SOCIEDAD INFOMACIONAL: DE LA ÉTICA ASCÉTICA A LA ÉTICA COOL.

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ELIO EDGARDO MIILLÁN V.

Dice Baruch Spinoza en su Ética Geométrica: “Todas las cosas perseveran en su ser”. Dicho en otras palabras: existe en todos los seres una negativa rotunda a morir. Es cierto, las plantas y los animales no tienen “conciencia” de que van a morir, pero instintivamente hacen lo que pueden para escondérsele a la parca. Los humanos tienen conciencia de la muerte, de ahí que se esfuercen por trascenderla: el erotismo, la política, la ciencia, la medicina, etcétera, son otras tantas acciones que emprendemos para evitar el inevitable. Si bien todas las culturas tienen distintas formas de vivir y morir; pero más allá de sus diferencias, existe un común denominador: sus hombres y mujeres no quieren morirse, de ahí que hayan inventado, además de los artificios anteriores, las religiones, pues éstas, como efectos de consolación a nuestra perecedera condición, han prometido otra vida más allá de la vida, lo cual no es un pequeño detalle.

Pues bien, si los perseveran en su ser; ¿por qué perseveran? Digámoslo con Nietzsche: el mundo es caótico, es perspectiva, es simple fluido, es devenir. Los hombres para poder vivir y vivir bien, tienen que hacer acuerdos en cada etapa histórica para sobrevivir e impedir que el hombre sea el lobo del hombre. A esta manera de interpretar y conformar al mundo el autor de Humano Demasiado Humano le llamó voluntad de poder o voluntad de valor. A la forma tramar su convivencia los humanos, entre muchas alternativas, es lo que conocemos como valores, que algunos se convierten en leyes e instituciones. Generalmente quienes detentan el poder, con sotana o sin ella, consideran los valores como una Revelación Ultramundana, así con mayúsculas, como es el caso de Los Diez Mandamientos.

MORAL ES UN ÁRBOL QUE DA MORAS.

De los innumerables valores que existen, los valores morales son los que ahora están en boca de todos, y no en pocas veces los consideramos como la pomada de la campana para resolver los complejos asuntos de la compleja convivencia cotidiana. En efecto, le piden a la moral que obre bien políticamente y, a veces, que también haga su obra bienhechora en materia económica, y así sucesivamente. Si bien es cierto que todos los valores tienen relación, por ello no es una casualidad que éstos se intersecten, se arañen y se muerdan. El integrismo ha querido mantener una relación sin fracturas entre los múltiples valores, no pocas veces a través del terror que procura imponer el pensamiento único.

En Occidente, por ejemplo, la moral pertenece a una esfera de valor diferente, con criterios de validez propios, distintos, por ejemplo, a los de la economía y la política. Éstas, más allá de sus contradicciones e impasses, pertenecen a un pacto social escrito, con reglas que, si bien pueden cambiar, constituyen un arreglo obligatorio de los socios de la comunidad; en cambio la moral, que también se transforma de época en época, carece de sanciones escritas y, en última instancia, de obligatoriedad: carece de ministerios públicos y jueces, sentencias y cárceles.

ÉTICA DEL AMOR PROPIO.

Pero afirmar que la moral carece de obligatoriedad es inexacto, es más preciso decir que carece de sanciones de la manera como se expresan en la economía, en la política y la impartición de justicia. En efecto, la moral, aunque también es una construcción social, se las tiene que ver con las reglas de la convivencia. Y su modus operandi el tratar a las otras personas como quisieran que te trataran a ti; porque de esa manera puedo conseguir lo que quiero que sólo se puede obtenerlo con y través de los otros. Dicho en otra forma: la moral como tiene premisa el terrenal el amor propio: Debo dar a los otros lo que espero que me den a mí. En esta lógica está escrito el segundo mandamiento del Catecismo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo…”

Vale decir en este apartado que la Ética aunque es una esfera de valor diferenciada, mantiene relaciones, como se decía, con la economía y la política; con ésta los nexos son visibles, al grado de que muchos preceptos morales son elevados por aquélla a ministerio de ley; y con respecto a la economía ya Max Weber nos explicó la relación de la ética del protestantismo con el espíritu del capitalismo. No obstante, es indispensable mantenerlas como esferas de valor distintas, para evitar las recaídas fundamentalistas, hoy tan de moda en mundo.

LA REVOLUCIÓN INFORMACIONAL.

Qué mutaciones tendrá la moral esta era de los flujos globales de información, como afirma Manuel Castells, que nos ha traído como consecuencia, entre otras cosas, la pérdida de atribuciones del Estado/nación, y esto en dos direcciones:

1.- Hacia arriba este leviathán ya no puede controlar los flujos financieros, ni resolver los problemas de contaminación, del narcotráfico, la violencia y los problemas medioambientales, entre otros problemas, en los marcos de su propio territorio porque se han constituido en problemas globales. 2.- Por otra, parte arrastran al Estado/nación las demandas locales de una sociedad a la que le han sido arrancadas sus condiciones de control cotidiano de su existencia, merced a la producción de una economía desterritorializada.

Dicho en términos muy breves: la política, como en la moral, para decirlo con Kundera, están en otra parte, en todas partes y en ninguna. Hay que decir que los cambios son vertiginosos en todas las esferas de la sociedad y, asimismo, la moral ha sufrido, está sufriendo cambios complejos.

QUÉ HACER EN ESTAS PROCELOSAS AGUAS DE LA INFORMACIÓN.

Asistimos a una quiebra de las certezas del sujeto moral, pero no solamente de él. El otrora sujeto moral se ha convertido en self, sea como individuo o como comunidad. En el primer caso, con sus secuelas de individualismo y hedonismo; en el segundo, en un comunitarismo, que se aferra a los valores que han perimido. Asistimos pues, a una especie de desintegración del yo, ante la carencia de códigos que permitan a las personas trazar normas de convivencia a la altura que nos reclama esta historia de flujos. Y no obstante, no se nos presenta el apocalipsis, porque, como se recordará, todos los seres perseveran en su ser, y más aún los hombres y las mujeres. Este vació tiene que ser llenado. Se me ocurren tres acciones que podríamos realizar:

1.- Afirmar por sobre todas las cosas en valor de la vida, por encima de otros fetiches que ahora nos degradan hasta la saciedad. Y digo afirmar la vida de cada persona, porque al hacerlo se podrá comprender que sólo vale la pena vivirla si se vive con los demás.

2.- Contribuir a la formación del juicio moral. Ello implica la formación de personas capaces de orientarse y aprender a decir si o no, como dice Octavio Paz, en los procelosos e incesantes cambios, cuyo primado es el imperio de lo efímero, como afirma Lesec Lipovetsky.

3.- Y tomando en cuenta las perspectivas precedentes, los hombres y las mujeres de nuestro tiempo tendrán que trabajar arduamente para configurar una escala de valores Morales que nos permitan darle sentido a nuestras vidas, para que no se conviertan en prisioneras de un mundo sinsentido.