NO HABRÁ LINCHAMIENTOS

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Luis Antonio Martínez Peña.

Esa ha sido la respuesta que el presidente municipal de Culiacán Aarón Rivas y el gobernador del Estado Mario López Valdez han dado a los cuestionamientos que realizan los reporteros que atienden lo relacionado a las contingencias provocadas por la tormenta tropical Manuel. Ambos funcionarios se mueven en el ámbito del quehacer inmediato después de la contingencia. Se les ve en zonas afectadas, encabezan actos de recolección de víveres para los damnificados, realizan campañas de limpieza, acuden a las reuniones de las autoridades federales cuando el presidente Enrique Peña Nieto, el secretario de gobernación Miguel ángel Chong Osorio, han venido a evaluar los daños en Sinaloa.

No buscar habrá linchamientos de exfuncionarios. Ni se fincaran responsabilidades a los personajes que desde hace dos sexenios han gobernado a Sinaloa y dictado los lineamientos para el desarrollo urbano de las ciudades sinaloenses. Tampoco se habrán de fincar responsabilidades a empresas constructoras ni mucho menos se habrá de investigar cómo fue que habiendo un Atlas de Riesgo las autoridades no supieron dar respuesta a la contingencia. Nadie es culpable, nadie es responsable y el tamaño del fenómeno hidro meteorológico se impuso, cuando la naturaleza se impone solo Dios puede ayudarnos.

Cuando suceden estos fenómenos es recurrente hablar de cambio climático y de cosas tamaño mundo y luego vienen las comparaciones y minimización  de nuestra tragedia de frente  a los tsunamis que han asolado las costas asiáticas, a los ciclones del Golfo de México que han afectado al sur de Norteamérica y la gran tormenta atlántica que asoló las costas del este norteamericano. El calentamiento global se dice y con eso se oculta un dato primordial. Las temporadas ciclónicas en Sinaloa y la costa del Pacífico en México son anuales, son permanentes, no afectan a un solo lugar en específico, pueden ser de comportamiento errático, pero la prevención no está de más, y cuando vemos que éste fenómeno de ciclones forma parte de nuestras contingencias estructurales, no debemos buscar excusa ni pretexto. Ciclones habrá con o sin calentamiento global, así han estado presentes a lo largo de la historia.

En los últimos 15 años nuestras ciudades en Sinaloa, como en todo el país, conozco las ciudades de Aguascalientes, Colima, Querétaro, Tepic, todas, sin excluir por supuesto a las megalópolis de México, Guadalajara o Monterrey; todas, han sufrido el boom de construcción que se expande fuera de sus límites tradicionales. A las ciudades y a su espacio y límite tradicionalse le agregan nuevas y grandes vialidades, anillos de circunvalación, libramientos y con ello se abre a la especulación una enorme cantidad de antiguas reservas territoriales. Esta expansión acompañada de nuevos desarrollos habitacionales exclusivos, fraccionamientos de interés social, áreas comerciales, centros recreativos con grandes áreas asfaltadas o pavimentadas para estacionamiento, torres de condominios con pretensiones de exclusividad , nuevas áreas de exhibición y venta de vehículos llamados “corredores automotrices” etc. Han venido acompañadas de una serie de irregularidades avaladas por el argumento del progreso, la atracción de inversiones y otras virtudes que los gobernantes municipales y estatales no cesan de exclamar y de hacerse presentes en la colocación de primera piedra, corte de listones y misa de inauguración.

Tal nivel de crecimiento urbano ha sido desproporcionado y rebasa en mucho la capacidad de respuesta de los ayuntamientos y de los organismos para municipales o federales encargados de ampliar las redes de energía eléctrica, agua potable, drenaje, recolección de basura, transporte público y seguridad policiaca. La extensión de la nueva ciudad hace que en muchos de sus aspectos, grandes áreas de la misma se vean o se sientan ajenos a las dinámicas de la vida municipal y ciudadana. El uso del automóvil ha crecido exponencialmente y aun aquellas grandes avenidas se ven rebasadas y padecen embotellamiento vehicular en horas pico.  

En la necesidad de atraer progreso y dar paso a proyectos empresariales y de inversión en la construcción, muchas cosas son pasadas por alto y aquí está el punto que lo mismo que aplica para Acapulco zona Diamante, puede aplicar para Culiacán y su desarrollo urbano Tres Ríos y Mazatlán con sus inundaciones frecuentes en la Zona Turística y en los nuevo sitios de desarrollo comercial. Los terrenos donde se construye no cubren  requisitos básicos, son humedales, cauces de arroyos y ríos que se suponen secos desde una eternidad y se da por entendido que ya no se inundará cuando la evidencia de lodos acumulados en humedales, lagunas, piedras de arrastre, arena y lodo duro en el caso de los arroyos y ríos “secos” nos indican lo contrario y, que si alguna vez esos materiales llegaron ahí, fue por la fuerza de arrastre de una gran inundación o lluvia que en su momento trastocó y sometió a duro trance a la sociedad y autoridades de aquellos años.

En Culiacán, junto a las fotografías de la presente inundación aparecen las imágenes sepia de la inundación de 1917  y por ahí hay recuerdos de inundaciones posteriores. Recuerdo que en los años 90 vi en Culiacán la calle Aquiles Serdán convertida en un gran arroyo con arrastre de piedras que provenía de los barrancos del sur de la ciudad. Hoy el Infonavit Barrancos ubicado en aquella zona se vio afectado por la inundación y la calle Aquiles Serdán recuperó su condición de arroyo con agua, lodo y piedras que arrastró carros e inundó casas hasta verter sus aguas en el río o en el boulevard Niños Héroes o viejo malecón, que no es otra cosa más que una extensión “ganada” al lecho del río Tamazula.

 En fin cualquier cosa que se haya construido en esta zona por efectos de esta inundación dejará de ser atractiva comercialmente y su plusvalía se habrá perdido. No creo que los propietarios de una casa habitación en el exclusivo residencial Isla Musala vayan a tener la oportunidad de recuperar su dinero al querer deshacerse de sus propiedades. En Mazatlán los habitantes de las colonias López Mateos, Alameda,  Flamingos y otras más no pueden obtener gran cosa de la venta de sus casas aun y cuando gocen de la cercanía del mar, zonas comerciales, y ubicación geográfica central, sus casas no valen y sus pertenencias cada vez que hay lluvias se pierden, los problemas de drenaje y rebosamientos de aguas negras son permanentes y eso no es recomendable para el bolsillo y salud de ninguno.

Finalmente, podemos encogernos de hombros y decir que así seguiremos mientras haya los permisos oficiales para construir donde sea en aras de “progresar” y el suficiente dinero o financiamiento para construir ahí donde alguna vez vimos una marisma inundada o donde  las vertiginosas corrientes de los arroyos y de los ríos arrasaban con casas y animales.

 Así no se puede fincar responsabilidades y por ende encontrar culpables y hacer sentir en ellos el peso de la ley, aunque todo mundo señale y a soto voce digan los nombres de personajes de la política y de los prohombres de negocios que generosamente se han enriquecido en esta tierra de promisión  que se llama Sinaloa. Sin embargo, a nivel federal, la Presidencia de la República, la Secretaría de Gobernación y el poder legislativo  se oyen voces fuertes que reclaman explicación y castigo para quienes han permitido éste tipo de cosas. Cómo dijo aquél: ya veremos.

Por lo pronto el gobernador se fue a Colombia a traernos los cruceros, ojala que así sea y que de  nos lleguen unos dos barco de aquí al fin de año, porque si no…