César Flores pasó de albañil a “sanador” aunque ya lo corrieron inspectores de Oficialía Mayor de la Plaza La República, frente a Palacio Municipal de Mazatlán, ahí a un costado y frente a Catedral, atiende cada día a más “pacientes”. La mayoría de las personas al término de una “sobada”, se van satisfechos y sintiéndose mejor.
El propio “sanador” nos dice que desde hace unos 20 años sintió un “don”, una energía diferente y cuando llegó la pandemia, dice que empezó a “curar” simplemente tocando el área lastimada o de dolor en una persona y usando una crema común y corriente para resbalar sus manos y dedos.
Empecé a “sanar” aquí, en Catedral, veía a personas caminaban con dificultad y les preguntaba sobre sus males y les decía que yo les podía aliviar; me daban la confianza y en minutos, los “curaba”.
Dice que en estos últimos siete años ha crecido “su fama” y que ha “aliviado” a mucha gente, aunque hay casos en que no ha podido por ser problemas de salud mayores. Dice que “no engaña; yo le digo a la gente si hay cambio después de la sobada y si no hay alivio, no hay paga. Hay personas que no se les puede ayudar porque trae un daño mayor”, afirma César en la entrevista.
Dice que por una “sobada” con alivio cobra 250 pesos y por atender problemas neuronales hasta 500 pesos.
Por lo pronto, el “sanador” tiene personas en fila y hasta un secretario que anota en una libreta y en espera hasta el martes de la semana próxima.