EN LA GRILLA

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*López Obrador: lo que no pudieron los enemigos

*Acepta el PRI reformas con las que no comulga

*El más reciente berrinche de Marentes con Malova

FRANCISCO CHIQUETE

Ni “la mafia del poder”, ni el innombrable o los chuchos, ni mucho menos “el de las botas” consiguieron sacar de circulación al aguerrido Andrés Manuel López Obrador, quien ayer tuvo que pagar con una advertencia de primer nivel, el intenso ritmo de trabajo y activismo que mantiene a lo largo de la república.

Un infarto, primero desmentido y después confirmado, detuvo a López Obrador, logró detenerlo, así fuese por unos días. El domingo fue intenso, iniciando con una enorme concentración en el zócalo capitalino para combatir a la propuesta de reforma electoral de Enrique Peña Nieto; de donde viajó a Culiacán, donde a querer y no, vivió la tensión de un nuevo intento de asamblea que al final fue validada por el IFE, al alcanzarse, esta vez sí, los tres mil asistentes (más seiscientos veinticuatro adicionales).

Todo para regresarse al Distrito Federal a decidir las acciones en torno a la actuación del Senado de la República en torno de la famosa reforma. Ya no pudo organizar el cerco que había anunciado, mucho menos participar en alguna manifestación. Por la mañana fue llevado de emergencia a un hospital, donde su mal fue controlado, aunque no evitó que fuese dejado por unos días en calidad no de asilado, sino de sujeto a todos los controles médicos del caso.

Hasta anoche, sólo un idiota e permitió hacer un chiste sobre la salud de López Obrador. Fue el dirigente priísta de Michoacán, que después se dio cuenta del error y quiso corregir lo que ya no puede ser cambiado. Fuera de él todo mundo –incluido el presidente Peña Nieto- manifestó su solidaridad, sabedor de que al margen del aspecto humano, López Obrador es uno de los más importantes líderes sociales que tiene el país, independientemente de lo combatido –como combativo- que resulta.

EL ADN DEL PRI: NO QUIEREN EL INE,

PERO ESTÁ BIEN, DICE MARTHA TAMAYO

La dirigente priísta Martha Tamayo le entró ayer al asunto de la reforma política que discuten los legisladores. El tema más polémico por supuesto, es el del Instituto Nacional de Electores, que está siendo diselñado para que concentre la organización de las elecciones de todo el país, sean federales o locales (no sabemos si también van sobre las de síndicos y comisarios, pero las de alcaldes y regidores son de las principales a conchavarse).

La señora Tamayo empieza reconociendo que muchos no estaban de acuerdo y hasta argumenta en contra, pues constituye una regresión a la concentración centralista. Los partidos que la impulsan dicen que se trata de evitar que los gobernadores influyan sobre las decisiones del organismo electoral, pero resulta que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ratifica el 85 por ciento de las decisiones que se toman a nivel local, de modo que no puede hablarse de eso,

Con todo y sus argumentos, doña Martha malabareó como pudo para aceptar las posibles bondades de la medida, aunque se le tengan que hacer acotaciones ebn la reglamentación. Y todo porque la reforma energética va de por medio, y ese es el objetivo del gobierno de Enrique Peña Nieto, aunque en el camino los priístas vayan entregando los pocos enclaves de referencia programática que les pudieran quedar.

BURGOS MARENTES,

RECLAMÓN Y OLVIDADIZO

Conforme se acerca enero, se intensifican los rumores de cambios en el gabinete de Mario López Valdez,. En realidad hasta este momento se habla sólo de dos: el de José Luis Sevilla Suárez, el secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, y el de Roberto Ramsés Cruz, el secretario de Desarrollo Económico.

A Cruz, los especuladores le ofrecen la representación del gobierno sinaloense en la capital del país. No sabemos si ya lo hizo el gobernador Mario López Valdez, que sería la voz importante para el caso, pero muchos dan por hecho que le costará el puesto aquella declaración del todavía secretario, en el sentido de que trabajará con todo para que el PAN vuelva a ganar la gubernatura, y que piensa terminar el periodo de Malova trabajando para él, a menos que él le indique que puede ir a buscar la candidatura panista a gobernador.

