SEMBLANZA: RIGO LEWIS Y SU LEGADO QUE TRASCIENDE LA HISTORIA.

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Dueño de una memoria prodigiosa, detallista incorregible, conversador anecdótico e incansable así era Rigoberto Lewis Rodríguez, mejor conocido como Rigo Lewis.

Un artista cuya vida estuvo ligada durante 54 años al Carnaval de Mazatlán, fiesta de la que desde niño sintió una fascinación que lo llevó a la búsqueda de cumplir el sueño de formar parte indisoluble de la misma.

El jueves 9 de enero, precisamente cuando le faltaban escasos días para cumplir 54 años como partícipe de la fiesta falleció víctima de un derrame cerebral a la edad de 78 años.

No alcanzó  a ver materializados los bocetos que realizó para la edición de este 2014 denominada “Litoralia: La piel de mar”.

En los 116 años del Carnaval de Mazatlán no existe otro nombre que quede en la historia tan íntimamente ligado a la misma como el de Rigo Lewis.

Don Miguel Domínguez, vecino que vivió gran parte de su vida en la calle Ángel Flores, por los alrededores de la Carvajal recuerda con asombro como su vecino de barrio desde pequeño comentaba en la cenaduría de María Partida, con un lujo de detalles y una precisión asombrosa las vestimentas e indumentarias de los reyes y las princesas de aquellos carnavales de la década de los cuarentas y cincuentas; así como las ornamentas de los carros y carretones alegóricos.

Desde chico sintió esa pasión, y fue precisamente esa pasión la que lo hizo abandonar su carrera como cirujano dentista y su trabajo que durante catorce años desempeñó en el Seguro Social y en un consultorio que era todo un éxito en clientela, al grado que trabajaba hasta las doce de la noche.

En el periódico el Sol de Mazatlán, un 25 de enero de 2008, la destacado periodista Adriana Carlos le realizó una extensa entrevista reportaje, donde el popular Rigo narra ese paso decisivo en su vida:

“En un momento en el Seguro me cuestione sobre mi vida y me dije: Voy a estar encerrado entre cuatro paredes, con la luz que entra muy pegada al techo”, así que bajó a la planta baja, renunció.

“Ni siquiera recogí mi finiquito y yo podía haberme pensionado porque tenía una lesión en una de las vertebras. No lo hice, bastaba mi libertad, irme”, recordó.

Rigo Lewis siempre dijo, a propios y extraños, que el Carnaval era su vida y quizá su muerte, pues siempre le provocaba enorme tensión tener listos los carros para los desfiles y por su marcada obsesión por el detalle.

Precisamente a Adriana Carlos, le narró cómo fueron sus inicios en la construcción de carros alegóricos para la máxima fiesta de los mazatlecos: “Empecé oficialmente en 1960, pero yo había participado en 1956, cuando me descubre un gran director de Carnaval como fue el Ingeniero, Leopoldo Reyes Ruiz. Empecé por la puerta grande, haciendo y dirigiendo todo en la prepa para el desfile del 20 de Noviembre, y por el año 55, desarmando un carro en la escuela me llegó una guayina café con beige. Era la figura del ingeniero Reyes Ruiz que me buscó. Me daba mucho por la mitología y, en un momento, no me importó que fuera 20 de Noviembre, quería presentar algo y fue a Neptuno”, dice.

En su casa siempre se hizo la fiesta, recordó en cierto momento, señalando que “aquella plebe, sin alcohol y sin droga eran de Pro Cultura, una escuela muy diferente a la de ahora”.

Precisamente, el primer carro alegórico que construyó fue para la Reyna Lupita Rosete; misma que ya tenía un carro avanzado donde se representaba a unos caballos con cola de pescado, que mando destruir inmediatamente por medio de sus amigos; para imponer su propio estilo, un estilo que perduró por más de cincuenta años, tiempo en que se convirtió en una leyenda sobre la que versan miles de anécdotas, miles de historias.

Su obra permanecerá por siempre y que, hoy su familia tratará de preservar.

Descanse en Paz, Rigo Lewis y que allá en el otro mundo comparta su arte para deleite de quienes reinan en esas dimensiones.