TODO LÓPEZ SÁENZ

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Multitudes se concentran para ver la retrospectiva del gran artista que retrata al Mazatlán de todos los tiempos

FRANCISCO CHIQUETE

El mundo fascinante de Antonio López Sáenz se abrió y se expandió en la retrospectivo que desde este sábado está abierta al público en el Museo de Arte de Mazatlán.

La inauguración de esta amplia muestra reunió a decenas de personas del ámbito artístico, del académico, de la comunidad extranjera, familias completas que fueron a asomarse al colorido, la nostalgia, la actualidad, el resumen de las diferentes épocas que Mazatlán ha vivido a través de su historia reciente y sobre todo, a través de los ojos de este gran artista plástico de reconocimiento internacional.

Los miembros del Colegio de Sinaloa, al que pertenece el propio López Sáenz, destacaron la belleza en los trazos, la proyección de una ciudad y una sociedad que se ven capturadas. José Ángel Pescador Osuna, colegiado presidente, y Federico Páez, señalan que el pintor mazatleco es un ejemplo de trabajo, de realización y de maestría.

El empresario Ernesto Coppel Kelly califica a López Sáenz como una distinción para Mazatlán, incluso lo señala de manera personal como un amigo del que hay que estar orgullosos pues se trata de alguien que derrocha talento y muestra lo que Mazatlán es y lo que puede aportar no sólo al resto del país, sino al mundo.

El alcalde Carlos Felton González, quien estuvo en el corte del listón, señaló igualmente la importancia que tiene para Mazatlán contar con un vocero del talento y de la sensibilidad como es López Sáenz.

Creadores como Juan José Rodríguez, Miguel Ángel Román y otros, indicaron que se trata de uno de los grandes artistas a quien además hay que reconocerle una calidad humana, una sencillez que hacen todavía más grande su pintura.

La vocera del Instituto Sinaloense de Cultura, Patricia Tirado, señala la satisfacción del ISIC, por haber participado en esta muestra retrospectiva de alguien que sin duda es uno de los artistas plásticos contemporáneos más importantes de Sinaloa, y también del país, porque López Sáenz ha trascendido todas las fronteras.

De las paredes del Museo de Arte cuelgan cuadros con los temas recurrentes del pintor mazatleco: la vida portuaria, con sus grandes buques, los paseos familiares por balnearios, bahías tradicionales en la historia de nuestra ciudad, los músicos regionales y los beisbolistas, incluso algunos cuadros de la tendencia abstracta, que pocos conocíamos, aunque él mismo se ha encargado de establecer que en su vida ha incursionado en muchas de las tendencias, ha recibido muchas influencias y finalmente las ha digerido para llegar a su estilo y personalidad artística.

Obviamente, esa personalidad, ese estilo, serían impensables sin la presencia del Centro Histórico mazatleco en la exposición. Un cuadro increíble que captura los emblemáticos arcos de Cannobio, otros con diferentes esquinas de la calle Constitución, unos bebedores que discuten sus cosas asomados al mar desde ventanas que pese a su forma, podrían haber sido claraboyas de algún barco. El simbolismo mazatleco, la universalidad de esa vista que hace lucir a Mazatlán como cualquier puerto de cualquier lugar del mundo, o de cualquier tiempo: ver estos espacios portuarios que igual fueron la llegada del Eolo y el Rita García, estrenando en 1951, los actuales muelles fiscales, o son los arribos de modernos cruceros turísticos.

No pueden faltar las muestras y maquetas de sus esculturas, trabajos en platos, reproducciones digitales de composiciones que muestran por ejemplo todos los perros que han aparecido en sus diferentes cuadros, versiones distintas del famoso abanico de fierro macizo que se ha convertido en un personaje de sus trabajos, como es personaje de su casa y de la exposición misma, pues el aparato está ahí, en una esquina, sobre una preciosa base de madera que forma parte del mobiliario de la casa-taller del artista, que fue también la casa de sus padres.

Es difícil para este hombre ameno y cálido sobrellevar la fama y sus impactos. El recorrido por las dos salas del museo en que están sus cuadros, se convierte en un tumulto tortuoso que debe detenerse a cada momento porque no hay quien quiera irse sin una foto con el maestro, sin dejarle un saludo y una felicitación, recordar sus viejos tiempos, como el ingeniero Jaime Millán o Mirla, o como Victoria Loto y Javier Chimaldi, o el exalcalde Ricardo Ramírez González, a quien un distraído confundió con Jaime Labastida. –No es, es el expresidente municipal, se le aclaró -¡Ah sí! ¡Por supuesto, el que se hizo parecer a Pedro Infante!

No podían faltar personalidades destacadas y personajes estrambóticos, incluyendo un pretendido lobo de mar que llegó caracterizado como personaje delos cuadros que todos envidiábamos y que hoy son sustancialmente más accesibles gracias a la reproducción digital.