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De los coros del CMA a Don José en Viena…Alexander Torres alcanza el mayor reto de su carrera

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Mazatlán, Sinaloa, 21 de Julio de 2026.-

La voz de Alexander Torres encontró en los coros, los talleres y los escenarios del Centro Municipal de las Artes una plataforma decisiva para evolucionar. Después de años de disciplina colectiva, estudio técnico y participación constante en producciones operísticas, el cantante mexicano se prepara para vivir uno de los momentos más relevantes de su trayectoria: debutar como Don José en Carmen, de Georges Bizet, dentro del Vienna Opera Festival.

A los 18 años inició su preparación musical. Inició su preparación en Culiacán y posteriormente cursó la licenciatura en Canto Lírico. En el 2015 llegó a Mazatlán invitado por el maestro Enrique Patrón De Rueda. La invitación le permitió integrarse a una ciudad con una intensa actividad coral y operística.

En el CMA formó del Coro Guillermo Sarabia fundado y dirigido por el maestro Daniel Villegas (+) y participó en los procesos del Taller de Ópera. Ahí trabajó con maestros y artistas que contribuyeron a fortalecer su presencia escénica, su disciplina musical y la conciencia sobre su propia técnica vocal.

Carmen, una obra que une dos etapas de su vida

Entre las producciones que acompañaron su formación se encuentra Carmen, de Georges Bizet. Alexander interpretó diversas óperas en varias ocasiones como integrante del coro y que ahora adquieren un significado especial dentro de su trayectoria.

El próximo 22 de agosto de 2026, Jesús Alexander Torres, debutará como Don José dentro del Vienna Opera Festival, en el Ballsaal del Grand Hotel de Viena.

Compartirá la función con Natalia Darkowska como Carmen, Andrei Maksimov como Escamillo, Natasha Theil como Micaëla, Cyan Alejandro Rangel como Zúñiga y Nelly Stajic como Frasquita.

Para el cantante, asumir a Don José representa el compromiso más importante de su carrera hasta el momento. El personaje, uno de los ejes dramáticos de la obra, exige solidez vocal, y una interpretación capaz de transitar del enamoramiento a la obsesión y al desenlace trágico.

Durante años Alexander conoció Carmen desde el interior del coro y ahora regresará a la obra desde el centro de la acción dramática.

Durante todo agosto permanecerá en Viena preparando la producción, recibiendo formación especializada y compartiendo escenario con artistas de diferentes partes del mundo. El programa contempla, además del montaje operístico, conciertos y recitales de arias en distintos espacios.

“Imagínate aprender de tantos maestros de ese nivel. Esa experiencia es muy importante para uno como artista”, señaló.

La dimensión del compromiso también tiene un significado personal. Durante varios años buscó abrirse camino en Europa, en un ámbito donde existe una amplia competencia y donde numerosos cantantes mexicanos construyen carreras profesionales con esfuerzo, constancia y preparación.

Alexander considera que México posee una comunidad de intérpretes líricos de gran calidad que desarrolla su trabajo en distintos países, aunque no siempre recibe la misma visibilidad.

“Existe un mundo de cantantes mexicanos haciendo carrera. Para mí sí es un logro; estoy muy emocionado y muy agradecido”, afirmó.

Una trayectoria acompañada por sus maestros

El cantante reconoce que este avance no ha sido individual. En su formación destaca el acompañamiento del maestro Enrique Patrón de Rueda, de la maestra Marta Félix y del maestro José Miguel Valenzuela, a quien identifica como una figura constante en su preparación vocal.

“José Miguel es como mi coach; nunca me ha soltado y siempre hemos trabajado de la mano en todo lo que se me presenta”, compartió.

También agradeció el apoyo del maestro José Manuel Chú, así como el respaldo recibido de la comunidad artística y del Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán durante su proceso.

Estos vínculos permiten comprender su trayectoria como una construcción colectiva. Detrás del debut en Viena existen años de acompañamiento docente, ensayos, conciertos, participación coral y montajes en los que Alexander aprendió a desenvolverse frente al público.

El cantante llega a este compromiso internacional con una preparación distinta a la de sus primeros años. Ahora reconoce mejor su instrumento, entiende las exigencias del repertorio y posee una experiencia escénica obtenida a través de la actividad constante.

“Estoy muy emocionado. Ha sido mucho trabajo con las personas que me acompañan en este trayecto, pero también ha sido muy satisfactorio, porque tuve la oportunidad de estudiarlo con tranquilidad y trabajarlo bien”, expresó.

Su debut como Don José representa la unión de dos etapas: aquella en la que aprendió a construir su voz desde el anonimato y la fuerza del coro, y la que ahora lo coloca frente a uno de los personajes más exigentes del repertorio operístico.

Alexander reconoce que su evolución fue paulatina. Durante varios años no tuvo papeles relevantes dentro de las óperas y su participación se concentró principalmente en el coro, en ensambles y en intervenciones como solista dentro de algunos conciertos.

Sin embargo, ese recorrido adquirió una importancia fundamental. El trabajo coral le permitió desarrollar oído, afinación, lectura musical, sentido de conjunto y capacidad de respuesta ante las indicaciones de un director. También le enseñó a construir una interpretación desde la responsabilidad colectiva, antes de asumir el peso individual de un personaje.

“En el taller me dieron muchas tablas, porque cada semana estás dando un concierto, preparándote con cosas nuevas y manteniéndote activamente en el escenario”, expresó.

La continuidad de los ensayos y las presentaciones lo llevó a trabajar con mayor conciencia sobre su voz. A partir de entonces comenzó a estudiar su técnica de manera más profunda y a comprender que el crecimiento de un cantante lírico no depende únicamente del talento, sino de un proceso prolongado de observación, corrección y disciplina.

La historia de Alexander Torres confirma que los coros y talleres del CMA no son únicamente espacios de participación artística: son ámbitos de entrenamiento, profesionalización y construcción escénica. Desde ahí, entre ensayos, partituras y montajes, comenzó a forjarse la voz que ahora llegará a Viena para ocupar el centro de la escena.