LA REGIÓN DEL SUR DE SINALOA

0
84
RosarioSinaloa.jpg

 

EL INFIERNO QUE LLEGÓ PARA QUEDARSE.

ELIO EDGARDO MILLÁN VALDEZ.

La interacción de los municipios sureños permitió, a través de sus diversas actividades un círculo virtuoso, a tal grado que para finales del siglo XIX eran los que aportaban el mayor crecimiento económico en Sinaloa. Al iniciar el siglo XX, la región sur de Sinaloa está plenamente incorporada al mercado norteamericano: más del 50% del comercio exterior se realizaba con la nación del norte y era económicamente era la región la más importante del Estado. Concentraba la mayor parte de la producción minera (el 85% del valor en 1907),  el 83% de la industria establecida,  el 90% del comercio exterior y el 95% de las actividades financieras. Asimismo, concentraba el 32.6% de la población estatal y tenía los principales centros urbanos de Sinaloa, excepto Culiacán. (La economía del sur de Sinaloa: 1910-1950. Rigoberto A. Román Alarcón)

 

No obstante que la agricultura desde antes ocupaba la mayor parte de la población económicamente activa de Sinaloa (el 50% en 1895 y el 72% en 1910), no fue sino hasta la primera década del siglo pasado, cuando el valor de la producción agrícola superó a las demás actividades productivas. La participación del sur de Sinaloa tuvo una tendencia decreciente durante el porfiriato, del 53% del valor agrícola estatal que tuvo en 1881 bajó al 21% en 1927. Igualmente, cabe hacer la aclaración que el desarrollo agrícola sinaloense posterior a 1910 y, sobre todo con la construcción de la infraestructura hidráulica después de 1940, cambio las coordenadas que permitían la superioridad económica del sur con respecto a las otras regiones del centro y norte de Sinaloa, porque al mismo tiempo decayó la producción minera en la geografía sureña. (Misma Fuente)

EL SUR DE LOS FASTOS A LA DECADENCIA.

Desde esos días a la fecha “La legión sur de Sinaloa es una región de papel o una metáfora, porque si bien cada sexenio gubernamental el sur de Sinaloa ha cambiado;  pero solamente en la Ley de Planeación, pues todavía hoy no se puede encontrar una instancia político administrativa donde pueda ubicarse esa presunta región, a pesar de haberlo propuesto en los foros para la elaboración del Plan Estatal de Desarrollo desde el año 2000, pero esto ha ocurrido desde muchos años antes, esta promesa de transformación de nuestra región fue anunciada por los distintos gobernadores sucedieron al actual, con una frase breve, pero grandilocuente: “Llegó la hora del Sur…” (La construcción de la región sur de Sinaloa. C. Arturo Corrales Montaño)  

Lo que encontramos hoy son un grupo de municipios, indica el mismo autor, que en lugar de buscar complementariedades que generen sinergias, encontramos competencias intermunicipales, pero no el pregonado “desarrollo regional”. Pero habrá que decir que en la actualidad no tenemos, como hasta la primera mitad del siglo XX, una región sur del estado de Sinaloa. Tenemos, hasta donde es posible afirmarlo, municipios y cabeceras municipales girando sobre su propio eje, en condiciones de pobreza, al grado que sus municipios se hallan en problemas hasta para pagar la nomina de los funcionarios municipales. (Misma fuente)

¿ESTA POR LLEGAR LA HORA DEL SUR?

 De pronto pareciera que está circunstancia de polvo y el olvido en la que sobrevive la región sur de Sinaloa está a punto de ser remontada. Según las voces más esperanzadas han señalado: En los próximos años, en efecto, se construirán las presas Picachos y la Santamaría, que irrigarán más de 35 mil hectáreas que ahora son de temporal; se creará asimismo el corredor turístico desde playa Espíritu hasta Cosalá, teniendo como centro a Mazatlán;  este corredor sin lugar a dudas ampliará las ofertas de turismo de sol y playa que ha ofrecido Mazatlán tradicionalmente. Pero sobre todo la región sur seguramente se potenciará con la conclusión de la carretera Mazatlán/Matamoros que conectará a nuestra región con los estados que producen el 22% del PIB en nuestro país y, por supuesto ampliara con la conectividad que tendrá con Asia, Norteamérica y Europa.

