LOS BABE BOOMERS EN LA ISLA DE LA PIEDRA

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HIPPIES E INDIOS A CORAZÓN ABIERTO

EO: ELIO EDGARDO MILLAN

Tomamos una lancha que nos llevó a la Isla de la Piedra. En la travesía sufrí un leve mareo como los pescadores primerizos, tal vez porque el mar estaba “picado”, a tal grado que algunas ráfagas de agua nos salpicaron e hicieron que el frío que azotaba al puerto se hiciera más ardiente. Luego de arribar al muelle, con las cámaras en ristre, iniciamos el viaje a pie entre arena, baches y superbaches. A lo lejos el sol que se asomaba por debajo de la falda de una nube, se reía a carcajadas de nuestro infortunio. 

De repente tuvimos frente a nosotros una mar intensa, que figuraba un escampado hermosísimo de aguas azules y rocas con jorobas de camello; arriba gorjeaban una parvada de gaviotas. En la orilla de la playa nos esperaban unos hippies con los que platicaríamos largo y tendido. Eran sobrevivientes de los tumultuosos años sesenta, a los que genéricamente solemos llamar babe boomers. Aunque vienen de Estados Unidos y pasan en promedio por lo menos 6 meses en Mazatlán, “no son de aquí ni son de allá y ser felices es su color de identidad”.

EO. Después de presentarnos y alisarnos el pelo para estar en forma, disparamos la primera pregunta a Jim: ¿cómo se siente ser hippie después de más de 50 años de este fenómeno?

               Jim. He estado viniendo por 15 años aquí a México. Entonces era un hippie joven y guapo. Es cierto, ya no soy tan guapo como antes,  pero tengo un corazón muy joven a pesar de todo. Yo no crecí viejo como esos hippies que se regresaron para ser chicos plásticos que van por ahí consiguiendo miles de dólares en Wall Street, como Jerry Rubin, el “gran” hippie, que ya está muerto en vida y muchos otros que no quisieron seguir el sueño que teníamos, porque no tuvieron los arrestos para experimentar muchas otras cosas que la sociedad conservadora prohíbe. Con el tiempo se rindieron. Yo soy una parte de esos hippies que no se han rendido.

 

EO. Hay hippies que “vagan” por este mundo llevando y trayendo sus valores, a pesar de que tienen menos pelo, más panza, pero conservando aún la misma sonrisa y la misma esperanza. Amigos, ¿Siguen oyendo y bailando rock y fumando mariguana?

Jannis. Sí, claro que escuchamos rock and roll, comemos marihuana y hablamos del museo de Woodstock, y de cómo el aceite de gem es mejor que la marihuana. Pensamos  además que la mariguana debería legalizarse y así ganar la guerra contra las drogas; porque ésta es una experiencia social que te hace sentir más creativo, no como el alcohol. La marihuana es más recreativa que otras drogas que hay alrededor del mundo. 

Yo soy hippie pero también soy la niña flor. Ser hippie es un estilo de vida. Los hippies son gente que se viste de muchos colores;  por eso nos encanta México, porque es un lugar de muchos colores y de muchas fiestas. Un hippie nunca envejece –nos dice al tiempo que nos muestra las flores que la engalanan tras hacer un giro corporal de jovencita-. Todos deberíamos estar dispuestos para mantenernos jóvenes. Yo voy a cumplir 66, y no me siento vieja, tal vez porque paso mucho tiempo en la playa nadando, pescando y algunas veces tomo baños de sol desnuda. Tenemos una vida feliz, porque no nos convertimos en máquinas de trabajo con una jornada de nueve a cinco; en vez de ese infierno hago música, arte y otras actividades recreativas Al concluir nos hizo la “V” del “paz y amor” (o, si ustedes quieren, de la Victoria).

EO. Amigos, ¿cómo los ven sus familias? ¿Qué les dicen sus hijos, sus familiares, sus viejos amigos de andanzas? ¿Acaso no les dicen: “oigan viejitos no hagan el ridículo,  envejezcan dignamente”?

Alba. Me siento orgullosa; aunque no me considero completamente hippie, porque soy india; pero los indios son como los hippies, son liberales y viven como nosotros en contacto con la naturaleza. Por lo demás nadie me dice: “¡Ay! tu pelo, cambia de estilo de vida” y tampoco me dicen viejita; seguramente me tienen respeto porque soy india. La vida es muy buena en México: vamos al mar todos los días hasta que el sol nos levanta el corazón. Aquí en México es una vida muy bonita, muy tranquila. En estas tierras puedes hallar tranquilidad y también hay muchas fiestas.

En la charla le toca el turno a un indio norteamericano, que porta una melena negra reluciente en la que se esconde la reserva que tiene a las cámaras.

EO- Para quitarle el rubor le preguntamos: ¿Dinos si aún existe discriminación de los indígenas en Estados Unidos y, por supuesto, qué se sienten los hippies de los años 60 que ahora frisan los 60 y tantos años…?

