PARA ALUMNOS Y PROFESORES

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Déjame que te cuente, muchacho, es una especie de lectura comentada del libro Ética para Amador de Fernando Savater. Un buen libro que habla de cómo vivir la buena vida. Sé que en la secundaria profesores y alumnos están leyendo esta obra; de todas maneras este comentario puede servirles como un complemento de su reflexión en clase; seguramente les ayudará a comprender mejor el mensaje que nos propone esta pequeña gran obra.

            Como no se trata de echarles un rollo, ¿otro?, sí, de esos que, a pesar de la sobrada energía que tienen, les producen un sueño del cual no quisieras despertar; como no quiero que eso ocurra, trataré de ir comentando este librito aquello que puede orientarles a vivir con dignidad, a la altura de tus mejores sueños. Si no logro este propósito, les propongo que este rollo, porque eso sería, lo echen a la basura, justamente donde la crítica roedora de los ratones suele ser demoledora. Todos párrafos entre comillas son de Ética para Amador, asimismo los párrafos con letras chiquitas.

SIN RODEOS MIS QUERIDOS AMIGOS, VAMOS AL GRANO.

Fíjense, por favor, en la siguiente advertencia autor: “Se puede vivir sin saber astrofísica, ni ebanistería, ni futbol, incluso sin saber leer ni escribir: se vive peor, si quieres, pero se vive. Ahora bien, otras cosas hay que saberlas porque en ello, como suele decirse, se nos va la vida.

Enseguida este autor español completa su advertencia, con una reflexión que la hace todavía más interesante: “Se puede vivir de muchos modos, pero hay modos que no dejan vivir. En una  palabra, entre todos los saberes posibles, existe al menos uno imprescindible:

El de que ciertas cosas nos convienen y otras no.

¿A qué se refiere el autor cuando nos dice que hay cosas que hay que saberlas, porque en ello se nos va la vida? No se refiere por supuesto a las matemáticas, que tan duros dolores de cabeza nos causan, aunque por supuesto es muy importante que sepamos matemáticas. A estas alturas, seguramente estarán ansiosos por despejar la respuesta. Pese a tu ansiedad, la respuesta es muy sencilla, pero en su sencillez, como dice Savater, se nos va la vida. De lo que se trata de saber, es lo siguiente, de nuevo con letras pequeñas:

… que ciertas cosas nos convienen y a lo que nos conviene solemos llamarlo “bueno” porque nos sientan bien; otras, en cambio, nos sientan pero que muy mal y a todos eso lo llamamos “malo”.

A la mejor la respuesta te pareció una niñería, y estarás a punto de exclamar: “Tanto rollo para una cosa tan simple”. Tal vez hasta estés tentado a echar este rollo a los ratones. Espérate, no me cuelgues, porque el asunto es más complicado de lo que parece; porque vivir en armonía con uno mismo y con los demás nunca ha sido fácil; y tú lo sabes, aún y a pesar de que estás viviendo, sobre ustedes alumnos,  sus primeros años. Ustedes saben, en efecto, a veces nos hacemos “bolas” y no en pocas ocasiones la regamos, pues hay cosas que nos convienen y a la vez no nos convienen. Menudo problema vivir, dejemos al autor que nos diga lo mismo con sus palabras:

Te recuerdo brevemente donde estamos. Queda claro que hay cosas que nos convienen para vivir y otras no, pero no siempre está claro qué cosas son las que nos convienen; aunque a veces no podamos elegir lo que nos pasa, podemos en cambio elegir qué hacer frente a lo que nos pasa.  A veces las circunstancias nos imponen elegir entre dos opciones que no hemos elegido: vamos, hay ocasiones en que elegimos, aunque preferiríamos no tener que elegir.

VIVIR O NO VIVIR, ESA ES LA CUESTIÓN.

