Mazatlán, Sinaloa a 29 de noviembre de 2025.-
Con un público que llenó el Salón de Usos Múltiples del Museo Casa del Marino, el escritor Vicente Alfonso presentó la tarde del 28 de noviembre su más reciente novela, La noche de las reinas (Alfaguara / Penguin Random House), en un evento organizado por Laura Medina en colaboración con el Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán.
La presentación y bienvenida estuvo a cargo de Laura Salcido quien tuvo como invitado acompañante al periodista José Luis Echeagaray, y coincidió con una celebración muy especial, los 21 años de la librería La Casa del Caracol, aliada cultural fundamental del programa Letras para el Puerto, y motivo de agradecimiento por parte del autor.
En su intervención José Luis Echeagaray destacó que la novela tiene estructura coral – que casi avanza en tiempo real – factor que se celebra pues combina ritmo, memoria y retrato social contundente.
Echeagaray que expresó que el autor de La noche de las reinas utiliza la lente del economicismo para sistematizar, moldear y dar sentido a la historia, a la relaciones personales y al destino de los personajes y deja abierta la pregunta sobre la verdadera naturaleza y fuente del poder.
Una novela nacida del agradecimiento y del recuerdo
Desde su primera intervención, Vicente Alfonso explicó que quería comenzar con gratitud. Recordó una frase escuchada al llegar a Mazatlán —“Agradecer siempre es importante”—y confesó que buena parte de esta novela es un ejercicio de memoria agradecida hacia la propia ciudad: Mazatlán fue el refugio donde su familia encontró hospitalidad tras un episodio violento y determinante en 1978.
Aquel año, su padre —abogado y activista rural— fue detenido ilegalmente y llevado a una prisión clandestina. Al ser liberado, le impusieron como condición abandonar su estado. La familia huyó, y el destino al que llegaron fue Mazatlán. El autor creció entonces marcado por la calidez local:
“Mazatlán, para mi familia y para mí mismo, es sinónimo de hospitalidad. Aquí aprendí a caminar y a hablar”, compartió.
Ese ambiente previo a la tormenta, con nubes pesadas, vientos de verano y tensión en el aire, es un recuerdo que Alfonso asegura que se filtró directamente en su novela.

1978: un año que partió la historia en dos
En su explicación, el autor detalló que La noche de las reinas se construye alrededor de dos hechos ocurridos en 1978, uno colectivo y uno personal.
El colectivo: la celebración en México del certamen Miss Universo, un evento mundial que atrajo la atención de novecientos millones de espectadores, turistas, empresarios, reporteros y figuras del entretenimiento.
Ese momento, aparentemente festivo, estuvo rodeado de tensiones políticas, protestas por violaciones a derechos humanos, denuncias contra el apartheid sudafricano, exigencias de presentación con vida de estudiantes desaparecidos y reclamos de cancelación del certamen debido al trato recibido por algunas concursantes.
El personal: el drama familiar del propio autor, un suceso que cambiaría el rumbo de su vida y lo traería, siendo apenas un niño, a Mazatlán.
Ambos sucesos —uno público y global, otro íntimo y doméstico— confluyen para dar origen a la novela.
El mundo detrás de la belleza
La contraportada del libro, citada por el autor durante la presentación, resume con contundencia la atmósfera de su historia:
“Tuve la suerte de salir viva luego de casi dos años de estar encerrada en el Campo Militar. Aunque, viendo lo que ocurrió después, hubiera preferido que me mataran.”
A partir de esta frase, La noche de las reinas despliega un relato donde el glamour del certamen se mezcla con sombras profundas:
Activistas protestan, periodistas buscan su mejor historia, un gobernador opera con mentalidad maquiavélica, una reina de belleza enfrenta amenazas de muerte y una viuda decide buscar justicia por su mano.
Todo ocurre sobre un Pacífico en calma, mientras oscuros nubarrones anuncian tormenta.
La materia viva de la novela
Alfonso también reveló un elemento clave en la construcción del libro, el archivo del periodista y escritor Federico Campbell, de quien fue alumno. Al organizar ese archivo encontró crónicas inéditas y materiales sobre las protestas de 1978 relacionadas con Miss Universo, mismas que sirvieron como detonador para entrelazar la historia nacional con su propia memoria familiar.
El autor explicó que, igual que un maestro carpintero hereda técnicas a su aprendiz, Campbell le heredó herramientas literarias y éticas para continuar explorando la relación entre prensa, poder e identidad.
Mazatlán como escenario y como hogar
El escritor evocó con precisión la ciudad que recuerda de la infancia: las carreras de pánico durante un huracán, una garrafa de vidrio que estalla en la calle, la voz de su madre tomándolo de la mano, los primeros pasos en la privada Ángela Peralta, cerca del Casino.
Esa mezcla de caos, calidez y destino se volvió parte esencial del tono de la novela:
un Mazatlán hospitalario, diverso y siempre dispuesto a recibir.
El público asistente escuchó con atención este viaje entre historia, memoria y ficción, en una presentación donde Vicente Alfonso celebró también el aniversario 21 de La Casa del Caracol, librería que ha acompañado por décadas el desarrollo literario de la ciudad.
El evento reafirmó la vocación cultural de Casa del Marino y del Instituto de Cultura de Mazatlán, que continúan abriendo espacios para la literatura contemporánea y para el encuentro entre autores y lectores.










