La caca hiede.

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Luis Antonio Martínez Peña.

Hace unos días un querido alumno del séptimo semestre de economía de la Universidad Autónoma de Sinaloa  campus Mazatlán publicó en Facebook que por fin había encontrado su primer empleo, todos lo felicitamos. Los comentarios iban desde las felicitaciones hasta muestras de la acibarada ironía mazatleca,  por encontrar un empleo. (A estas alturas de la vida, eso es digno de felicitación)

 -Échale ganas.

 – Ya era hora.

 –Una carga menos pa tu jefe.

Y así fue creciendo la lista de comentarios, hasta que se perdieron en otros temas que se fueron metiendo en esa línea de teléfono descompuesto en que se convierte el Facebook.

 Al otro día, Mazatlán y el resto de Sinaloa recibía la errática visita de la tormenta tropical Manuel.  -Shale, apenas empiezo a trabajar y se vino el aguacero. Publicó nuestro alumno en su perfil. Luego además de la tormenta de agua le llovió la nube de culpas.

 –Hasta el cielo se alegró de que chambearas.

-Nomás falta que lluevan unas cheves, pa que pagues las de goyo.

– Hay te encargo en cuanto rayes, te pones la del Puebla en el Oyster.

  –Llueve porque es raro que trabajas. 

Todo es chunga feliz  y juvenil entre el nuevo empleo de mí querido alumno y sus amigos del Facebook.

 Un sábado que hacía mis ejercicios en la Playa me fui una tienda de las de dos equis intercaladas entre dos oes, y mientras compraba mi botellita de agua, me encontré con mi alumno.

¡Oh sorpresa!   El empleo cambia a las personas, su larga cabellera,  había desaparecido y su cara aunque angulosa se veía más amplia, vestido en tono ejecutivo. En verdad  me sorprendí. Lo saludé de apellido, algo que acostumbro con los adultos, Mi sorpresa era grande, porque a éste alumno en primer semestre  lo había clasificado entre los tóxicos.  Un grupo de chavos desmadrosos, desorientados vocacionalmente, pero que caen a estudiar economía porque no alcanzaron lugar en turismo o en la escuela de contabilidad y creyendo que economía es “cuichi” O facilita según ellos, van a dar a las garras del  bloque de materias de matemáticas, estadísticas y las incomprensibles fórmulas de la micro economía y el increíble y fantástico mundo de la macroeconomía y sin hablar mucho del enigmático mundo de las teorías de la economía mundial que imparte un reconocido decano de aquella institución.  Pues bien saludé a mi alumno, no le hice notar mi sorpresa, y tímidamente me regaló una explicación no pedida

-…Este, me corté el pelo, porque estoy trabajando…  Lo felicité por su trabajo y le pedí que no  abandonara su empleo por el momento para que tenga algún impacto estadístico en el rubro de la PEA local.

 Aunque no sé qué sea mejor si estar en el infierno laboral que te pide cambiar de aspecto para obtener un micro salario;  o sobrevivir  con las greñas de león que traía en el limbo estudiantil de la UAS.

Otro día, cuando las lluvias se fueron. Mi alumno vuelve a publicar en su perfil:

 –Fui al baño de  mi trabajo y típico no hay papel para limpiarse el asterisco; uso unas servilletas de papel que traigo guardado para estas emergencias; pero cuando bajo la palanca, pinchi excusado se rebosa.

– Le digo a mi jefe: ­ Oiga, hay que limpiar el baño. ..

– Si,  ahí está la bomba, el pinol,  el trapeador y la cubeta.

-Shale y todo por lo mismo.

 No me pude contener y le escribí como sentencia,  que cuando uno trabaja siempre termina por limpiar la caca de los demás. Si no pregúntale a tú mamá. Esto, es ponte en el papel de tú mamá.

El cuento del primer empleo de mi alumno viene a la memoria porque  en estos días todo Mazatlán se ha visto inundado por las aguas de las lluvias que cayeron copiosamente del cielo; pero que al pasar de los días y con cielos despejados las alcantarillas siguen rebosadas y el drenaje sanitario completamente rebasado, inoperante y disfuncional.

Es el presidente municipal, el encargado de mantener, reparar y dar solución a estos problemas y primero nos dijo que Mazatlán buscaría apoyo del Fondo Nacional de Desastres Naturales, porque  los aguaceros de Manuel habían saturado de lodo la red y que era una catástrofe. Creo que lo dijo por si pegaba chicle y nos colgábamos de los recursos del FONDEN.

Lo de la catástrofe ya lo sabíamos, pero muchos comentaristas de la prensa y los demás  oficiosos, pensamos que el problema no era de Manuel, sino muy ancestral y de carácter estructural, o sea que no nos chupamos el dedo con eso de que los administradores del FONDEN se crean el cuento del drenaje colapsado por un desastre natural.

Luego nos quiso aplicar la de rigor, un aumento de tarifa en el agua potable para financiar parte de la reparación;  pero el coro de los bolsillos vacíos y rotos gritó que no. Hasta por ahí dos regidores indolentes, de esos que nomás levantan la mano, manifestaron su desacuerdo en el alza. No hace pues el año que pasamos de pagar 48 a 60 pesos por recibo domiciliario, cuando ya nos quieren aplicar otra, con pretexto del drenaje colapsado.

Hoy amanecimos conque el encargado de darle solución o al menos paliativos a corto plazo se enojó, cuando le preguntaron si el drenaje rebosado no sería problema para que nos visiten los cruceros turísticos (también los reporteros preguntan como si el problema fuera de hoy, cuantos gringos no aprovecharon los charquitos y arroyuelos de aguas negras para tomarse fotos durante décadas). Rápido recuperó su vena respondona  y salió su rostro intolerante, el anterior a su debacle  electoral de julio. Para regañar a todos los presentes y dijo verdades eternas, pero muy necesarias a la hora de educar a los reporteros:

 Primera verdad: que cuando llueve hay alcantarillas rebosadas.

Segunda verdad: que lo que sale de las alcantarillas es caca.

 Tercera e irrefutable verdad: que la caca huele a caca. 

Cuarta  verdad, apoyada en la ilustración viajera del primer edil: en todo el mundo la caca huele a caca, acabo de estar en Cartagena de Indias  y allá huele igual.

 Tesis final: La caca es caca, huele a caca y Mazatlán con sus alcantarillas rebosadas no tiene por qué oler a lavanda.

 Pues sí, pero cómo dijo el patrón de mi alumno:

 -Ahí están  las bombas y los empleados de la JUMAPAM, las escobas, las cubetas y usted, para reparar lo que tenga que reparar. Porque el recibo del servicio agua y drenaje,  al menos yo, ya lo pagué.