Tercera Llamada…Han permanecido siglos.

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Ismael Estrella Guerrero

Son los pueblos centenarios de la zona serrana que han sobrevivido con grandes dificultades a las penurias provocadas por la falta de oportunidades y el abandono de las autoridades (que en las últimas dos décadas decidió “voltear” a verlas para sacarlos del marasmo en el que han vivido, sin mejores resultados), y ahora la inseguridad y la violencia que provocó estampidas, dejando sus calles desiertas en las que sólo se escucha el silbido del viento y el eco de los que ya se fueron, O… De los que se quedaron a cuidar la tierra, para convertirla en nuestro “Comala”, la de Pedro Páramo.

Sin embargo, actualmente estas comunidades junto con su ancestral cultura y sabiduría, transitan por otro peligroso camino de la extinción.

No es fatalidad ni augurio, mucho menos el aviso de algún desastre natural…

Más bien se trata del terrible impacto que provoca la minería.

Las denuncias van creciendo, los habitantes de poblados enclavados en la zona serrana y urbana ya pegaron el grito en el cielo. Y no crea que es la primera vez que ocurre.

Desde hace lustros escuchamos los mismos lamentos sin que las autoridades correspondientes metan las manos a los aparejos para acabar con algún desenlace fatal, o cuando menos que se investigue la veracidad de las demandas, que reitero, no son de ahora.

Y esta grave amenaza se cierne no solamente en torno a las comunidades que viven en inmediaciones de la sierra, sino también sobre muchas otras, pues dicen que la minería causa daños considerables en las cuencas hídricas de la zona sur de Sinaloa, según alertan las denuncias.

No es lo único, el temor se agrava cuando nos dicen que otras fuentes de agua potable que abastecen a poblaciones rurales y urbanas también están siendo amenazadas por esta actividad que, pese a su elevado grado de contaminación, se desarrolla en gran medida al margen del control estatal.

Se ha denunciado que las mineras vierten kilogramos de desechos, entre sustancias tóxicas y minerales.

Cabe recordar que la minería también ejerce efectos de perturbación en la fertilidad de los suelos, pastizales y cultivos.

Por todo ello, no sorprende que sean tantos los pueblos originarios que están siendo diezmados por la actividad minera, ora porque se están quedando sin recursos para subsistir, ora porque su salud, al igual que la de sus animales, se está deteriorando aceleradamente. Y es que si bien las consecuencias de beber agua e ingerir alimentos contaminados por la minería se manifiestan después de varios años, a la larga esta exposición da lugar a disfunciones renales, hepáticas e inmunológicas que provocan cuadros de morbilidad crónica, amén de malformaciones congénitas en las nuevas generaciones.