¡¡HA MUERTO NELSÓN MANDELA!!

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¿ES TAN CORTO EL AMOR  Y TAL CORTO EL OLVIDO?

ELIO EDGARDO MILLÁN VALDEZ.

Nelson Mandela representa para millones de personas el triunfo de la dignidad

y de la esperanza sobre la desesperación y el odio, de la autodisciplina

y el amor sobre la persecución y la ignominia. (El largo camino

hacia la libertad. La autobiografía de Nelson Mandela)

¡Qué gran corazón ha dejado de latir! Ha muerto Nelson Mandela. Cuando escuché la noticia de su deceso  sentí un profundo sentimiento de orfandad, como el día en que vi la película  de su biografía: Mandela, el largo camino  hacia la liberad. Esa noche estuve cavilando el porqué en mi larga vida política me había ganado el odio; el porqué esperanza acariciada en mi juventud de había convertido en un rosal enfermo. Precisamente por ello jamás se me olvidó una frase de Madiva, pues me ayudó a cambiar mi rosa de los vientos: “Si quieres hacer la paz con tu enemigo tienes que trabajar con él. Entonces se convierte en tu compañero”.

Es cierto Mandela fue un guerrillero en jefe del Consejo Nacional Africano, pero sus 27 largos años en la cárcel lo hicieron rectificar su ruta: mantuvo sus fines pero cambio radicalmente sus medios, al punto de expresar con un temple que no parece de este mundo: “Durante mi vida me he dedicado a esta lucha por la gente de África. He combatido la dominación blanca y he combatido la dominación negra. He acariciado la idea de una sociedad democrática y libre, donde todas las personas vivan juntas, en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal que espero alcanzar y vivir. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy preparado para morir”.     

 

GENIO Y FIGURA.

Es imposible, por lo menos desde la perspectiva mexicana, que nuestros políticos, más allá del duelo que expresaron desde sus twits, tengan los “tamaños” para pactar y al mismo tiempo disentir, que son las palabras mágicas de una buena negociación, que por supuesto no implican ni la rendición ni pasar por encima de los interlocutores,  y menos aún un acto de complicidad para prevaricar a dos o tres voces contra las esperanzas de los ciudadanos.  Pero procurar el diálogo y la concertación con los “enemigos de clase” que mantenían en la más abominable segregación a los sudafricanos originarios, que se contaban por millones, no sólo sería imposible para los políticos mexicanos, sino un hecho deleznable de “traición a la patria”

Rindamos homenaje a este proceso que pinta de cuerpo entero la madurez política de este ejemplar sudafricano universal: “En 1990 Mandela fue excarcelado, no sin antes haber sido visitado Frederik de Klerk, entonces presidente de Sudáfrica, para explorar la posibilidad de una transición política en ese lastimado país por el apartheid. Y ya en libertad  prosiguió este sinuoso proceso negociación con el que fue su más acérrimo enemigo.  Juntos iniciaron un proceso de diálogo y complejas negociaciones entre el gobierno y agrupaciones políticas pertenecientes a distintos grupos étnicos de Sudáfrica, incluyendo al Congreso Nacional Africano de Mandela, con el fin de cambiar el régimen político y acabar con la segregación racial. Y esos propósitos se hicieron realidad, no debó omitir que para ese tiempos el colonialismo de había deslavado y el gobierno “blanco” de este país estaba acotado y presionado por los gobiernos democráticos del mundo. Pero eso no le quita a Mandela ni un céntimo a la validez  de su estrategia de no violencia, estrategia que maduró tras largos años de cárcel y de trabajos forzados.  Hay ausencias que se convierten en presencias imperecederas: Nelson Mandela se gano el derecho de vivir entre nosotros.

 

LA FIGURA DEL GENIO

A partir  de aquellas intensas jornadas de diálogo y concertación en 1994 se redactó una nueva Constitución para el país que admitió los agravios del pasado, que a la letra dice: “Reconocemos las injusticias de nuestro pasado (…) y creemos que Sudáfrica pertenece a aquéllos que la habitan, unidos dentro de nuestra diversidad”. El 27 de abril de 1994 se organizaron las primeras elecciones nacionales sin restricciones étnicas, donde la victoria del Congreso Nacional Africano permitió a Mandela asumir la presidencia del país el 10 de mayo de ese mismo año, con un discurso con el que simbólicamente rompió con el pasado y abrió una nueva era del país, aunque otros madivas tendrán que seguir luchando por abatir las desigualdades y otras heridas por las  que todavía sangra Sudáfrica.

Hoy ha muerto Mandela. Su pueblo le llora y le canta. Yo a miles de kilómetros de donde es velado, no he podido detener unas lagrimas que me sorprendieron cuando el humo de la hornilla me nublo los ojos. No puedo evitar imaginar los paralelismos  entre Mandela y Mahatma Gandhi.  Su posición indeclinable a la no violencia los hace indistinguibles. Madiva dijo un día: “Durante mi vida, me he dedicado a esta lucha por la gente de África. He combatido la dominación blanca y he combatido la dominación negra. He acariciado la idea de una sociedad democrática y libre, donde todas las personas vivan juntas, en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal que espero alcanzar y vivir. Pero si es necesario por este ideal estoy preparado para morir”.