            Es muy cierto, a veces nos ocurren cosas en que no sabemos qué hacer. Nos quedamos como estatuas de sal, queriendo, ¡ay!, que la tierra nos trague de un sorbo. Ya se los decía, vivir es una terrible dificultad, porque hasta cuando nos quedamos sin respuesta ante lo que nos pasa, estamos dando una respuesta, así sea escondiendo la cabeza como un avestruz. Tal vez te estén acordando de algo que les pasó, y se quedaron helados sin saber qué hacer.

Después de este rodeo, debo decirte que al final quién decide lo que haces y hasta lo que no haces, eres tú mismo; mal o bien, pero eres tu mismo, nadie puede decidir por ti. Tal vez por ello el poeta Amado Nervo exclamaba en un hermoso verso: Porque fui el arquitecto de mi propio destino/ vida nada te debo, vida estamos en paz. Dicho de otra forma: eres libre para decidir sobre lo que te ocurre y, a veces, hasta lo que puede ocurrirte. Porque de libertad se trata, es preciso afirmarte que estás condenado a ser libre, aunque a veces reniegues de la libertad. Pero la libertad, y sobre todo el buen uso de la libertad, tiene que ver con la confianza en ti. Por eso Savater, te lo dice con estas palabras:

Ten confianza. No en mí, claro, ni en ningún sabio, aunque sea de los de verdad, ni en alcaldes, curas ni policías. No en dioses ni diablos, ni en máquinas, ni en banderas. Ten confianza en ti mismo. En la inteligencia que te permitirá ser mejor de lo que ya eres y en el instinto de tu amor, que te abrirá a merecer la buena compañía.

Esto no quiere decir que te encierren en si mismos, mucho menos que no “peles” a nadie, o que no escuches las opiniones y consejos de tus padres y de tus buenos maestros; lo que quiere decir el autor es que, al final de oír a los demás, tendrás que escuchar a tu conciencia y, según lo que te dicte, habrás de decidir sobre tu vida. En ocasiones, tú lo sabes por que lo has vivido, no podemos consultar a nadie sobre cosas importantes que nos pasan, porque su respuesta requiere ser pronta… En estos casos, como en muchos otros, tenemos que vérnoslas con nuestras propias decisiones y…

 LA BRÚJULA EN EL CORAZÓN.

            ¿Ya los aburrí? Si quieres, puedes descansar un poco… A la mejor no estén cansados, pero sí confundidos. Y no es para menos. Sí es así, sobre todo porque no entiendes algo, entonces pregúntense entre ustedes para que salgan de sus dudas. Sea que se den un tiempo, o decidas continuar leyendo, te pido permiso para seguir comentando Ética para Amador. ¿De acuerdo?

Te he hablado de que estás condenado a la libertad, porque al final quién decide sobre tu vida eres tú mismo. También hemos dicho que decidir sobre lo nuestro, es muy complejo, que no pocas veces nos hacemos “bolas” y la regamos peor que un jardinero. Rebelde como eres, seguramente ya estarás pensando que no eres libre para decidir sobre ti mismo, porque existen costumbres y órdenes que tienes que cumplir.

Y yo agregaría que, aparte de esas cosas que nos imponen desde la sociedad, la escuela y la familia, y hay además cosas que brotan desde adentro de ustedes, como los caprichos, a los cuales a veces obedecen, nada más por darle gusto al gusto; sin pensarlo dos veces, sin medir las consecuencias. Es cierto, hay cosas en la vida que son una pesada piedra que tenemos que llevar en la espalda, pero aún estos casos, al final, siempre al final, cada uno de ustedes deciden si obedecen las costumbres, las órdenes o si malbaratas tu vida entregándote siempre a tus caprichos. Savater, te los explica de la siguiente manera:

En resumidas cuentas: puede haber órdenes, costumbres y caprichos que sean  motivos adecuados para obrar, pero en otros casos no tiene por qué ser así. Sería un poco idiota querer llevar la contraria a todas las órdenes y a todas las costumbres, como también a todos los caprichos, porque a veces resultarán convenientes o agradables. Pero nunca una acción es buena sólo por ser una orden, una costumbre o un capricho. Para saber si algo me resulta de veras conveniente o no, tendré que examinar lo que hago más a fondo, razonando por mí mismo. Nadie puede ser libre en mi lugar, es decir: nadie puede dispensarme de elegir y de buscar por mí mismo.

