EN LA GRILLA

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*Regreso parcial de los cruceros a Mazatlán

*¿Se acabarán las calenturas prematuras?

*El homenaje a Fortunato Álvarez Castro

FRANCISCO CHIQUETE

En  realidad es sólo una primera aproximación, pero a Mazatlán le sabe a gloria. El regreso de los cruceros es algo muy esperado que tendrá paliativos durante los siguientes dos años, con algo así como treinta y dos llegadas. Si las cosas van bien, el regreso pleno se daría por el año 2016, justo a tiempo para ser saludado por el gobernador Mario López Valdez.

Los cruceros se fueron en 2009, cuando el gobierno mexicano alertó sobre la existencia de una epidemia de influenza, bautizada como H1 N1. Los primeros efectos no fueron de salud, sino económicos, y ocurrieron en el sector turístico. No era para menos. La pésima estrategia informativa del gobierno volcó  a los mexicanos sobe las farmacias, donde acabaron en segundos con todos los antigripales y hasta con los cubrebocas.

Los cruceros suspendieron su actividad todo el año a partir de ese anuncio catastrófico y sólo regresaron cuando el 2010 ya había avanzado y se dijo ante el mundo que el terrible mal había sido conjurado. El presidente Calderón se declaró salvador de la humanidad al encontrar la forma de detener el contagio y contener los avances de la famosa cepa mexicana.

El 2008 había sido un gran año para Mazatlán. El destino turístico estaba embalado no sólo por la gran cantidad de visitantes que estaban registrando los hoteles y restaurantes, sino por el verdadero alud de compras que inversionistas nacionales, pero sobre todo extranjeros, hacían en el sector de bienes raíces. Los condominios volaban casi a la misma velocidad que los tiempos compartidos, que ya se habían apoderado a de la mitad de “nuestra” hotelería.

Volvieron en el 2010, aunque con cierta cautela. Mazatlán los esperaba con sus tiendas abiertas, pues la esperanza permitió que todos los comercios especializados en cruceristas operaran aún sin clientela. Volvimos a ver las jaujas de güeros conducidos como por el flautista de Hamelin en la zona dorada, y vimos los modestos restaurantes del mercado Pino Suárez llenos de miembros de las tripulaciones, preparando platillos gourmet en el reino de las comidas corridas y los desayunos de a dieciocho pesos.

Pero arrancando el 2011 se nos vino la de malas: tras un año de perros en materia de seguridad, el 11 inició con un asalto a un crucerista en las puertas del muelle. El hombre fue golpeado en la cabeza con una cacha de pistola y llegó sangrante a recibir ayuda. La empresa en que viajaba puso en grito en el cielo, anunció su retiro y contagió a las demás, incluyendo a Disney, que acababa de darnos el sí, pero no alcanzó a jurar que sería para toda la vida.

Vueltas, vuelos y viajes del gobernador, la entonces secretaria de Turismo Oralia Rice y el entonces secretario de Seguridad, Frank Córdova, lograron convencer a los empresarios, que mantuvieron su programación para ese año, resistiendo incluso la grave falla en nuestros operativos, que llevó a dos grupos que daban paseo por la ciudad, a ser testigos de un doble crimen cometido a la vista de todos, en un estacionamiento de la zona dorada. Vuelta a los cortejos, vuelta a la resistencia y aceptación final, sólo para que a las seis de la mañana del miércoles de ceniza de ese mismo año, una matanza (seis víctimas) en la parte baja de la disco Antares volviese a espantarlos y a hacer que tomaran la decisión de irse.

Desde entonces los hemos estado esperando. Cada año han programado una serie de arribos para fin de año, pero al menos en el 2012 fueron cancelados, dicen que a causa de la crisis económica de Estados Unidos.

A las siete y media estará el gobernador recibiendo a los viajeros al ritmo de tambora. Ojalá que esta vez vaya mejor que en aquel 2011 en que hasta bailó a una señora puertorriqueña que quería bailar la tanda completa mientras le tomaban más películas que a Madonna.

ADVIERTE MALOVA: BASTA

DE CALENTURAS PREMATURAS

Pónganse a chambear, fue el llamado que recibieron los secretarios de despacho del gobierno sinaloense. En realidad el único que anda moviendo el agua, que suda calenturas prematuras, como dijo el propio gobernador, es el secretario de Desarrollo Económico, Roberto Ramsés Cruz Castro, quien todos los días ha reiterado que va a permanecer en su encargo hasta diciembre del 2016, si su jefe –el gobernador se lo permite, porque él es el único que puede decidir que siga pichando desde esa lomita, o si lo manda a robarse la base de la gubernatura.

Desde la primera ez que salió con esa gracejada, los comunicadores le recordaron el caso de Eduardo Ortiz, su antecesor en el puesto, quien se fue inmediatamente después de haber dicho que aspiraba a la candidatura panista a la Presidencia Municipal., Lo declaró justamente cuando Malova había llamado a no distraerse de su trabajo, de modo que el más rápido que un poco, lo mandó a buscar la postulación, sin posibilidades de regresar a su chamba.

