TRADICIONES INDÍGENAS

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Amenazan olvido y adulteración a tradiciones de nuestros mayos

Al son de la música dulce de los yoremes, el venado pasa sobre los terrenos, otea el aire, sacude las piernas y suenan los tenábaris como un llamado del monte ancestral. Es José Luis Juárez, un mayo-yoreme de Angostura que lucha contra el olvido, la desaparición y la adulteración de las tradiciones indígenas.

Su baile es pausado, lejano a las piruetas y malabares que se han impuesto sobre esta danza autoctona. Su apuesta es por las verdaderas tradiciones. Aunque los jareros se le fueron temprano porque tenían compromiso en Angostura, su baile fue completo, emotivo, trayendo los ecos de viejos rituales que este sábado revivieron en el patio de la casona de Faustino, en Aguacaliente de Gárate.

Juárez lamenta las pérdidas que se viven en materia de tradiciones, los obstáculos que se deben enfrentar para mantener vivos todos estos espacios de expresión. Empezando por la vestimenta, que cuesta mucho dinero a pesar de que es de sencilla manta. Los cinturones llevan patas de venado, que ya no se consiguen porque la caza de este animal está en veda. Hay que conseguirlo, se va uno por ahí de búsqueda, las obtiene clandestinamente. Peor es con el gorro, que es una cabeza de venado, y tiene que ser auténtica, por lo menos tiene que tener auténtica piel de venado.

En algunos pueblos se da la penetración de religiones a la católica, que prohíben a los yoremes participar en ceremonias indígenas, lo que afecta sobre todo cuando interfieren sobre los grupos musicales que acompañan los ritos y los festejos.

También  está el desapego de las nuevas generaciones. Qué bueno que tengan otras alternativas, que dispongan de entretenimientos y de estudios, pero si ellos no se interesan por seguir participando en las tradiciones indígenas, éstas van a desaparecer, y con ello estaremos perdiendo todos, advierte este hombre vestido de danzante, con la cabeza de venado sobre la propia, y la cara perdida entre listones de colores., cuyo lenguaje es fluido e informado. Se trata de un maestro jubilado, con grado de maestría, quien ha decidido mantenerse como uno de los guardianes de la tradición.

Reconoce sin embargo que hay que hacer concesiones. La danza no se debe ejecutar sobe este tipo de pisos –un patio embaldosado con piezas de barro, y siempre debe ejecutarse bajo una enramada, que tiene su simbolismo, pero lo que queremos es divulgar, hacer presente esta tradición, que siga viva.

Reclama de las instituciones un apoyo más abierto, más efectivo, reconoce los esfuerzos que hace la Universidad Autónoma Indígena de México, ubicada en Mochicahui, aunque por supuesto, eso no es suficiente.

Sobre todo reclama que los jóvenes se incorporen a sus tradiciones, Algunos no quieren ya ni vestir la manta, porque ha sido el más pobre de los vestidos, aunque ahora ya también resulta carísima.