Withe Horse. Mira, hay 7 millones de hippies en el mundo. Los hippies tienen una ventaja: se tiene sexo pero ya no podemos tener niños. Hoy los Indios en los Estados Unidos se están divirtiendo más, hacemos fiestas, ceremonias. Hoy nuestros viejos afirman que los hippies van a venir a ayudarnos a curar otra vez al mundo para que esté en equilibrio. Creemos que los hippies también son indios, pero ellos nacieron con el cuero blanco y tienen, como nosotros, un gran corazón, porque los hippies tienen mucho amor. La marihuana es únicamente medicina que los Yoguis de la India comenzaron a fumar para meditar.  La mariguana tiene una historia sagrada. Los indios la fuman para estar en paz consigo mismos y con el mundo. No sé porque esta yerba tomó una historia tan fea, cuando la mariguana comenzó siendo sagrada.

Yo le digo al Espíritu Santo que ya es tiempo de ver a la mariguana como medicina para dar paz a los jóvenes y a los viejos. La gente la necesita, es mejor que el Prozac y que las medicinas que  nos da el doctor. Se me hace que el mundo está listo para algo tan sagrado como la marihuana, es como el viento que nos da vida, como el oleaje del mar que nos muestra nuestros orígenes sagrados…

EO. Los hippies están hechos de música y de mariguana. ¿Por favor cántenos  a los mazatlecos la canción rockera que más les haya encantado cuando eran más jóvenes?   

Jimmy. (Ni tardo ni perezoso se paró, adquirió el rostro de Jimi Hendrix, alisó el galío, y, para nuestra sorpresa, nos soltó de su ronco pecho una canción mexicanísima, al son de unos pasitos al estilo de los años 60):

¡¡¡La cucaracha la cucaracha/ ya no puede caminar/ porque le falta porque no tiene/ marihuana que fumar…..!!!

¡Qué rola tan, pero tan rockera se aventó mi querido Jimmy… Todavía no terminaba de felicitarlo por su audaz impertinencia… cuando a todos nos ganó la risa. De veras todos empezamos a reír a carcajadas. Y de las carcajadas empezamos a bailar todos al son de canciones, ahora sí rockeras que se alternaba con danzas indígenas. Y precisamente en esos menesteres, como diría Sabina, “el malo era yo”. No sé, pero duramos bailando como quince minutos, para sorpresa del respetable que pasaba por ahí, al mismo tiempo que una pandilla de buitres volaba por nuestras cabezas no sé con qué aviesas intenciones.

EO. Una vez que el baile y la danza terminaron, nos abrazamos y juramos que el mundo sería nuestro, como exigía en su tiempo Jim Morrison al grito de “We want the world…” porque mientras el verde de los hippies y los indios existiera, este mundo gris tendría remedio. El show al aire libre terminaba y había que darle matarile a la entrevista, así que nos fuimos a la última pregunta: ¿Seguramente ustedes se irán de Mazatlán cuando pase el frío? ¿A dónde irán?

Withe Horse. Nosotros nos vamos a ir a nuestras casas que están en una reserva de indios en las afueras de Tucson, Arizona. (Esta respuesta fue lacónica, ceo que revelaba una profunda tristeza.)

EO. ¿Y ustedes hacia dónde se marcharán, Jannis? (le cuestionamos a la hippie que para esos momento lucía flores por doquier)

Jannis. Usualmente vivimos en la Isla de la Piedra cinco meses durante el invierno. Este año iremos a Australia, que es la ciudad hermana de Woodstock en  Nueva York, el pueblo hippie más grande del mundo, pues tiene 210 comunidades hippies que viven rodeados de amor, donde tenemos jardines orgánicos, energía solar, una vida sencilla, mucha marihuana.

Tenemos una vida muy satisfactoria y siempre llevamos con nosotros los documentales y comparamos las dos ciudades hermanas. También  tenemos planes de ir a China y Vietnam. Recuerda estuvimos en contra de la guerra de Vietnam en los sesentas, y ahora vamos a visitarlo porque también hay ahí paz y amor. Esperamos traer cosas de Vietnam y China, y mostrar la paz que hay en ese mundo.  

Jim. Quisiera decir un poco más, pero ella ya ha dicho todo lo que yo quería decir. Cuando vayamos a Australia celebraremos el 40 aniversario del festival Acuario, es un festival que tiene desde 1973, es como la ciudad Woodstock de los años sesentas. Y te diré por qué viajamos tanto alrededor del mundo: es porque nosotros somos el verdadero espíritu hippie, y lo que queremos es expandir la paz, porque la paz es la respuesta y el amor es el camino.

EO. Muy bien, pues Editorial Odisea les da las gracias y les desea buenas vibras en el camino. (Y ya fuera de cámaras estuvimos charlando un rato más. Los zopilotes seguían ahí disfrazados de gaviotas, entonces les apuré a que rompiéramos filas, no vaya a ser, les dije en “spaninglish”, que le vaya a coger un resfriado al equipo viejo de Odisea  porque a sus años un catarrito puede convertírse en pulmonía. Les dijimos adiós con la “V” de la Victoria y nos respondieron “ojalá que volvamos a vernos…”