OBSERVATORIO

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Te pareces tanto al PRI

(con música de Juanga)

 

MARIO MARTINI

 

Todo comenzó el día en que Humberto Rice García pidió al reportero otorgar el beneficio de la duda al gobernador electo Antonio Toledo Corro con quien su familia había estrechado vínculos afectivos y empresariales. En ese instante se puso en marcha una de las más fascinantes intrigas políticas de la historia contemporánea de Sinaloa.

-Se trata de un gobernador originario del sur de Sinaloa y solamente por ello traerá muchos beneficios a esta región del estado tan olvidada y atrasada-, razonamiento que era suficiente y definitivo para el entonces cuarentón gerente de Distribuidora Rice.

Y efectivamente, aunque la geografía política de Sinaloa considera a San Ignacio en la zona sur, la verdad es que tanto Gabriel Leyva Velázquez como Rodolfo T. Loaiza, originarios de San Javier, poblado pintoresco de aquel municipio que da músicos como nopales, no tenían en la práctica afectos por el llamado sur-sur del estado, como tampoco los tuvo Juan S. Millán que desde muy joven dejó El Rosario para acantonarse en Culiacán. En cambio, los 3 atendían intereses del municipio donde se formaron e hicieron carrera política.

A fines de 1979, después de 18 años de intentos fallidos, el PRI y el presidente José López Portillo postularon al gobierno del estado a Toledo Corro que desde entonces defendió pírricamente su origen escuinapense para atajar versiones mal intencionadas de quienes juraban que su nacimiento había ocurrido más hacia el sur, en el vecino estado nayarita. Pero precisamente para enaltecer su origen estructuró la plataforma electoral de campaña con una frase esperanzadora: “¡La hora del sur!”

Don Andrés Cázares Camacho, postulado por el PAN, no fue pieza para la bien aceitada maquinaria del PRI que llevó a Toledo a la silla estatal con una votación absoluta, como había sucedido con quienes lo antecedieron en el trance, a excepción de Loaiza que tuvo que echar mano de uno de los fraudes más escandalosos de la historia política de Sinaloa.

Las familias Rice y Toledo tenían buenas relaciones de amistad y de vez en vez hacían negocios entre sus empresas: Toledo con Tractores de Occidente, representante de Jhon Deere, y los Rice con un amplio espectro de empresas dedicadas a las industrias naval y agrícola.

Pero aquella encomiosa petición del entonces gerente de Distribuidora Rice no pudo sostenerse por mucho tiempo, pues el “tigre de Escuinapa” empezó a cobrar facturas por 18 años de rechazos, traiciones y deslealtades. Abrió fuego graneado contra todo lo que se movía y colocó trincheras por todo el estado.

Francisco Ortiz Pinchetti, entonces reportero de Proceso, describió con agudeza lo que ocurría en el estado con Toledo Corro: “….logró en unos meses lo que ningún otro de sus antecesores: unir a todos los Sinaloenses, a todos en su contra…”

Efectivamente los sinaloenses vivieron episodios intensos de represión, a grado tal que el propio Humberto Rice decidió afiliarse al PAN y disputar en 1983 la presidencia municipal de Mazatlán. A partir de entonces inició la carrera política que en poco tiempo lo convirtió en una figura relevante de oposición en el noroeste de México, en la que mucho tuvo que ver la represión de Toledo Corro contra su candidatura y los negocios familiares. Incluso Rice estuvo a punto de parar en la cárcel por fabricadas irregularidades fiscales en El Colegio El Pacífico de su propiedad.

El PAN obtuvo el triunfo en las urnas, pero fue despojado de la presidencia municipal en otro fraude escandaloso y evidente. Aquél despojo alentó a Rice a crear cuadros y tejer estrategias para competir por la diputación federal en 1986 y luego nuevamente por la presidencia municipal en 1989. Al inicio del periplo encontró madera en un joven maestro que trabajaba en el Colegio El Pacífico. Era un modesto joven de La Noria que no levantaba la mirada del piso y cuyas limitaciones personales y profesionales quedaban impresas sobre la pizarra del aula.

Sin embargo, Rice vio la masilla que podía moldear a su gusto. Pulió su estado rupestre y lo metió bajo el ala con cordel y grillete a la pata. Con el tiempo tuvo que alargar fue la correa, pues el pupilo ya hacía cabriolas en busca de horizontes más amplios.