La primera vez que tocamos este tema, establecimos que a Cruz Castro no le pasaría lo que a Eduardo Ortiz ni nada por el estilo, pues aunque todos los funcionarios de primer nivel son iguales, hay unos más iguales que otros, y Roberto Cruz es precisamente de los más iguales.

Tanto, que una vez que advirtió de no sudar calenturas prematuras y de que nadie debe construir candidaturas con recursos del gobierno, el gobernador pasó a defender a su excoordinador de asesores estableciendo su convicción de que Roberto fue víctima de algunas preguntas que no supo identificar el momento, las condiciones y se pone a hablar de temas que están muy lejanos”.

No puede uno menos que preguntarse si Malova cree efectivamente en la inocencia política de su colaborador, o si estaba ironizando acerca de un funcionario que no sabe lo que le preguntan ni logra identificar las intencionalidades de sus entrevistadores.

FORTUNATO ÁLVAREZ CASTRO;

¿SÓLO UN RECONOCIMIENTO?

Fortunato Álvarez Castro fue presidente municipal de Culiacán a los 42 años de edad, algo tierno para una época en que no haber acumulado años era mal visto en un funcionario de esa responsabilidad. Sin embargo, él ya era una leyenda viviente.

Fue secretario general de gobierno a los 31 años, con Leopoldo Sánchez Celis y más aún: fue gobernador interino durante un año, ante la severa enfermedad que aquejó al mandatario constitucional. Parte de la leyenda es que la licencia de “Polo” como le decían todos o casi todos al gobernador, estaba expirando con él convaleciente en los Estados Unidos, y se empezó a correr la voz de que su suplente tenía todo listo para declararse gobernador sustituto, acabando con la posibilidad de que Polo regresara. El rumor fue tan grande, que el convaleciente decidió jugarse el todo por el todo y se hizo montar en un avión-ambulancia que viniese a tocar tierra en la capital del estado el día en que se hacía llegar al Congreso la continuación de la licencia, que habría sido inválida porque el mandatario estaba fuera del país. El avión se regresó con el enfermo, quien terminó de recuperarse allende nuestras fronteras, y regresó a reasumir el cargo.

Desde entonces Fortunato tomó fama de impulsivo, de acelerado, lo que sin embargo no acabó con su carrera política. En 1975 ejercía la alcaldía culiche, electo junto con el entonces gobernador Alfonso Genaro Calderón Velarde, con quien nunca pudo llevar una buena relación, debido a la política verticalista de éste y al carácter independiente de aquel.

Las versiones sobre su acelere se acrecentaron cuando en la campaña presidencial de José López Portillo hozo un planteamiento valiente en contra del narcotráfico, al que calificó como un futuro obstáculo para el desarrollo de México. Loco, le dijeron, por lanzarse tan fuerte contra un grupo tan poderoso como el de la delincuencia organizada.

En la campaña de Francisco Labastida Ochoa por la gubernatura volvió a hablar duro, sin pelos en la lengua, denunciando la corrupción de las policías y la infiltración del crimen organizado en las estructuras de gobierno, “hasta en las policías de tránsito”.

En 2010, ante la disyuntiva de un candidato del PRI que evidentemente no era de sus simpatías, y otro salido del PRI, pero cobijado por los partidos  que hasta entonces habían sido de oposición, se pronunció por “rescatar al PRI desde afuera”, apoyando a Mario López Valdez.

A su avanzada edad, nadie quiso echarle bronca, y menos después de la derrota, de modo que Fortunato quedó en una especie de limbo al que no cayeron quienes habiéndose cruzado la línea, tenían la suficiente fuerza política como para ser tomados en cuenta como si nada hubiera pasado.

Por eso, cuando Jesús Enrique Hernández Chávez convocó a rendirle un homenaje, consistente en imponer el nombre de Fortunato Álvarez Castro al edificio que éste hizo construir cuando fue presidente del comité directivo estatal, no hacía sino dar el último paso para borrar las diferencias entre los que se fueron y los que se quedaron.

Así es, al menos formalmente, pues hay un sector importante del priismo que mantiene la idea de que se le abandonó y hasta se le golpeó por su fidelidad partidista, más allá de lo que entre las cúpulas se hubiese acordado.

Fortunato estuvo rodeado del priísmo de todos los tiempos o de casi todos los tiempos. Sólo el de la etapa reciente se abstuvo, aunque tampoco tuvo expresión alguna de rechazo.

De paso, colocado al lado de Fortunato, en la misma línea que los exgobernadores Juan Sigfrido Millán Lizárraga y Antonio Toledo Corro, Gerardo Vargas Landeros, secretario general de gobierno, volvió a las instalaciones tricolores.

No había estado en ese auditorio desde aquella reunión de Consejo Político en que se acordó elegir al candidato a gobernador por medio de votación de los consejeros. Se fue con Malova y un grupo importante a construir un frente opositor, en lo que parecía una ida sin retorno.

Es cierto que en la polémica que armó el diputado Fernando Zapién, exigiendo se formalizara su expulsión del PRI por haber apoyado a otros partidos, la dirigencia nacional dijo que no, que Vargas Landeros tenía sus derechos a salvo, pero físicamente no había vuelto.

Ayer lo hizo, del brazo del homenajeado.