a escala global, introduciendo una nueva forma de relación entre economía, estado y sociedad …

Aunque esta idea está centrada en el trinomio economía, estado y sociedad, me propuse ir más allá de esa evidencia, tomando el buen ejemplo de los Thunders Cats. Cuando devoré La Risa del Espacio de José Ramón Amondarian, colegí que lo que teníamos enfrente era un cambio Paradigmático que ni Kuhn pudo imaginar en sus horas de vigilia.

Para decirlo rápido: hoy está construyéndose una nueva sensibilidad; está labrándose, en efecto, una forma novísima de ver y oír, de pensar e imaginar; un modo distinto de construir la realidad. En suma: estamos en presencia de un nuevo magma de significaciones imaginarias.

Si este supuesto es cierto, entonces nuestra época logocéntrica está siendo destronada por la era iconocéntrica. Ante esta ruptura de imaginarios, allá pervive el homo sapiens, acá el homo videns. En aquélla el concepto, aquí la imagen virtual. Dicho en otros términos: nuestro mundo iconoclasta que expulsó a las imágenes de sus relatos, hoy parecen volver de su destierro para recuperar su reino, y vuelen como ángeles caídos del ciberespacio.

LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ.

Una vez con esta certidumbre en la cabeza, recordé las sinrazones del politólogo italiano Giovanni Sartori al respecto. El autor de Homo Videns arremete contra este nuevo paradigma, y lo pinta ¡casi como el advenimiento del “fin del hombre”, toda vez que…

El homo sapiens debe todo su saber y todo el avance de su entendimiento a su capacidad de abstracción, pues casi todo nuestro vocabulario cognitivo y teórico, consiste en palabras abstractas, que no tienen ningún correlato con cosas visibles, y cuyo significado no se puede trasladar ni traducir en imágenes.

Y continúa Sartori:

La paidéia del video hará pasar a internet a analfabetos culturales que rápidamente olvidarán lo poco que aprendieron en la escuela y, por tanto, serán analfabetos culturales que matarán su tiempo libre en (las visualidades rositas del) Internet…

Este milenarismo semeja, quién lo duda, a las advertencias que esgrimían los teólogos medievales contra la secularización de la cultura. Afirmaban que el mundo acabaría como un gemido, en el contexto de una guerra de todos contra todos, al faltar a los humanos la centralidad divina. ¿Acaso estaremos hoy en el comienzo del fin del último hombre, por supuesto, si lo real ya no es representado por el concepto como ha ocurrido a lo largo de 200 años? ¿Y más aún si este artilugio mental es remplazado por la imagen virtual?

Luis Castro Nogueira afirma que si la realidad virtual suplanta a la realidad conceptual, no por ello vendrá el fin del hombre; al afirmar que esos reclamos obedecen a una especie de resentimiento de los sacerdotes modernos, pues

Lo que no soporta el imaginario moderno de las imágenes es, justamente, su torva promesa de alteridad… su poder de influir en la actividad de un Yo que se pretende conciencia trascendental pura… Las imágenes mentales (…) han representado (…) la mayor amenaza para el imaginario/imaginario de la modernidad” .

PARA BAJAR DEL CIELO A LA TIERRA.

A reserva de discutir con mayor profundidad este asunto, el nuevo paradigma sino explota en simulacro, en mera escenografía o en simple videorrea, tal vez podamos crear un mundo en el que el mito, la utopía y los conceptos, junto al lenguaje poético, jueguen un papel de primer orden en la humanidad de la humanidad, por supuesto en el manto de una sintaxis que recorra, sin corsés, los pliegues multirreferenciales de lo real, como nos lo sugieren Motta y Et Al, en Educar en la Era Planetaria.

Y esto es posible porque la imagen virtual, y la realidad virtual que representa, es dinámica, colorida, polifónica y, si me apuran, metafórica. Y si esto es cierto, como lo es, entonces la preocupación de la escuela no debe ser cómo le hacemos los maestros para “atraer” a nuestros discípulos a bailar el viejo vals que el tiempo se llevó, sino cómo nos acoplamos a este nuevo imaginario en el que ya están instalados nuestros pupilos. ¿Podremos hacerlo?, y me lo pregunto por aquello de que chango viejo no aprende maroma nueva….

La crisis de la educación, entonces, no obedece a la simple renuencia de los jóvenes a leer, sino a nuestra incapacidad para leer en sus ojos el nuevo mundo en que viven, un mundo que ya no es de éstos, y en el cual los viejos pedagogos nos hemos convertido en fantasmas. ¿Seguiremos como el cojo echándole la culpa al empedrado de nuestros tropiezos? Tal vez sí, tal vez no; pero lo que si es cierto es que estamos más confundidos que la gallina de la Nana: sentimos que nuestra autoridad ha quedado pisoteada, pues los chicos en clase nos hacen sentir, como en aquella película, que somos una especie de bultos venidos de otra época.