EN LA GRILLA

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*Quiénes se ganaron el Premio de la Juventud

*Quiénes ganaron en el Premio de la Juventud

*Reunión de diputados priístas, con agua fresca

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

Cuatro jóvenes fueron reconocidos ayer con el Premio Estatal de la Juventud, que otorga el Congreso del Estado, en una de las acciones más gratificantes de la actividad oficial. Impulsar a las nuevas generaciones debe ser, necesariamente, un punto de gran satisfacción para los políticos y funcionarios que participan, como lo es sin duda para los ganadores y sus respectivos entornos.

La ceremonia en el Congreso, a propósito de entornos, fue dominada por la Universidad Autónoma de Sinaloa, alma mater de dos de los ganadores, pero además, canalizadora de las más importantes expresiones de entusiasmo que se registraron durante las dos horas de la entrega.

Fiel al espíritu juvenil que predominaba, Manuel Valdez Valenzuela, ganador en la rama de gestión social, exigió, bajo la inspiración guevarista, que “hagamos posible lo imposible”, una síntesis de sus demandas a la clase política por la asignación de mayores presupuestos y la creación de políticas públicas específicamente destinadas a los jóvenes.

Un reclamo justo, muy sentido. Aunque los rezagos en el país y en la entidad son grandes y afectan a toda la población en general, la condición en que se desarrollan los jóvenes acusa todavía mayores carencias y a pocos parece importar. Más aún: las respuestas, por más interesantes que sean, terminan por confirmar esas carencias.

Al final el gobernador Mario López Valdez hizo una oferta generosa, en el ánimo de que los cuatro ganadores tengan garantizado algo más que ese premio y ese momento: cada uno de los muchachos tendría espacios en las áreas de gobierno que se acomodan a sus actividades: Manuel Valdez Valenzuela en el DIF, Julio César Gaxiola, del mérito académnico, en la SEPyC, Iván Isaac Félix Heras, del mérito artístico, en el ISIC y Frany María Fong Echevarría, del mérito deportivo, en el ISDE o en el Patronato Impulsor del Deporte.

Se trata de espacios que garantizarían la aportación de esos muchachos a la comunidad, de estimularlos con una certeza laboral o de desarrollo, oferta que no tiene precedente en los catorce años que lleva la entrega del premio y que fue muyt aplaudida.

Paradójicamente es una muestra de que no hay políticas públicas destinadas a la juventud, o por lo menos no las adecuadas ni las sistematizadas, sino reacciones a casos particulares.

Los cuatro son muchachos que tienen todavía mucho por desarrollar en sus disciplinas. Manuel Valdez Valenzuela es un invidente que trabaja en la creación de softwares aplicables en computadoras, tabletas y smartphones para ayudar a otros invidentes o débiles visuales, toda vez que se trata de comandos de voz que él mismo instala para que los beneficiarios trasciendan su limitación física. En el DIF podría realizar trabajos importantes, pero igual que los otros, podría encontrar en la burocracia un freno a sus carreras. Un freno cómodo, pero freno al fin, mientras que una política de fomento, de impulso, lo llevaría a superar lo que hasta ahora ha hecho.

El gobernador se felicitó de participar en esto, en ver cómo hay muchachos que sirven de ejemplo a muchos otros que quieren superarse, y a quienes opuso como buenos resultados, ante aquellos que decidieron tomar el mal camino.

El discurso, como concedió la diputada Imelda Castro, es corto. Hay muchas variantes en la vida de quienes tomaron las llamadas decisiones equivocadas. Es cierto que también estos muchachos hoy premiados debieron tener sus dificultades (la falta de visión es una mayúscula) que pudieron dejarlos sin crecimiento y con resentimientos que por fortuna superaron, pero muchos de los otros, los que “decidieron irse por el mal camino” no tuvieron alternativas en muchos casos porque la sociedad no supo brindárselas. Es contra eso que hay que ir. Esos son los imposibles a cuya conversión en posibles convocaba Manuel Valdez Valenzuela.

RECOMPENSAS

Al hablar en nombre de los cuatro ganadores, Valdez Valenzuela prácticamente incendió de entusiasmo a las galerías del Congreso. No necesitó de un mitin plazuelero, sólo de su identidad con la Universidad Autónoma de Sinaloa, específicamente con la Prepa Zapata, que envió a un contingente relativamente numeroso cuyos aplausos y otras expresiones de ánimo dieron el color de juventud que por momentos parecía quitar al evento la solemnidad del Congreso, la mecánica algo herrumbosa con que dirigía la sesión el diputado presidente Adolfo Rojo Montoya.

Ganadores también, los miembros de la administración de la UAS, encabezados por el rector Juan Eulogio Guerra Liera y su equipo, que tuvieron la visión de asumir a la institución como ganadora por la proveniencia universitaria de dos de los cuatro ganadores.