Hay que recordar que el anterior secretario de Desarrollo Económico, Eduardo Ortiz, se tuvo que ir porque en plena ebullición preelectoral, tuvo la ocurrencia de destaparse cono aspirante panista a la alcaldía de Culiacán.

Pero el caso más doloroso es el de Sevilla Suárez, que no tiene el consuelo o la coartada del momento político, sino que se iría por su absoluta falta de resultados. Y también por supuesto, para hacerle lugar al todavía alcalde de Culiacán, Aarón Rivas Loaiza, quien se ganó a pulso un lugar en el gabinete de Malova siendo muy obsequioso desde los tiempos en que se suponía que el PRI era o debía ser oposición en Sinaloa, como lo era en el ámbito federal.

Ese es precisamente el reclamo de Edgardo Burgos Marentes, quien dice que cuando empezó el gobierno de Mario López Valdez, el PAN tenía una escasa presencia en el gabinete, pero que ahora tiene todavía menos, ejemplificando con la Secretaría de Seguridad Pública y el ISDE, que no era del PAN, pero sí muy cercano; y si todavía le quitan Obras Públicas, la cosa de agrava.

Además, la posible llegada de Rivas Loaiza lleva al dirigente panista a decir que ello confirmaría el acercamiento de Malova con el PRI.

Para empezar, vaya usted a saber qué reclama Edgardo el joven, si fue él quien declaró rota la relación del PAN con el gobierno de Mario López Valdez e insistió en que ya no consideraban al mandatario como parte de la alianza que ganó las elecciones locales del primer domingo de julio del 2010.

Si fue él mismo quien liberó a Malova de compromisos con el PAN, ¿qué le extraña? Y además la ruptura fue precisamente porque consideraba que Malova se había ladeado al PRI. Si ahora necesita que contraten a Rivas Loaiza para darlo por cierto quiere decir que no tenía certeza de sus acusaciones.

DIPUTADOS ARRANCAN

CON SESIONES NORMALES

Ayer se produjo la primera sesión ordinaria de la nueva legislatura, y sirvió para que se nos enterara de lo que ya sabíamos: que los partidos Revolucionario Institucional, Acción Nacional, Sinaloense y de la Revolución Democrática formaron bancada y que sus coordinadores serán, respectivamente, Jesús Enrique Hernández Chávez, Francisco Solano Urías, Héctor Melesio Cuen Ojeda e Imelda Castro Castro.

En su posicionamiento, los coordinadores respondieron a lo que se pensaba de ellos.

Hernández Chávez y Solano Urías coincidieron en expresiones de apertura, de trabajo en equipo, de dejar de lado los colores partidistas y buscar el beneficio de la sociedad. Sólo hubo diferencia en los matices,. Mientras Solano hablaba de recuperar valores y tradiciones perdidos, Hernández Chávez hablaba de modernidad, de avanzar conforme las nuevas necesidades y exigencias de la sociedad.

Eso sí: todos notaron que a Hernández Chávez se le pasó la mano cuando se comprometió a “prestigiar la representación popular”. Para ver el tamaño del reto, hay que recordar el dicho que reza: “ser diputado dura tres años, pero la vergüenza dura toda la vida”.

Cuen Ojeda, como se esperaba, fue audaz y ambicioso, hablando de una nueva estructura constitucional para Sinaloa, de independencia de poderes, de colaboración y de sacudimientos en todas las prácticas y las acciones del Poder Legislativo.

Imelda Castro tuvo una definición importante, al condenar a la anterior legislatura por la permisividad con los créditos del gobierno del estado y la aprobación de los contratos público-privados, que de acuerdo con su información, le costarán a Sinaloa 13 mil millones de pesos en las próximas décadas.

Todavía no se definen las comisiones, que son los puntos más atractivos para la grilla política. Ya se empezarán a ver resultados de los acuerdos el próximo lunes. No serán fáciles, pues el PAN quiere mantener las que tuvo en el trienio anterior, que fueron diez presidencias, cuando sus diputados son diez, precisamente, y no todos con perfil como para presidir una comisión cada uno.

Si no tenemos las mism,as diez, por lo menos queremos las más importantes, dijo Adolfo Rojo Montoya. ¡Y eso que no ganaron!