MOTOS, ESOS CHAMUCOS.

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ELIO EDGARDO MILLÁN VALDEZ.

Es la historia de las motos y también de sus jinetes

Porque aquéllas están hechas de extrema fragilidad

Es por eso que sus guías le rinden culto muerte

Es la historia del desmadre disfrazado de ciudad.

No puedo decir que todo tiempo pasado fue mejor y menos referirme a los años aquellos en que todo mundo andaba a caballo, en carreta o en sus típicas calesas porque uno podía morirse de monotonía; sí, de ese tedio que te provoca que el corazón de se vaya paralizando a pausas hasta quedar sin movimiento en manos de la parca; por más que Fidel Velázquez haya dicho que el que se mueve no sale en la foto.

Pero no me cabe la menor duda que la construcción de Mazatlán, al través de muchísimos años, fue concebida para que los ciudadanos anduvieran a pie o fueran traslados por tracción animal, sin agraviar, o en la era en que los automotores era un privilegio de los ricos. Sus calles son estrechas, su aforo vehicular se ha triplicado de los años 70s a la fecha y ello ha provocado un grave caos vial en las horas “pico”, aunque sus conductores carezcan de tal.

 

LA ESTRECHES DE LAS CALLES/ESTRECHES DE MIRAS.

Esta estrechez de las calles y lo anchuroso del parque vehicular hacen desesperar y temblar al más consumado conductor, especialmente a aquellos que tienen horas fijas para llegar a su trabajo y para los que su tiempo es “oro molido”: taxistas, camioneros y demás agentes cuya vida depende de llegar a tiempo a una cita, a una entrega de comida rápida. A ello hay que agregar que los jóvenes viven presurosos por llegar on time en procura del oscuro objeto del deseo.

Todo ello conforma un caos vial; pero se transforma en tormenta perfecta los fines de semana a secas, los fines de semana largos, las carnestolendas y la purificación del espíritu por el uso (in)debido de carne. Y a todo eso le agregamos que somos por derecho un puerto donde Baco y Dionisio suelen arrodillar al alcoholímetro con sus borracheras y sus danzas, entonces la tormenta es más que perfecta, sobre todo si agregamos, como veremos, a las motos y a sus motociclistas.

 

MOTOS Y MOTOROLOS

Parafraseando a Calderón, las motos son una peligro para Mazatlán, pero no sólo. Hay dos elementos estructurales y por lo menos dos contextuales para tal desaguisado. 1) Las motos por estar a medio caballo entre los carros y las bicicletas, las convierte en el vehículo peligroso, pues pueden adquirir la velocidad de un automóvil, pero mantienen la estabilidad inestable del invento de Carl Drais, para algunos; para otros, de Pierre Lallement.

2) Además los conductores de motos absorben más aire en los pulmones que el resto de los choferes. Ello les produce una sensación de “libertad” que, por lo general, se traduce en una mayor aceleración de ese vehículo, circunstancia que los hace más proclives a los accidentes; a lo que se agrega su peligrosa fragilidad, como se dijo anteriormente

VAYAMOS A LAS CONTEXTUALES.

1) Si las motos son un peligro per se, lo son más porque los conductores de coches, si bien no todos, consideran a esos artefactos como vehículos de segunda o tercera categoría, y no pocos

cafres suelen echarles encima sus automotores o simplemente no les respetan el espacio que ocupan en las calles y callejones por donde transitan y no pocas veces los arrollan.

 

2) Pero si aquella actitud es producto de conductores imbéciles, también los motociclistas actúan como tales cuando se producen embotellamientos. En esos atascos motorifes se atreven a transitar por los minúsculos espacios que quedan “vacíos”; a sabiendas que en ese mortal zigzagueo pueden ser arrollados porque todos los atascos vehiculares generan arrancones de muchos conductores que intentan ganar tiempo rebasando por los carriles laterales.

UN ASESINATO QUE NO TIENE QUE ESCONDE AL RESPONSABLE.

Se dirá que los accidentes de los motociclistas son responsabilidad de ellos o de los conductores de automotores, y esto es cierto. Pero hay quienes ocultan el rostro: los dueños que venden comida rápida a domicilio en motocicletas. Estos señores les exigen a los muchachos tiempos cada vez más cortos para la entrega de sus productos, circunstancia que los manda prácticamente a la muerte, y ellos tan campantes. A muchosde los muchachos “contratados” no se les paga una salario y trabajan por la propina que les arrojan sus clientes y carecen por lo general de Seguro Social. Ya ni la…

Y para acabarla de acabar: ahora con el Cero Tolerancia los tránsitos la han tomado contra los motociclistas pobres, quizá porque al perro más flaco se le recargan las pulgas. Ya debe terminar esta infausta persecución y en algunos casos extorsión deliberada. .

Elioedgardo11@hotmail.com