Ganador de un momento estelar Jesús Enrique Hernández Chávez, por algo más que la conducción de esta legislatura o por los protocolos de autoridad. En un momento de su discurso, Manuel Valenzuela pidió que Hernández Chávez se pusiera de pie para recibir un aplauso. Cauteloso, el Chuquique se mantuvo sentado en su curul, a la expectativa, hasta que el orador explicó que lo pedía porque el presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso fue quien propuso el establecimiento del Premio Estatal de la Juventud, catorce años atrás, cuando era también titular en el Poder Legislativo. Lo que empezó con unas palmas tímidas, de compromiso, se desgranó en un aplauso intento, generalizado, que venía igual de los jóvenes preparatorianos que de los políticos ahí reunidos, incluyendo a los políticos universitarios, los diputados de oposición, tanto interna como formal.

Hernández Chávez estuvo radiante. Parecía bañado por una luz cenital, parecía seguido por un cañón de luz que ponía a la vista la sonrisa que se ampliaba hasta ocupar el rostro completo. Conforme giraba para agradecer los aplausos, su posición parecía la de un torero en tarde de gloria. Casi lo vimos anudar las faldas de su saco en un montoncito al frente del estómago y quitarse la montera para ofrecerla al respetable.

Imagínese: uno de los políticos más señalados y caricaturizados por su edad, con vuelta al ruedo y ovación nada menos que en la fiesta de la juventud. Ahí mañana volverán los cartones y las mordacidades. El tiempo había sido rebasado.

Al final llegó el previsible aquelarre de entrevistas, de preguntas y respuestas, de felicitación a los jóvenes en quienes todo mundo encontraba los méritos necesarios y a quienes el que más o el que menos, ya había vislumbrado, porque los políticos siempre se adelantan a todo.

La búsqueda de opiniones entre los alcaldes, sobre todo de aquellos donde nacieron los ganadores. Por cierto que el de Mazatlán no estuvo y no se sabe por qué. Carlos Felton fue diputado en la legislatura anterior y además compartió la presidencia de la Junta de Coordinación Política con Cenobio Ruiz y presidió la mesa directiva del Congreso, tiene una carrera parlamentaria que incluyen repetición en el Congreso Local y presencia en la Cámara Baja del Congreso de la Unión. Lo lógico sería que tuviese inclinación por acudir a estos encuentros, independientemente de la innegable importancia de la ceremonia, pero no. Y no es la primera ausencia.

TIEMPOS TRAEN TIEMPOS

Apenas uno que otro adulto muy adulto recordó en la ceremonia del Congreso, que esta entrega del Premio Estatal de la Juventud coincidió con una efemérides que en México llegó a ser muy temida: el 23 de septiembre.

La guerrilla de los años setenta generó una gran intranquilidad en el país. Sus secuestros de empresarios importantes, sus asaltos bancarios, sus enfrentamientos con las corporaciones policíacas tenían en vilo al país, de modo que cuando llegaba el 23 de septiembre todo mundo estaba a la expectativa, aunque el mero día usualmente no ocurría nada.

Ayer el 23 de septiembre fue una fecha de fiesta. Y es que como dijo uno de los observadores, ya los guerrilleros pasaron desde hace mucho tiempo no sólo a la legalidad, sino a la jefatura de algunos órganos. Todavía antes de su calentura por la alcaldía culiacanense, Cenobiio Ruiz, el chino Cenobio de la guerrilla, pasó de militante “de la izquierda actuante”, como ellos mismos se llamaban, a presidente de la Gran Comisión.

UN ENCUENTRO CON

MUCHAS PRECAUCIONES

Los diputados locales de la fracción priísta se reúnen hoy en Mazatlán. A partir de las diez de la mañana revisarán entre ellos y con expositores venidos de la Ciudad de México, cada uno de los temas de la agenda legislativa de Sinaloa y la parte del país en que se espera su intervención o su respaldo.

El encuentro inicia con una intervención de Fernando Pucheta como diputado anfitrión y dura buena parte del día con conferencias sobre Reforma Política, Transparencia, Desarrollo Institucional, el análisis de un proyecto de reforma de la Ley Orgánica del propio congreso, con expositores nacionales obtenidos por la intervención de Cenobio Ruiz Zazueta, actual coordinador de asuntos de Congresos Locales en el comité ejecutivo nacional del PRI.

Hernández Chávez explica que él mismo pidió el apoyo de Cenobio, quien de por si, como nos consta a todos, nomás un ladito busca para venir a Sinaloa y hacer manifiestas sus calenturas electorales. En cambio no estará presente la presidenta estatal, Martha Tamayo, quien se fue ayer mismo a la Ciudad de México.

El Chuquique se muestra optimista de los resultados. Pucheta ha trabajado a todo tren como anfitrión para que las cosas salgan bien, los temas son importantes y los expositores también, dice. Sólo una preocupación nubla su panorama: “las cosas están muy duras con eso de los videos de los diputados. Ya les dije que no pueden servir más que agua de Jamaica y agua de cebada”. ¿De cuál cebada diputado? ¡No, no, de la tranquila por supuesto!