TAMALERAS: MÁS ALLÁ DEL DÍA DE LA CANDELARIA.

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* Siempre presentes en las fiestas personales y familiares, su sabor les ha dado un lugar especial en el gusto de todo mundo.

* A los barbones de Escuinapa los empieza a desplazar los de costilla de La Noria.

Su presencia milenaria, su variedad y su versatilidad de sabores, aún cuando sus ingredientes principales: masa de maíz recubierta de hojas de la planta, sea prácticamente la misma; le ha ganado un lugar permanente en las mesas de todos los mexicanos.

Casi siempre con motivo de fiesta. El Día de la Candelaria es emblemático y hasta el momento nadie sabe el porqué.

El festejo a la Virgen de la Candelaria es un recuerdo al pasaje bíblico que representa el momento de la presentación del Niño Jesús al templo de Jerusalén y la purificación de la Virgen María; este festejo también se conoce como Purificación, Fiesta de la Luz o de las Candelas.

En Mazatlán existen varios sitios muy conocidos por la población, donde de manera tradicional se venden tamales: Por la calle Zaragoza están los de la tamalería el 69, con su rico variado; sin embargo los más conocidos por tener más de cuarenta años en el mismo lugar son los de la “Cuchilla”.

La “Cuchilla” es una casa de madera de escasos cuatro metros cuadrados ubicada en la avenida Juan Carrasco y callejón Granados.

Actualmente es atendida por una “tercera” generación encabezada por Lucía Mendoza Villareal; quien heredó espacio, pasión y sazón de su abuela.

Este día de la Candelaria esperan excelentes ventas, aunque ellos están presentes ofreciendo su producto los 365 días del año. Son los tamales de elote que hoy deberán de ser acompañados, por aquellos que respetan la tradición, por un atole; de champurrado solamente quienes guardaron las ciruelas secas o pasas de Aguacaliente.

La candelaria es la Fiesta de la Luz. Los tamales son la fiesta del sabor, y se disfrutan con deleite y pasión porque es un gusto que requiere mucho esfuerzo, traen mucho cansancio a quien los hace, por ello tradicionalmente el hacer tamales se hace en familia.

Las abuelas de antaño reunían en torno a su mesa a hijos y nietos para que cada uno de ellos fuera colocando en el bulto o “canoa” del tamal

uno de sus muchos productos: el guiso que colocaba la abuela, el trozo de zanahoria, el de papa, el de chile, la uva pasa, la rodaja del plátano macho, el tomate, y, en casa de ricos: la aceituna.

En más de cuarenta años vendiendo tamales a diario en La Cuchillita se ha perdido la cuenta; días buenos pasan los cien, días de fiesta y con pedidos hasta mil.

Una tamalera que tiene tres años causando sensación, es Mary Lupe en los portales de Palacio Municipal.

Cuando inicio la administración de Alejandro Higuera le permitió subir al segundo piso del Palacio, a que se colocara a un costado del elevador a vender sus tamales de costillita de puerco, res, pollo y puerco.

Sin embargo fue el mismo ex alcalde quien a finales del año pasado la desterró de una manera grosera y descortés.

Ella solamente acude a vender los días viernes, con cuatro hieleras grandes que le permiten acumular cerca de 400 tamales que distribuye exclusivamente entre clientes del palacio.

El éxito sigue siendo los tamales de costillita de puerco; el precio 12 pesos, y de verdura: una sola rodaja de chile, papa y zanahoria.

En ese viernes saca el “chivo” de la semana.

Y aunque la corrió el Higuera en los portales sigue agotando las hieleras.

Es más, este pasado viernes, cometimos los de sinaloaenlinea.com llevarnos nada más ocho de costilla, tres de pollo y dos de res porque la cartera estaba seca. Y ahora para la Candelaria?, pues a recordar lo que nos comimos ayer.