Tercera Llamada…

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*Muertes, influenza y carnaval

Ismael Estrella Guerrero

Nos acaban de anunciar en Mazatlán que ya ocurrió la segunda muerte causada por la influenza o la gripe AH1N1. Sin embargo ni sudamos ni nos abochornamos.

Así somos aquí, pachangueros a más no morir y más ahora que el Carnaval está a la vuelta de la esquina; después la Semana Santa, la de la moto… En fin. Después de eso ya “veriguaremos”.

Eso sí, nomás que no nos llegue el agua a los aparejos porque entonces: ¡Ay nanita!

Pese a ello lo que menos queremos es enfermarnos de alguna gripa que traiga consigo la tos y las fiebres o la mentada influenza, como aquel no tan lejano 2009 cuando nos pusieron sobre aviso… Nos alertaron de manera fatalista diciéndonos que el fin estaba cerca, que la epidemia se podía convertir en pandemia. Y ándale, que todos empezamos a ponernos tapa-bocas; llevábamos el gel limpiador a cualquier lugar donde íbamos, incluso le retiramos el saludo de manos a los amigos o a cualquiera que nos quisiera congratular, ni besitos le dábamos a las muchachas por cualquier pretexto. Es más, hasta la vuelta le sacábamos a los conocidos.

Hoy las cosas no son de la misma manera.

Los anuncios de salud no son tan fatalistas.

Si de por sí los bochornos no nos dejan en paz todo el día, imagíneselos ahora con calenturas provocadas por achaques que causan alguna mojadita; o por dormir con la cabeza humedecida frente al abanico; o levantarse descalzo. En fin.

Cualquier pretexto para encamarnos nos queda bien.

Y eso que aún no entramos a la edad de los “antes a mí no me pasaba esto o aquello”. ¡Mjh! No me digas.

Pero llega la gripa.

El caso es que al taparse la nariz y fluir el moco, uno se pone hablar cambiando las letras y las palabras, provocando desde luego serios problemas de comunicación con nuestros interlocutores. Y más si se trata de gente del club 30-60-90 donde todos son más viejos que yo, y además sordos.

Entonces no se puede platicar como es debido.

Es difícil entablar conversaciones sin que cambiemos de tema cada rato porque cada quién agarra pal´monte:

Y luego nos dicen: ¡No se entiende lo que habla el mocoso! y la paciencia tiene un límite.

¿Y qué hacen? Mejor lo corren de la mesa o lo tiran a lucas y cada quien a lo suyo.

Ponerse de acuerdo en esas condiciones es harto difícil.

Y más lo es cuando intenta comprar en cualquier farmacia los antibióticos que sabe le van a quitar las dolencias.

“Por mandato de las autoridades de salud, todos los que requieran medicina que sirva para acabar con los “bichos” que provocan infección deben llevar su receta, de lo contrario no se surtirá nada porque quebrantar la ley”.

Así quedó estipulado ya.

Para quienes tienen Seguro Social, Issste o alguna otra prestación de servicio de salud, no existiría ningún problema.

Sólo es cuestión que se arme de paciencia y vaya a hacer cola a alguno de esos sitios para que al cabo de varias horas de espera le puedan recetar sin costo alguno sus medicinas. Dicen que son de las mismas que venden en las farmacias similares.

No es comercial, que quede claro, pero es la mejor referencia que puedo tomar en estos momentos.

Pero muchos prefieren- o lo hacían antes- irse a la farmacia más cercana y auto medicarse.

Por siempre se había seguido esta misma forma de actuar.

Sin embargo, los que no cuentan con ninguno de los beneficios sociales señalados, ¿Qué deben hacer?

Primero, tener dinero, porque de lo contrario ta´canelo que pueda hacer algo. No fían en esas empresas.

Luego ir con un médico- el que quiera- para que lo ausculte, le diga que tiene y le entregue su receta, en una consulta que no dura ni 10 minutos pero que ya le cuesta cuando menos y “bajita la mano” entre 200 y 250 pesos.

Si acude a los similares (¿otra vez?) pagará 30 pesitos, pero su receta únicamente puede surtirla con ellos mismos.

¿La ventaja de comprar la medicina allí?

Enorme.

Desembolsará un 80 por ciento menos que en cualquiera de las llamadas farmacias de patente.

Por eso hay que preguntarse si al final de cuentas si el beneficio de la disposición de surtir únicamente con receta médica ¿es realmente bueno para el usuario que no tiene con qué pagar lo requiere?

Por lo pronto, a cuidarnos, no vaya ser el diablo y nos cargue la que nos trajo por descuidarnos de un simple resfriado.

En la casa ni les quiero decir como ando porque capaz y me guardan en el cuarto y ni al carnaval me dejan salir, con tal de cuidar al viejo.