LO SUCIO DE LAS GUERRAS SUCIAS

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ELIO EDGARDO MILLÁN

Invirtiendo la frase de Clausewitz, la política sería la continuación de la guerra por otros medios. Y si a esa frase le añadimos el adagio popular de que en el amor y en la guerra todo se vale; entonces las puñaladas traperas pueden perpetrase a cualquier hora de cualquier día.

Desde esta perspectiva, las campañas electorales, donde los candidatos a denigrar a sus adversario, estaría plenamente validadas, pues parten de una premisa: “El fin justifica los medios”. Dicho de otra forma: en el proceso electoral reinaría la ley de la selva”; pero convertida en saliva y con golpes en oscurito.

Y ello a pesar de las restricciones normativas al respecto. Apropósito en el INE se estableció que en la propaganda (…) electoral que realicen partidos y candidatos deberán abstenerse de expresiones que denigren a las instituciones y a los propios partidos o que calumnien a las personas…

Veamos tres formas en que se expresa la campaña de los candidatos:

1.- Algunos candidatos se presentan ante los ciudadanos como perros recién molonqueados; es decir como víctimas de un complot que busca descalificarlo. Este proceso de victimización quiere provocar la compasión de los electores para atraer sus votos a través de exhibirse como el “bueno” que quiere ser perjudicado por los “malos”.

2.- Anticipar un megafraude, con los ojos rojos de aparente rabia sin mayores elementos, excepto aquellos que emergen de las teclas rijosas de uno o varios escribanos y atrabilliarios asesores. Estos próceres buscan que sus contrincantes les tiembles las corvas y se amilanen.

3..- Otros aparentan cierta la pulcritud en su campa, pero por debajo de cuerda, anuda, ensaliva y tira todas las descalificaciones habidas y por haber sobre uno de sus adversarios; pero además se destaca como campeón en el arte de los acarreos.

Pero porque puedo estar equivocado en mis apreciaciones; propongo las siguientes medidas cautelares:

1.- Que el INE y el TEPJF empiecen a desempolvar sus lupas, lentes y linternas para que encuentren de perdida los indicios del megafraude electoral, porque con ello le harían un gran servicio a los mexicanos, porque por donde quiera respiramos y suspiramos trapacerías y prevaricaciones.

2.- Que lo que habla y hace en lo oscurito o por interpósitas personas, también en lo oscurito, se lo diga y se lo demuestre a su adversario con pelos y señales en el debate que se avecina; toda vez que sus pruebas le harían un inmenso favor a los sinaloenses, ay, tan necesitados de transparencia.

3.- Pero ambas instituciones que demuestren con pruebas sus acusaciones se les multe para que nos anden de hablantines, en vez de esbozar un programa propio de un estadista.