EN LA GRILLA

0
37
21523978174_56956f4d99_z.jpg

*Regaño de Malova a empresarios locales

*Ya hay víctimas del retraso y de las reformas

*Un organismo electoral sumamente austero

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

No lo pareció, pero el gobernador Mario López Valdez les pegó a los empresarios mazatlecos una regañada por no ponerse al tiro con las oportunidades que se están generando. No se aprovechan, les dijo, las ventanas de oportunidad, y llegó al punto de referirles que hay gente de Los Mochis que ha venido a hacer las inversiones que no hacen los locales.

Con todas sus letras, les dijo que los tomó dormidos la llegada de la carretera Mazatlán-Durango, al extremo que en estos momentos todavía se da el caso de que tengamos turistas a los que no se les pueden asignar cuartos de hotel porque los que hay son insuficientes. Ha pasado en otras áreas, como la creación de un parque logístico que desarrolló un inversionista de Los Mochis.

Esperemos, les advirtió, que no los agarre dormidos también la llegada del gasoducto, que está ya a las puertas de la planta termoeléctrica, y que el año próximo estará ya surtiendo gas a esa instalación de la Comisión Federal de Electricidad.

Destacó que ya hay dos empresas mazatlecas que aprovechan ese tipo de energético: Café El Marino, de la familia Lizárraga Mercado, que trae el gas comprimido desde Durango, y Pinsa, de José Eleovigildo Carranza Beltrán, quien también adquiere gas para generar calor y fuerza para producir el 52 por ciento del atún que se enlta en México.

Cuando se anunciaba que la carretera estaba por ser terminada, se le insistía mucho al entonces alcalde Alejandro Higuera Osuna, en que no se estaba haciendo nada, que la ciudad no estaba preparada para atender al alud de servicios que demandaría el flujo de carga y vehículos que haría llegar la carretera.

Higuera no sólo negaba que estuviésemos rezagados, sino que hasta se enojaba porque alguien se lo preguntaba. Hubo ofertas y anuncios de obras como una avenida que conectara a la entrada sur de la ciudad con el área de muelles, a través del Parque Industrial Alfredo V. Bonfil. Ni un centímetro de esa avenida llegó a concretarse, ni alguna otra obra relacionada.

Se creía entonces que simplemente con la llegada de la carretera, se desbordaría la demanda de espacios en el puerto, para trasladar mercancía hacia el sureste de los Estados Unidos. Ya vimos que no es así, que hace falta mucha inversión para que el puerto sea apetecible a las grandes empresas dedicadas al comercio marítimo.

De todos modos, en Durango se tomaron previsiones, se invirtió en la construcción de un dique seco, que habrá de dar servicio a quienes transporten mercancías en el ámbito internacional. Un día habrá de funcionar adecuadamente. En el mundo de las inversiones en serio no todo tiene que ver con la inmediatez.

El caso es que efectivamente, mientras en otros lados toman medidas, realizan acciones, en Mazatlán no se ve nada concreto. Si Higuera se enojaba porque le decían que íbamos atrasados, en el gobierno municipal actual no hay ni enojos. El tema, simplemente, “ni güele ni jiede”, de modo que tampoco hay previsiones ni acciones que nos permitan aprovechar de mejor manera e asunto de la carretera, a pesar de que hubo doce años para empezar a decidir las acciones correspondientes.

NO TODO ES MIEL Y DULZURA

El gobernador López Valdez, en un arrebato de entusiasmo por el recuento de la rebasada que nos dio la carretera, y de las grandes perspectivas que nos abre la futura llegada del gas natural, hizo un recuento cuya concusión es que Mazatlán es el puerto uqe está de moda “en todos los aspectos”.

Pero la verdad es que no todo mundo es feliz., Ni siquiera con la constante alusión al corrido de José Alfredo Jiménez, ese que primero mencionó el alcalde Carlos Felton en el acto del gasoducto, que refirió después el gobernador y que finamente repitió –tropezadamente- el secretario de Energía Pedro Joaquín Coldwell: “aquí hasta un pobre se siente millonario”.

Mientras en el gobierno federal nos andan cotorreando con aquella hoy añeja promesa de invertir mil trescientos millones de pesos en el dragado del puerto, obra y laniza que no llegan por ningún lado, los concesionarios de la operación portuaria andan por la calle de la amargura.

En menos de una semana se han recibido dos embarcaciones con poco menos de mil quinientos carros de la Nissan, lo que representa un ingreso importante y por supuesto, muchos jornales para trabajadores del puerto, sobre todo para los choferes especializados que cargan con la tarea de la bajada de los coches, pero no es más que una cuenta, una contra muchas que no terminan de llegar.

Como además la empresa le hizo inversiones fuertes a a infraestructura portuaria, la problemática financiera no se reduce a los gastos de operación, sino a los activos financiados.

De acuerdo con las cuentas de la API, la empresa Terminal Mazatlán maneja unas 25 mil toneladas, mientras que en su momento la propia API manejó 39 mil. No es como para salir huyendo, pero la empresa –chilena- necesita movimiento importante en el menor tiempo posible.

Otro que sufre es el consorcio gasero que durante décadas ha sido la fuerza dominante en ese mercado en Sinaloa. La empresa tuvo sus muchos años dorados, que empiezan a declinar precisamente a causa de la inminente llegada del gas natural.

Las industrias que han sido sus clientes tienen ya tomada la decisión de llevar sus contratos a la empresa que operará el gasoducto, e incluso hay otras que ya desde ahora han cambiado el uso del gas licuado de Gaspasa por el gas natural que están trayendo de otras plazas, con un ahorro del treinta por ciento. Es el caso de Café El Marino, que como ya se dijo, trae el gas compromiso desde Durango, pero contratará también los servicios del gasoducto.

A Gaspasa le quedará sólo el mercado doméstico, que es muy importante, pero carecerá de los segmentos tan apetecibles de las industrias. Por supuesto, a los empresarios esa situación ni les preocupa ni les enternece. Por el contrario, entre mayores sean sus ahorros y eventualmente sus ganancias, mejor estimarán estos proyectos por concretar.

LA BANDERA DE LA AUSTERIDAD

en medio de una de las crisis económicas más terribles que han azotado a este país (y vaya que ha habido muchas) al Instituto Nacional Electoral se le ocurre que puede resolver muchos de los problemas que afronta con la construcción de un nuevo edificio, que será la sede de su estructura central.

Los señores conejeros nacionales tuvieron a bien autorizarse un pequeño gasto de mil cien millones de pesos en la construcción del nuevo edificio, con la justificación de que sí se van a ahorrar el dinero de las rentas que ahora se pagan con la operación de distritos y otras instancias que se tienen sobre todo en el Distrito Federal.

Las justificaciones esgrimidas para crear al INE fueron entre otras las del ahorro de un solo instituto que tuviese autoridad sobre todos los procesos electorales constitucionales del país, pero fue una mera salida porque ahora no sólo se sigue gastando -y mucho- en esa estructura centralista, sino que además se tiene que pagar la operación de cada uno de los treinta y dos institutos locales.

También el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación pidió una cantidad estratosférica como presupuesto para el 2016, bajo la explicación de que en el 2016 habrá elecciones locales en trece estados de la República, a pesar de que en cada uno de ellos funciona también una versión local del tribunal electoral, lo que hace que el Trife sea siempre una última instancia a la que no todo mundo está dispuesto a volver a recurrir.

El Trife es el último escalón de la justicia, incluso en procesos en que la diferencia entre vencidos y ganadores va más arriba de los diez puntos.

Como vemos, la dorada burocracia electoral e niega a perder sus privilegios.