FERNANDO VALADÉS EN OLAS ALTAS

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El destacado compositor mazatleco es recordado con una estatua ante su mar

FRANCISCO CHIQUETE

Fernando Valadés era una presencia constante en los hogares mazatlecos, a través de la radio. Cuando la XEOW programaba una de sus canciones (regalo del cielo, el diccionario, asómate a mi alma), las señoras de la casa suspendían sus actividades. Ni el lavado de ropa ni la preparación de comida podían ser más importantes que escuchar a don Fernando.

La actitud era igual en todas las casas de aquel barrio de la Montuosa y seguramente en todas las casas de Mazatlán. Entre los puentes musicales de la canción se volvían a comentar los orgullos de que un mazatleco pudiese escribir cosas tan bellas, que hubiera llegado tan lejos, que le aplaudieran tanto en sus presentaciones en la Ciudad de México. Que se hubiese ido para allá a competir con personajes tan renombrados como Agustín Lara, que ya era una leyenda.

Luego vino la etapa del carnaval. El lanzamiento de Alma Valadés como candidata a reina de las fiestas mazatlecas revivió el culto de los mazatlecos a ese apellido, y aunque la aventura terminó con el reinado de los Jugos Florales, el cariño de la gente le dio a Alma la verdadera corona de la fiesta.

La muerte de don Fernando, en 1978, me hizo revivir aquella época de los sesentas, cuando era sólo un niño viendo cómo los adultos expresaban la sensibilidad sin tener que usar palabras propias, sabiendo que estaban protegidos por la marca Valadés, que era garantía de comprensión y hasta reverencia.

Ya como adulto, en los ambientes bohemios que le escuché a mi padre y sobrevivieron al paso del tiempo, me encontré la presencia de Valadés. Nadie me supo decir si efectivamente llegó a presentarse en el 30-60-90, pero la vieja guardia de ese club singular mantuvo por lustros murales con recortes de periódicos, portadas de discos y fotografías del insigne compositor mazatleco.

Cualquier invocación a la bohemia era llevada siempre a una referencia de las canciones de Valadés, lo mismo en grupos, en gremios o en pequeños corrillos.

El maestro Faustino López Osuna, autor del Himno de Sinaloa, recuerda haberlo visto durante una presentación en el Teatro Blanquita, donde la gente se le entregó con aplausos nutridos que parecían corresponder más a un ídolo juvenil que a un autor romántico, reposado.

La fama de don Fernando traspasó las fronteras del estado primero, y del país después. Aún ahora, sus canciones siguen siendo guía para el romanticismo de muchos centroamericanos, entre cuyos antecesores el artista mexicano era un ídolo, alguien tan familiar como el más paisano de sus paisanos.

Sus hijas Conchita y Alma recuerdan que en alguna ocasión, visitando la tumba de su padre, coincidieron con una familia guatemalteca que buscaba precisamente el lugar donde reposaban los restos del compositor mexicano. Al enterarse de que estaban ante las hijas de Fernando su alegría fue indescriptible y no sólo por el gusto de tener ellos ese acercamiento con esa parte de la historia sentimental compartida, sino porque podrían ir a su país a presumir que llegaron a ese punto impensado.

Por los años noventa, la empresa disquera lanzó una colección de grabaciones originales entre la que aparecía uno compacto de Valadés. Voló. Tuve la suerte de encontrarme con esa y otra edición más modesta, en los cajones de discos de la librería Gandhi, en la Ciudad de México. Con tanto tino, que se los gané a Enrique Vega Ayala, quien casualmente había ido días antes, los vio y los dejó pendientes para los días cercanos a su regreso. Por supuesto, ya no los encontró.

Por supuesto, hablar de Fernando Valadés es hablar de una familia destacada en la historia de Mazatlán. Las primeras referencias conocidas públicamente hablan del doctor Juan Jacobo Valadés, defensor de la República durante la intervención francesa y médico destacado en la lucha contra las epidemias de la época. De su hermano José Cayetano, periodista liberal, combativo, que fue asesinado por órdenes del gobernador Francisco Cañedo, quien pretendía acallar al periódico La Tarántula y sólo consiguió generar un amotinamiento de los mazatlecos, que indignados por el crimen estuvieron a punto de linchar al émulo de Porfirio Díaz en nuestra entidad.

De ellos desciende el gran historiador y también combativo periodista José C. Valadés, cuyo nombre está merecidamente inscrito en las paredes del Congreso de Sinaloa. Don José tuvo como antecedente a su padre, Francisco Valadés Félix, creador del legendario Correo de la Tarde y combatiente de la dictadura, que a la muerte de Cañedo impuso como gobernador a Diego Redo.

En el ámbito local destacaron también sus hermanos Miguel Valadés Lejarza, primer cronista de la ciudad, y Adrián Valadés Lejarza, una autoridad en los medios portuarios. Otro valor nacional es su sobrino Diego Valadés, destacado jurista que ha sido Procurador General de Justicia en el Distrito Federal, Procurador General de la República, Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y candidato a la rectoría de la máxima casa de estudios de nuestro país.

Fernando Valadés llena toda una época, la época del romanticismo, con letras inspiradas y conformadas con un lenguaje sencillo, pero de elevado nivel, y melodías embriagadoras que aún en los casos de piezas rítmicas, invitaban e invitan a la intimidad.

Hoy Mazatlán le rinde un merecido homenaje con la colocación de su estatua en el Paseo de Olas Altas. Si cuesta arriba del Paseo del Centenario está el discutidísimo conjunto escultórico de Pedro Infante en su motocicleta de Qué te ha dado esa mujer, y bajo el Cerro de la Nevería está la estatua del queridísimo José Ángel Espinoza, Ferrusquilla, saludando a la vida con la afabilidad con que suele hacerlo en persona, desde hoy a la altura del Escudo tendremos a don Fernando Valadés, con el piano cuyas armonías le llevaron a tocar el corazón del mundo entero.

 

INVITACIÓN

La familia Valadés, el Colegio de Sinaloa y el Instituto de Cultura, Turismo y Artes de Mazatlán, invitan al público en general a presenciar la develación de la estatua de don Fernando Valadés, hoy a las cinco de la tarde, en el Paseo Olas Altas, a la altura del Escudo. El acceso es libre. El acto será acompañado de un programa con las melodías más populares del compositor.