UAS: SURSUS REVERSUS (3 DE 4)

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ELIO EDGARDO MILLÁN VALDEZ.

LA TRAGEDIA DEL HÉROE.

Como puede inferirse, el giro, el verdadero giro, que dio la universidad hacia el vacío fue con la llegada de Cuén a la rectoría de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Me perece que dos son los motivos que produjeron esa vaciedad en las que hoy estamos inmersos, porque a pesar de que la universidad quedó relativamente “planchada” por los juegos de poder que pusieron en operación las administraciones anteriores, este punto de partida  habría sido insuficiente para que Cuén intentara hacer polvo la “tradición crítica” de la Universidad Autónoma de Sinaloa, que puede caracterizarse como mucho ruido y pocas nueces. Me parece que son dos los rubros que propiciaron esta monstruosidad, a saber:

1.- La personalidad agraviada de Cuén.

2.- El permiso que le dieron los gobiernos federal y estatal para que pulverizara a la disidencia y como a la simple decidencia.

Es que Cuén fue, en efecto, un hijo silencioso de la vieja época; simplemente se dedicó a recibir órdenes de sus jefes. Su trabajo en la administración siempre fue correspondido con el mutismo aquiescente que le permitió ascender por los vericuetos de la burocracia hasta situarse en bienes e inventarios, gracias a su silente complicidad, porque de ahí manaban –y seguramente todavía manan-  recursos que son y fueron utilizados como caja chica por la mayoría de los rectores para sufragar sus trapacerías políticas y personales.

Toda esta travesía de IBM le fue recubriendo a este personaje de una bilis negra. Según Nietzsche todos los instintos que no encuentran un desahogo son un “volverse hacia adentro”. Por ello no fue casual que todo el mundo interior de este exrector se partiera en dos: un cómplice silente aturdido por ruidosas pesadillas. Tal vez por eso cuando Cuén adquirió el máximo poder en la UAS, su silencio explotó a través de una retórica moralizante, no precisamente contra los que le impusieron la mordaza que él acató como condición para trepar a través de  la jerarquía universitaria, sino contra el conjunto de los universitarios mediante una excesiva crueldad y un desmesurado placer por la persecución.

El segundo factor fue más elemental: los gobiernos estatal y federal le dieron permiso para matar, dicho sea metafóricamente y no tan metafóricamente.

El primero le puso a mano a políticos que prodigaron alabanzas inmerecidas a su “reciedumbre” y a su ”preclara inteligencia”. Le prestaron jueces a modo, le pusieron de “pechito” al poco “¡Honorable Congreso del Estado!, que le otorgaron una reforma para que gobernara a la UAS hasta el final de los tiempos, le arrimaron a la prensa que cantó loas a su obra educativa. El segundo le prestó un modelo para que acreditara la simulación académica reinante. Además le dejaron hacer un uso discrecional de los recursos universitarios, a través de auditorías semejantes a las que velan las trapacerías de presidentes municipales, gobernadores y presidentes de la república.

EL PERÍODO MÁS NEGRO DE LA UNIVESIDAD.

Prácticamente sin contrapesos en la UAS –aunque los contrapesos anteriores era la competencia política entre  las sectas-  y por supuesto con la generosa ayuda de los gobiernos estatal y federal; pero además se sumaron a su causa el resentimiento  que albergaban muchos universitarios lastimados porque tu talento no había podido triunfar, porque el espacio era monopolio de los grupos políticos. Personas igualmente grises cuyos méritos era la ausencia de méritos académicos y ya no digamos políticos.

Dígase que era gente ofendida y humillada porque los personeros de las sectas y del sindicalismo los usaron como leva y porque siempre fueron excluidas por las burocracias universitarias por su misérrima visibilidad en el campus. Fueron y son universitarios, como expresara Durkheim, intercambiables y no pocas veces desechables por parecerse tanto entre sí.

Seguramente la mayoría de esta grey habían soñado que la divina providencia les prodigaría el tiempo en que podrían hacerse justicia por su propia mano.

Los cuenistas, en efecto, fueron y son una suma que restó autoridad a quien los sumó: su opacidad los convirtió en una pandilla de aduladores y, asimismo, en pequeños grandes inquisidores. Y si bien fueron convertidos otra vez en leva, pero con la diferencia de que ahora eran visibles por las migajas de poder que se les delegó. Con este minipoder se convirtieron en una especie de “comités revolucionarios” de esos que inventó la burocracia fidelista: todos dispuestos a perseguir y denunciar ya no digamos a los disidentes sino hasta sus propios correligionarios, porque esa forma de persecusión constituía y todavía constituye una manera de hacer votos de lealtad a quien los había sacado del ostracismo.

