Y usted ¿Cómo le hace le hace con sus quincenas?

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Y usted ¿Cómo le hace le hace con sus quincenas?

La zozobra y la angustia son sinónimos de la situación en que vive la gente, los que apenas sobreviven con un mísero salario y peor aún, los que no suman ni con los dedos de la mano los cientos de pesos para ir al mercado a comprar las cosas tan necesarias en su casa, porque “o como o pago lo que debo y no me alcanza”.

No se crea que es el comentario de unos cuantos. ¡Qué va!

Es el decir de miles y miles de mexicanos que sufren la pesadez de una carga económica de la que no saben cómo, ni cuándo se acabará, porque aunque todo sube de precio: huevos, carnes, frutas, verduras, enlatados y demás, los salarios siguen estancados; con un mínimo que no sobrepasa los 60 pesos diarios o de los de la tercera edad que está dentro de los programas de becas a los que dan mil o quizá un poco más de pesos. O los jubilados, pero no los del gobierno o la Universidad, no, estos reciben lo suficiente para comer, vestirse y hasta echarse más de una “helada”.

No, hablo de los otros, a los que “no les hizo, ni les hará justicia la revolución”.

Y estos sí que sufren las de Caín.

Tal es el caso, por poner tan sólo un ejemplo el de Manuel y Alejandrina, ambos de Barrón, sin trabajo y que viven de la mentada beca o de lo que su hija puede darles.

“Si es necesario pedimos limosna para comer , no me daría vergüenza”, nos dice doña Alejandrina, señora de más de 70 años de edad, quien argumenta que no sola se trata de la comida, también hay que pagar otras cosas como el agua y la luz.

La señora Elena, también tiene las miasmas condiciones de vida, y nos advierten que “hacemos milagros para estirar el dinero y que nos alcance hasta donde sea posible”.

Aunque fue día de quincena, de “raya, pues” y hubiera visitado los mercados, ¡estaban desiertos!

No se veía mucha gente gastando para llevar sus alimentos. Los lujos quedan de lado, jamón, atunes, salchichas y esas cosas, quedan fuera del alcance de los bolsillos de los mortales clase medieros.

Y así es esto, nos argumenta Juan Manuel, un carnicero del mercado Juan Carrasco, quien advierte que la situación es precaria, y que no se ve por donde puedan ser las cosas mejores.

Pero hay todavía otros que son más drásticos, como el caso del profesor Omar quien advierte que se corre el riesgo de un estallido social, que no de una revolución, añade.