Y luego el autor, nos invita a pensar sobre lo que hacemos o lo que habremos de hacer:

No habrá más remedio, para ser hombres y no borregos (con perdón de los borregos), que pensar dos veces lo que hacemos. Y si me apuras, hasta tres y cuatro veces en ocasiones señaladas.

Cuando el autor habla de ocasiones señaladas, se refiere a las cosas importantes que tenemos que decidir sobre nuestras vidas. Tal vez por eso un sabio, muy sabio, en su día expresó: “Pienso, luego existo…”.

 DATE LA BUENA VIDA.

Ahora vamos a lo que más nos interesa: “¿Cómo vivir en realidad la buena vida? Si me permiten, les diré que no voy a darles, como lo hacen ciertos charlatanes de la tele, las reglas de oro para que triunfes en la vida. Eso tendrás que descubrirlo tú, acaso lo que puedo decirte es, no sin cierta timidez, que vivir la buena vida, nada tiene que ver con ser poderoso, rico o influyente, como mucha gente cree, sobre todo porque los poderosos, los ricos y los influyentes alardean de una buena vida que están muy lejos de sentir y muchos menos de vivir.

 Y continúa Fernando Savater:

Es cierto, como humanos necesitamos cosas para vivir, pero requerimos algo más que cosas para vivir la buena vida: necesitamos afecto, amor y respeto. El aprecio de los demás, como bien lo sabes, es el pan y la sal de la vida, que no se compran ni con todo el oro del mundo. Este tesoro sólo podemos tenerlo a través de las buenas relaciones con los demás: ser humano…, consiste en tener buenas relaciones con los humanos.

No se engañen, sobre todo los alumnos, y mucho menos dejen que los engañen, porque no todo lo que brilla es oro. Atiende, por favor y lee lo que nos dice Savater al respecto:

Para que los demás puedan hacerme humano, tengo yo que hacerles humanos a ellos; si para mí todos son como cosas o como bestias, yo no seré mejor que una cosa o una bestia tampoco. Por eso darse la buena vida no puede ser algo muy distinto a fin de cuentas de dar la buena vida a los que nos rodean.

Y miren qué dificultad, prácticamente hemos vuelto justo en donde empezamos: la buena vida que quieres para ti, depende de la buena vida que des a los demás. Ya sé, ya sé, que estás impaciente, y seguramente estarás pensando: “Este “consejillo” no sirve para nada, porque en muchas ocasiones he intentado ser bueno con cierta gente, y me han mandado al diablo y hasta se han reído de mi ingenuidad. Es muy cierto lo que piensas, no pocas veces recibimos maltrato de quiénes tratamos bien.

Es cierto, es muy cierto, pero por favor escuchen lo que nos dice el autor:

A veces uno puede tratar a los demás como personas, y no recibir más que coces, traiciones o abusos. De acuerdo. Pero al menos contamos con el respeto de una persona, aunque no sea más que una: nosotros mismos. 

En efecto, con todo, contarás con la admiración y el respeto de ti mismo. Porque de eso se trata: a veces nuestra humana convivencia recibe tratos inhumanos, pero seguramente sería peor hacer lo mismo, porque al ponerte al nivel de los ingratos, te rebajarían a la estatura de los granujas, y eso significa descender al escalón más bajo de la especie humana, es decir, cuando perdemos el respeto por nosotros mismos.

HUMANO, DEMASIADO HUMANO.