El noreño Alejandro Higuera Osuna fue creciendo con la tutela paciente de Rice, quien lo llevó a la arena política y sirvió en su esquina con las destrezas del Cuyo Hernández. Llegado el momento lo lanzó a la competencia electoral y en un giro sorprendente el alumno obtuvo la presidencia municipal en 1999, diez años exactos después de que Rice la había obtenido.

Vigente su lealtad con Rice por algún tiempo, Higuera Osuna fue madurando la idea de liberarse de su creador. No tardó mucho: en 2002 tuvo la oportunidad de deshacerse para siempre de su patrón, bienhechor, manager y hasta amigo. Como una cortesía al mentor, invitó a colaborar en su primer gabinete al ingeniero Humberto Rice Rodríguez, quien puso en el puesto la enjundia propia de la juventud y aunque estaba dando algunos resultados en la encomienda fue despedido sin más explicaciones por quien ya se perfilaba como el  “diablo azul”.

La deslealtad fue el camino doloroso pero eficaz para terminar definitivamente con el vínculo. Los Rice acusaron recibo del agravio y desde entonces fueron los más puntillosos críticos y adversarios del higuerismo en todos los campos. Cuando Oralia Rice Rodríguez ocupó la Secretaria de Turismo de Sinaloa por designación directa del gobernador Mario López Valdez, a quien Humberto Rice allanó el camino para que el PAN le tendiera la candidatura al gobierno del estado, Alejandro Higuera estaba nuevamente sentado en la silla de la presidencia municipal. Algunos atribuyen al “diablo” la malquerencia que se enquistó en algunos sectores empresariales y políticos que fueron suficientes para que Oralia dejara la posición.

Justamente quince años después de aquella relación que estaba a punto de turrón, los Rice e Higuera vuelven a verse las caras en una competencia que se mira desigual por amañada: Oralia Rice Rodríguez, primogénita de Humberto Rice y Conchita Rodríguez,  se inscribió para competir por la precandidatura del PAN a la diputación federal por el octavo distrito contra el diputado Martín Pérez, quien renunció a la presidencia del Congreso de Sinaloa, seguramente convencido por la Cosa Nostra de que tiene seguro el triunfo de la elección interna, luego el de la constitucional federal y más allá el de la presidencia municipal en 2016.

Con un palmarés de 5 triunfos y una sola derrota en 15 años, Higuera Osuna fue tejiendo al interior del PAN sólidas y sórdidas complicidades, con el aliento de los priistas Juan S. Millán, Mario López Valdez y Martín Heredia, ahora uno de los consentidos de Gustavo Madero, quien con el descarrilamiento de Margarita Zavala y la publicación de las candidaturas plurinominales de partido –los que van en caballo de hacienda sin necesidad de fuetear al cuaco- demostró quien es el mandamás en el Comité Ejecutivo Nacional panista.

Pero en esos tres lustros Higuera también incubó rencores de quienes atropelló, desplazó o no incluyó en el reparto de prebendas. Su última aparición electoral reafirma que el brillo se pierde con la sobre exposición, el tiempo, las acciones y la soberbia que desata el poder.

Otra mala jugada del destino puso frente a frente a estos personajes que, quiérase reconocer o no, contribuyeron en su momento a la alternancia política y abrieron brechas para que transitara la democracia. Otra vez se verán las caras –es un decir-  en el viejo enfrentamiento político que hace  casi 3 lustros provocó que la lealtad -que en política se trueca por las delicias del  “rendimiento electoral personal”- saliera huyendo por la ventana a la primera oportunidad.

Queda la esperanza a la familia Rice  que los electores panistas –cuyo número oficial es de aproximadamente 2 mil 400 en los distritos 6 y 8- castiguen con su voto el brinco de una liana a otra, sean convencidos de que vale la pena recuperar los principios de doctrina de su partido y abran la puerta a cuadros que renueven a un partido que nada tiene que envidiar al PRI en cuanto a las malas prácticas que tanto criticó.

Se ve difícil porque no hay gavilán que suelte ni cetrero que libere. Queda en los panistas tomar la decisión.

paralelomm@gmail.com