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lunes, marzo 30, 2026

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A 62 años del Maremoto, y en el Tsunami de la violencia

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FRANCISCO CHIQUETE
El sábado pasado se cumplieron sesenta y dos años de la alarma innecesaria que movilizó a los mazatlecos, huyendo de una inmensa ola marina que nunca llegó, y que nos mostró vulnerables ante las malas decisiones gubernamentales.

El municipio y el estado mandaron a una flotilla de carros de sonido, para que avisaran del maremoto que en unas cuantas horas nos arrasaría. Ganen las partes altas, suplicaba el conocido locutor José Luis Robles, en las grabaciones express que recorrieron todos los puntos de la ciudad.

Los que no tuvieron en qué alejarse del peligro, se conformaron con subir a los cerros. La Nevería, Cristo Rey, Loma Atravesada, se vieron invadidos por cientos de familia que cargaban con lo más indispensable.

Los que tenían carro, o hallaron lugar en los vehículos que muchos pusieron a disposición de sus vecinos, se fueron a Concordia, la parte serrana más a la mano, donde prácticamente asaltaron tiendas, estanquillos y fondas, dejando a los lugareños con mucho dinero pero pocos bastimentos.

La alarma tuvo su origen “científico”, un temblor en el extremo norte del continente (Anchorage, Alaska), motivó un maremoto que en horas arrasaría la costa Pacífica de México y de toda América Latina.

Hoy, gracias al internet, cualquier estudiante puede ver desde su casa que Mazatlán no podía ser alcanzado por el maremoto por la protección que le significa la Península de Baja California. Sin computadoras, los técnicos capacitados de entonces lo sabían también, pero lo ignoraban el gobernador y el alcalde (Leopoldo Sánchez Celis y Alberto Tripp Flores, respectivamente). Ellos se hicieron eco de la alarma y la difundieron a todo trapo en las unidades publicitarias que todos conocíamos.

Con la información de hoy, la gente tampoco escogería el municipio de Concordia para refugiarse. Cualquiera tiene información@ sobre las cosas terribles que ahí pasan, y que la autoridad no es capaz de solucionar o de someter a control, al menos.

Son sesenta y dos años del maremoto que no llegó, y año y medio del tsunami de la violencia que no se va. Y de gobierno que no le atinaron y no le atinan.