Los Organillos, Tradición que No Muere

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*Subsisten unos 150 organilleros

*Viejos aparatos musicales

José Quintero, enviado especial

Cansados, agobiados por el tráfico de la gran ciudad de México, y por andar cargando un organillo que pesa unos 45 kilos, unos 150 “organilleros” se niegan a dejar ese oficio, que ha sido en muchos casos herencia de los padres. Para el turismo nacional e internacional es sorprendente ver cómo unos hombres, también mujeres, le dan vuelta a un viejo aparato y se escuchen bonitas melodías de antaño y modernas.

Es una tradición que se ha negado a morir en México, que llegó en 1880 con los primeros organillos. Esta actividad que se popularizó desde principios del siglo XX, en el Porfiriato, sobre las estrechas calles del Centro Histórico, con organillos o cilindros importados de Alemania, se ha convertido en los años recientes en una alternativa de trabajo para estudiantes de diversas disciplinas o profesionistas desempleados.

Todos los organilleros visten camisa y pantalón beige, con una clásica gorra del mismo color; diariamente se distribuyen en el primer cuadro de la gran ciudad y manos en manivela tocan las coplas del repertorio musical; mucha gente les saca la vuelta y no les dan el peso o las escasas monedas.

Son varias melodías que se dejan escuchar, entre otras: Las Golondrinas, Las Mañanitas, La Vikina y Cielito Lindo, que con su nostalgia remontan a los tiempos idos.

«Todas las melodías tienen que llevar un ritmo, no se trata de mover la manivela, tienes que sentir la música», dice una joven que apenas puede cargar el pesado aparato, pero con ello ayuda al ingreso familiar. No tienen prestaciones laborales.

Con su organillo a cuestas, Rogelio Huerta Velásquez, desde hace medio año se convirtió en el discípulo de su padre. Con estudios de contabilidad, recurrió a este oficio cuando la empresa en la que trabajaba cerró sus puertas.

Dice la Enciclomedia que en México esta tradición persistió en base a particulares que se hicieron de grandes números de instrumentos, los cuales rentaban a particulares para que hicieran algún dinero, de estos el caso de ‘’’Pomposo Ganoa’’ quien llegó a adquirir hasta 250 organillos alrededor de la década de 1930, cuando se dejaron de fabricar en Alemania, con el paso del tiempo varios de estos instrumentos se usaron como fuente de refacciones, se vendieron a coleccionistas o fueron robados.