27.7 C
Mazatlán
martes, abril 28, 2026

Inicio Cultura Cri Cri cobra vida desde la mirada de una nueva generación en...

Cri Cri cobra vida desde la mirada de una nueva generación en el CMA

0
7
Mazatlán, Sinaloa, 28 de abril de 2026.-
En el escenario, la fantasía de Francisco Gabilondo Soler vuelve a latir con fuerza. Compositor, narrador y creador del entrañable “Grillito Cantor”, su obra marcó generaciones en México al construir un universo musical infantil con profundidad artística, ingenio narrativo y un alto valor formativo. A través de sus canciones, Cri Cri no solo entretuvo: educó, sensibilizó y dejó un legado que, décadas después, continúa vigente en la memoria colectiva.
Hoy, ese legado cobra nueva vida en el espectáculo Cri Cri “El Grillito Cantor” este cinco funciones este 29 y 30 de abril en el Teatro Ángela Peralta. En esta producción del or el Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán, donde niñas, niños y jóvenes del Centro Municipal de las Artes reinterpretan su repertorio desde la música y la danza.
Entre ensayos, partituras y coreografías, una nueva generación de artistas se apropia del universo de Cri Cri para darle una dimensión contemporánea, donde la disciplina artística convive con la emoción genuina de la infancia.
Uno de ellos es Alfredo Herrejón, de 14 años, integrante de la Orquesta Juvenil del CMA, quien ha construido su camino musical desde muy temprana edad. “Empecé como entre los cinco y seis años con la trompeta, y luego fui entrando a más cosas como el coro, la batería y el piano”, comparte.
Hoy, para este concierto, su instrumento será la tuba, reflejo de la adaptación constante que implica la formación musical. “Voy a tocar la tuba porque me pusieron brackets y ya no me queda tan cómoda la trompeta”.
Para Alfredo, interpretar Cri Cri implica transmitir emoción: “Hay que hacerlo de forma muy vivaz y siempre transmitiendo algo bonito”. Incluso reconoce la complejidad del repertorio: “Son piezas muy elaboradas, con muy buena teoría musical y arreglos”.
Desde otra perspectiva, la violinista Emily Airam Robles Espinoza, de 20 años, encuentra en Cri Cri un vínculo directo con la memoria. “Es mi infancia, me ha traído muy buenos recuerdos desde pequeña”, afirma.
Integrada en la Orquesta Juvenil del CMA e invitada en ocasiones a la Camerata Mazatlán, Emily reconoce que estas canciones también marcaron su aprendizaje musical. “Fueron de mis primeras piezas con el violín, me motivaban a seguir porque siempre quise ser violinista”.
Su conexión emocional se concentra en La muñeca fea: “Me da nostalgia, me hace recordar mi infancia”. Para ella, este repertorio sigue vigente porque construye identidad: “Es importante para que los niños tengan una infancia bonita, con recuerdos que puedan conservar”.

Esa misma pieza adquiere una dimensión distinta desde el cuerpo en escena con Denisse del Río Acosta, bailarina de la Escuela de Ballet Clásico del CMA, quien interpretará a La muñeca fea.
Con casi una década de formación, Denisse asume el personaje como un ejercicio emocional más que técnico. “Más que los pasos, es la actuación”, explica. Su intención es clara: “Que se note que está triste, que se siente olvidada, pero también que hay felicidad dentro de todo”.
Para ella, la fuerza del personaje radica en su humanidad: “Tienes que sentir eso de sentirte fuera de lugar, de no sentirte incluido a veces”. Sin embargo, también reconoce la luz dentro de la historia: “Hay personajes que la quieren, que la acompañan”.
Su proceso en este montaje ha significado crecimiento personal. “He aprendido a expresarme y a darle intención a cada movimiento frente al público”, comparte, al tiempo que celebra la integración de la música en vivo: “Es súper padre, se escucha muy bien y hace el espectáculo más completo”.
Desde otro ángulo escénico, Christopher Tejeda, bailarín de ballet clásico con cinco años de formación en el CMA, dará vida a dos personajes: El ratón vaquero y uno de Los tres cochinitos.
Para él, el reto no solo está en ejecutar, sino en sentir. “Que lo sientan, que lo aprecien, que lo bailen como debe de ser”, afirma, consciente de que el escenario exige disciplina y pasión: “No es una oportunidad que se le da a todos, es algo que requiere práctica”.
Christopher reconoce que la vigencia de Cri Cri radica en su capacidad de permanecer en el tiempo. “Es algo que quedó muy marcado en la infancia mexicana… se va pasando de generación en generación”.
Su vínculo con este repertorio también es profundamente emocional. Recuerda Caminito de la escuela como uno de sus primeros acercamientos, y encuentra en El ropero una historia que conecta con la memoria familiar: “Nos recuerda a nuestras abuelas, a los momentos que vivimos”.
Pero quizá el elemento más poderoso en su experiencia es el acompañamiento de su familia. “Se siente muy bonito que te apoyen, que estén ahí contigo”, comparte, al saber que lo acompañarán desde el público.
Así, entre acordes, movimientos y emociones compartidas, la obra de Cri Cri reafirma su vigencia en el escenario mazatleco. No como un recuerdo lejano, sino como una experiencia viva que el Instituto de Cultura acerca a nuevas generaciones, donde la infancia no solo se recuerda: se interpreta, se siente y se comparte.