Y al son de no nos une el amor/ nos une el llanto/ será por eso que te quiero tanto… se dedicaron a hurgar en las aulas, en las escuelas y en los patios universitarios a presumibles traidores de  la “gran transformación académica” que Héctor Melesio llevaba a cuestas, a pesar de las maledicencias y los maledicientes que en lo “oscutiro” señalan sus acendrados defensores por su nuevo rol. Dicho en otros términos: había llegado el momento de cobrar venganza. Qué importaba si la academia que presumían estuviera precedida por la simulación que manaba de un pensamiento de perfiles geométricos.

Y con todo este arsenal de condiciones internas y externas, Cuén y sus cuenistas se dedicaron a infundir un miedo cerval en nuestros muros uaseños. Había que aplastar no solamente al “discurso crítico” hasta convertirlo en pensamiento cautivo por las buenas o por las malas. Ese miedo también se infundió entre sus correligionarios más cercanos porque tenían que aprenderse de memoria el nuevo catecismo como condición para no ser devueltos al campo de invisibilidad, justo en ese reino inefable donde habitan los hombres infames. Ese pensamiento geométrico dividió a la UAS en buenos y malos a través de un discurso maniqueo que, a fuerza de represiones, exclusiones, amenazas, chantajes y difamaciones, fue creando un largo silencio que explotaba en llantos y carcajadas de impotencia. Por eso no es un infundio afirmar que la UAS se convirtió en un suave campo de concentración, donde el resentimiento convertido en autoridad universitaria, persiguió a quienes tenían dos dedos de frente.

EL MAXIMATO Y DOS  RECTORES Y UNO REELECTO.

Aún con todas las barajas marcadas debajo de la manga y con los dados cargados a la manera de los fulleros del famoso pasquín de Marcial LaFuente Estefanía, al término de su dictadura tan poco resplandeciente, Cuén nombró a Víctor Corrales al más viejo estilo priísta e hizo también con Juan Eulogio Guerra, que por méritos “propios” se ganó la reelección. Ambos ha conducido la averiada nave de la UAS,  acatando las órdenes y los caprichos de su legatario; pero además tenían que militar –o hacer militar por interpósitas personas- a profesores y estudianates en el Partido Sinaloense (PAS), empezó a formarse al día siguiente de que Héctor Melecio dejara la rectoría.

El truco para alcanzar este fruto prohibido fue por demás elegante, por no decir inteligente: pulverizaron las plazas de los jubilados de tiempo completo y de medio tiempo y se las entregaron a los nuevos profesores, los cuales fueron contratados por honorarios, y por tanto a expensas de ser corridos o algún día aumentar su carga horaria, según sus méritos que hicieran en campaña; además conformaron las brigadas de ayuda a los ciudadanos; que por supuesto fueron integradas profesionales de la UAS en varias especialidades, que no incluían el corte de pelo.

Fue tanto la presión que en 2016 el PAS se convirtió en la segunda fuerza política en Sinaloa. Cierto Cuén perdió la gubernatura, pero en el Congreso se ubicaron seis diputados por la vía plurinominal, mientras que en los municipios se obtuvieron tres alcaldías y 47 regidurías. Vale decir el crecimiento del PAS, si bien obedece a la utilización de los uaseños en esas elecciones, no es menos cierto que en la campaña del 2016 el círculo íntimo de Cuén hizo una intensa campaña entre la ciudadanía de Sinaloa. Pero a mi parecer esta estrella fulgurante se opacará: Morena, con sus rating cambió las coordenadas de los partidos políticos. Hoy Cuén no solamente podría perder su partido, pero sobre todo la Universidad.

LA RUPTURA QUE VIENE DE MORENA PROVIENE.

A partir del 1 de julio, con el triunfo arrollador de López Obrador el actual estado de cosas cambiará en Sinaloa; mejor dicho ya cambió.

Para decirlo rápido. Presidente de la República proveniente de Morera seguramente no permitirá la simulación y menos aún la tiranía política en la UAS, rubros que hicieron el lustre y el lastre de un exrector aún imperial. Ha perdido también el cuenismo a la prensa que ahora censura todos los avasallamientos que se cometen en nuestra casa de estudios. Sobre todo porque alrededor del prócer de Macuspana existen personajes de Morena que aspiran a revivir el cadáver de la Universidad Democrática, Crítica y Popular, más aún porque hoy la universidad jurará un rol interesante en las elecciones del cambio de poderes en Sinaloa en el 2021.

Por estas razones, muchos universitarios –jubilados o no- están progresivamente echándose la adarga bajo el brazo y han empezado a andar. Esta resistiendo la dictablanda imperante. Hoy menudean las escaramuzas en las escuelas y facultades contra el autoritarismo, se levantan los exsindicalistas de su tumba para hacer de las suyas y… ya veremos.

(MAÑANA SE ANALIZARÁ CÓMO HAN IMPACTADO NEGATIVAMENTE LA VIDA ACADÉMICA LOS VIEJOS HACEDORES  DEL RUIDO Y LOS “NUEVOS” PRODUCTORES DEL SILENCIO)

Parte 1

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Parte 2

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