No obstante estas posibilidades podrían concretarse en un tiempo relativamente largo, sobre todo porque nos hemos quedado retrasados, sino paralizados, con respecto a las obras de infraestructura que se requieren, como por ejemplo, la portuaria, la industrial, la logística  la urbana, entre otras; con el agravante  de que la viabilidad de Playa Espíritu está en entredicho, pues no sólo tiene impugnaciones por problemas de impacto ambiental, sino también por las reticencias del gobierno federal que, al parecer, ha puesto sus ojos en el desarrollo de la Riviera Nayarita. En tal sentido todas las transformaciones que aseguran que cambiarían el paisaje del sur de Sinaloa, que nos ligará en el futuro con la miríada de posibilidades que ofrecen el Océano Pacífico  y el océano Atlántico, pueden quedar pospuestas para el tiempo de las calendas griegas, al menos para cuando la región sur se haya convertido en fantasma. ¿En un fantasma?

LA PELIGROSA ACTUALIDAD DE LA REGIÓN SUR DE SINALOA.

Afirma C. Arturo Corrales (misma obra) que “La relación que se expresa entre los municipios del sur de Sinaloa es muy débil; por una parte algunos segmentos de población de concordia, Elota, Cosalá San Ignacio y El Rosario concurren a Mazatlán en busca de trabajo que a veces encuentran; por otra el puerto recibe de ellos fundamentalmente productos agrícolas, ganaderos y pesqueros. (…)Vale decir que esta desvinculación productiva (…) se ha incrementado en virtud del crecimiento de gavillas de narcotraficantes que han asolado a toda la región…”, aunque en los últimos años sólo Mazatlán se encuentra en una relativa calma, o más bien en una especie de impasse.                      

 

Excepto Mazatlán, desde hacer por lo menos 30 años ha ocurrido la migración lenta pero incesante fundamentalmente por la extrema pobreza que experimentan  los municipios sureños  y, como un conjuro de hechicería,  a aquella migración se le ha sumado, hace por lo menos seis o siete años,  otra no menos dolorosa: pueblos enteros de nuestra  zona sur  han sido forzados a dejar sus forma de vida y su menguado patrimonio por la inclemente violencia que han desencadenado los  narcotraficantes. Aunque carecemos de datos fiables sobre este flagelo sobre los desplazados de esta exregión, puede servirnos algunos datos estatales para darnos para hacer un cálculo de nuestros desterrados: recientemente el Centro de Investigaciones y Estudios en Antropología Social, en un estudio titulado “Desplazados Internos en México a Causa de la Violencia”, signado por Séverine Durin, estima entre 20 mil y 25 mil las personas desplazadas por la violencia en nuestra entidad.

LO QUE NOS ESTAMOS JUGANDO

Es muy posible que antes de que llegue la esperada hora del sur la violencia destruya a los pueblos y algunos municipios en los que se religaría la región la región sur. Pareciera que los narcotraficantes están procurando crear varias “zonas liberadas”, como solía hacerlo la guerrilla,  que les permitan hacer sus fechorías en Mazatlán y poder replegarse a lugares que han conquistado para su seguridad personal y las de sus pertrechos paramilitares. Y si esto es así, todo el esfuerzo que se ha hecho para dar una imagen de que la violencia en nuestro puerto es cosa del pasado, podría desmoronarse como un simple castillo de naipes en cualquier momento.

Pero además si este fenómeno persistiera e incluso y se incrementara, Mazatlán se convertiría en una ciudad monstruosa con todos los ingredientes que ahora configuran y desfiguran a Acapulco, porque  una gran parte contrahechuras son producto de las múltiples migraciones que han asolado a la ciudad, tanto por la soledad que experimenta  porque muchos centros de población que han quedado  vacíos por la violencia, como porque ha tenido que albergar, sin la menor planeación,  a los que llegan huyendo de la violencia.  No sé, pero las fuerzas de seguridad de todos los niveles tienen que hacer algo más que custodiar y presumir la pax que arrulla a Mazatlán, cuando sus orillas se han vuelto un infierno por el fuego incesante de la metralla que todo mundo lamenta pero nadie hace nada. Punto.