Por la expresión que tienen en la cara, seguramente te estarán preguntando algo que necesariamente te hubieras preguntado después. ¡Que bien que te lo preguntas ahora! Tal vez estés interrogándote: ¿Acaso cuando me hayan abofeteado tendré que poner la otra mejilla? ¿Acaso tendré que llevar una vida sacrificios tratando de agradar a los demás? No, no, que va. Nunca supongan, ni de juego, que te estoy proponiendo que pases una vida triste, atormentada, tratando siempre de ser el “buenazo” que sólo sirve a los demás para que se diviertan a sus costillas. A propósito nos el escritor de un montón de libros:

¿Te acuerdas que comentábamos que dar buen trato a los demás, era porque queríamos que se nos tratara de la misma manera? Aunque esta frase suene un poco egoísta, lo que damos de nuestra humanidad a los demás, lo hacemos, claro, por ellos, pero sobre todo, por nosotros mismos, porque nuestra humana dignidad, humanos al fin, desea que se nos aprecie, se nos respete y se nos ame.

No se trata pues, de poner la otra mejilla, ni poner  la cara de tonto, ni ser el hazmerreír o mandadero de algún chavo de malas maneras. Si te fijas bien, de lo que se trata es justamente lo contrario: lo que se requiere es “imponer suavemente” a los demás una relación realmente humana, haciéndoles ver que los tratas como quisieras que te tratarán a ti.

Recuerda que él que siembra vientos, cosecha tempestades. En todo caso, no olvides este verso de José Martí: cultivo una rosa Blanca/ en junio como en enero/ para el amigo sincero/ que me da su mano franca/ y para el cruel que me arranca/ el corazón con que vivo/ cardos ni ortiga cultivo… Al menos, por favor, no siembres la cizaña.

Por eso en la convivencia tienes que usar tu inteligencia y el instinto de tu amor, porque ello te hará ganar grandes amistades y amores profundos y duraderos. Ser justos en nuestra convivencia, es imprescindible: porque  por justicia  Savater,  entiende lo siguiente:

… la habilidad y el esfuerzo que debemos hacer cada uno –si queremos vivir bien- por entender lo que nuestros semejantes pueden esperar de nosotros.

Pero de la justicia que habla el autor, está llena de fraternidad:

Para entender del todo lo que el otro puede esperar de ti no hay más remedio que amarle un poco, aunque no sea más que amarle sólo porque también es humano…

¿Cómo la ven? ¿les parece interesante?  Como no me respondes, quiero suponer que no te has quedado dormido por culpa de este rollo. Sabes qué creo, que no me respondes porque estás muy concentrado en la lectura. Si es así, como así es, entonces vámonos al siguiente apartado. Se los juro, estoy casi a punto de terminar.

AMA A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO.

Nos dice la Biblia: Ama al prójimo como a ti mismo. Esta hermosa frase es una regla de oro que en su pensamiento y en su comportamiento deben tener presente, aunque tengas una religión distinta o no profeses ninguna. Lo que quiere decir esta frase es lo siguiente: que las raíces de la buena convivencia es ponerse en el lugar de tus semejantes. Difícilmente, como te decía anteriormente, puedes ganar afecto y  reconocimiento de los demás, y ello sólo es posible si, al menos por un momento, sientes la responsabilidad de comprenderles desde dentro, de adoptar su propio punto de vista, es decir,  amarle un poco. Ponerte en el lugar de los otros, consiste , según el autor:

Es hacer un esfuerzo de objetividad para ver las cosas como él las ve, no echar al otro y ocupar su sitio… O sea que él debe seguir él y tú debes seguir siendo tú.

Un dicho lo expresa así: sólo el que trae la carga sabe lo que pesa. Intenta, cuando menos un momento, echarte la carga al hombro, y verás qué en vez de juzgar y descalificarlos, comprenderás que es necesario echarles la mano, o cuando menos tratarlos con amabilidad. Recuerda que no todos somos iguales, y mucho menos nos pasa lo mismo en el mismo tiempo.

Precisamente por eso, no hagas a los demás lo que no desees para ti, es al menos otra regla de oro que debes observar en su tu vida que hoy empieza a despertar llena de promesas.

Elige lo que abre: a los demás, a nuevas experiencias, a diversas alegrías. Evita lo que te encierra y entierra. Por lo demás, ¡suerte! Y también…confianza, confianza en ti, por supuesto. Me despido de ti con una frase de Sthandal: Adiós, amigo lector; intenta no ocupar tu vida en odiar y tener miedo.