La maldición de mi maestro

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Luis Antonio Martínez Peña.

Cursaba el quinto año de primaria, y tenía como maestro a un joven profesor.  Era un hombre entusiasta, pero sus métodos pedagógicos estaban mezclados con la carrilla y un modo abusivo de tratar a sus alumnos, todos eran varones, y claro no se valía rajar a riesgo de pasar por maricón, así que aguantábamos apodos, golpes, y peores modos de compañeros abusivos. Con su actitud nuestro profesor  propiciaba lo que ahora se llama bullyng y en algunas ocasiones promovía breves combates de box entre sus alumnos; vendía los desayunos escolares y rifaba los que le sobraban; en las clases de artesanías o trabajos manuales nos enseñó a elaborar hamacas de ixtle, tarrayas y artes de pesca a la cual era aficionado.

Era muy buen profe y aunque alguna vez me estrelló el borrador en la cara. Llegamos a ser buenos amigos.

 Una vez en el festival del Día del Niño las maestras promovieron una serie de parodias y yo me apunté hubo unos que la hacían del charro Avitia, otros de Jacobo Zabludovski ; Cuando tovó mi turno me instalé frente a la pizarra e imite a la perfección a mi maestro. Han de saber que mi profe era pelirrojo y la cabeza se lo puso colorada como cerillo encendido. Al ver mis expresiones que eran las suyas, el modo de subirme los pantalones arriba del ombligo, la manera de dirigirme a los alumnos, mis manos lo explicaban todo, y como resultado las carcajadas de las maestras y alumnos presentes, al ver el relajo se me acercó y medio encabronado y sonriente me la sentenció:

 -Pero vas a ser maestro, y ya veras…

Años después me lo encontré en el billar y nos tomamos unas cervezas, habían pasado mas de treinta años de aquel festival y me dijo -ya vez, aquí estamos los dos y somos maestros. Agarró el taco le puso tiza en la punta y se recostó sobre la mesa atascando la bola ocho después de haber tocado la seis y la nueve, genio y figura, le pagué la borrachera y un plato de camarón con pulpo.

Supe que murió saliendo de un antro de por allá de la zona de tolerancia y que borracho fue arrollado por un camión. Cuando lo supe sentí mucha tristeza. Esos mis profes de la primaria tienen todavía un lugar en mi memoria y seguirán siendo materia prima de mis recuerdos.