Gilberto Rincón Gallardo; un hombre con presencia en la historia mexicana.

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Incansable defensor de los Derechos Humanos y la diversidad.
Gilberto Rincón Gallardo; un hombre con presencia en la historia mexicana.

Luis Antonio Martinez Peña.

Fue en el año 2000 cuando la mayoría de los mexicanos televidentes se dieron cuenta de la existencia de Gilberto Rincón Gallardo y fue a través del segundo debate entre candidatos presidenciales organizados por el Instituto Federal Electoral en camino a la jornada electoral de aquel domingo 2 de julio. Año en que por primera vez el PRI perdería la elección presidencial.
En el debate organizado por el IFE el 25 de abril del 2000 se presentó Gilberto Rincón Gallardo como candidato a la presidencia por el Partido Democracia Social, producto de un desgajamiento de las izquierdas que se integraron en el Partido de la Revolución Democrática y también de diferencias de opinión con su líder y caudillo el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas.
En si la presencia de Gilberto en aquél debate fue emblemática. Digamos que era el último de una camada de luchadores sociales proveniente de los movimientos políticos encabezados por Valentín Campa Salazar, Demetrio Vallejo, el Ing Heberto Castillo Martínez y Arnoldo Martínez Verdugo; personajes de la izquierda mexicana que transitaron por las filas del partido comunista y en los movimientos de liberación nacional, organismos clandestinos o semi públicos y en todo tipo de expresiones de lucha política en contra del autoritarismo priista y sus órganos de control corporativo de la vida política y social.
Gilberto Rincón Gallardo se hizo presente y su intervención en el debate fue de una síntesis discursiva sorprendente. No perdió tiempo ni espacio para decir lo que sería a su juicio un nuevo proyecto de nación de inclusión de las minoría de este país en donde prevalece la injusticia contra los débiles y la exclusión por sistema. Minorías particularizadas: desempleados, mujeres, ancianos, personas con capacidades diferentes, homosexuales, adictas, intelectuales anti sistémicos. Minorías, que sumadas o amalgamadas en un discurso de respeto a la diversidad, hacen una mayoría en un país donde prevalece una visión caudillista presidencial en la conducción y rienda de sus destinos. Por un momento movió la conciencia de miles de personas, que terminaron por decir “éste señor habla bonito, pero no va a ganar la presidencia”.
Efectivamente, no ganó la presidencia, pero los temas de su discurso siguen ahí: por primera vez se habló de cara a la nación, no de los deseos personales del caudillismo presidencial, cómo lo hicieron Labastida del PRI, Fox del PAN y Cárdenas del PRD y demás membretes. Gilberto habló de una transformación política genuina para hacer de México un país moderno y decente. En el tema económico habló sobre el Tratado de Libre Comercio e impuso en la agenda de relaciones bilaterales la atención a los derechos de los trabajadores migratorios violentados por la falta de un acuerdo de libre flujo laboral entre México y los Estados Unidos. Pero la parte fuerte vino en su apartado de política social. Abordó temas que para los otros candidatos eran intrascendentes o de carácter secundario. Gilberto Rincón Gallardo habló del respeto ala diversidad a evitar el abuso y el crimen en contra de mujeres y homosexuales. Denunció el abuso que se comete contra el libre derecho a la maternidad y puntualizó que estos temas nacionales no deben observarse desde la moral y creencias religiosas y carencias educativas de quienes controlan el poder. Estos derechos deberían prevalecer por encima de cualquier visión o pesadilla con la que ideológicamente se observa el mundo desde la presidencia de la república.
Gilberto Rincón Gallardo no fue presidente. Su partido dejó de existir cuando apenas llegó al 1.3 de la votación. Las mayorías de electores del año 2000 le dieron la oportunidad a Vicente Fox y la historia cuenta que al caudillo guanajuatense le quedó grande la yegua.
El 30 de agosto del 2008 Gilberto Rincón Gallardo murió a los 69 años. Era como lo dijo en el debate un hombre que durante más de 40 años había luchado en contra del autoritarismo del PRI en el poder y por ello fue cliente frecuente de cárceles y víctima de innumerables detenciones. Nació con una discapacidad en sus brazos que lo marcó por siempre. Inclusive entre nuestros compañeros militantes del Partido Comunista Mexicano corría la broma cruel de que las finanzas del partido estarían a buen recaudo si las cuidaba un hombre honesto y de manos cortas como Gilberto Rincón Gallardo. Cuando lo conocí en un congreso del PCM en la ciudad de México me sorprendí al verlo cómo se las ingeniaba para escribir con pluma algunas notas en su libreta. A un lustro de su desaparición sigue vigente su ideario de respeto a la diversidad y a la convivencia humana en la sociedad mexicana del siglo XXI.

Por Luis Antonio Martinez Peña.