EN LA GRILLA

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*Siguen las goteras en el PRD

*Las carantoñas del Chenel

*La ciencia, cosa de la caridad

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

Mientras los partidos llamados grandes se preparan para luchar por la gubernatura de Sinaloa, el PRD, que en la entidad nunca ha alcanzado a consolidarse, lucha por la sobrevivencia… y por más chambas oficiales.

Ayer fue el diputado Ramón Lucas Lizárraga quien presentó su renuncia a la militancia en el partido del sol azteca y advirtió que si bien no se afiliará a Morena, sí va a apoyar a Andrés Manuel López Obrador en su lucha por la Presidencia de la República, en 2018. Con él se va un grupo de cuadros de diversos municipios de la entidad entre los que están regidores, consejeros y hasta dirigentes.

Como ocurre en la izquierda, esta sangría que suena impresionante, es apenas una gotera, porque los cuadros que consiguen buenos espacios, no necesariamente tienen detrás corrientes de militantes cuya pérdida sea realmente dolorosa para las organizaciones. Son sólo grillos de asamblea con capacidad para presionar y conseguir posiciones, como los chuchos.

Lucas Lizárraga se va con fuertes críticas al PRD, a la forma en que se conduce y  la forma en que se le conduce. En todos los casos suena adecuado, razonable, aunque debe precisarse que no tiene la virtud de la congruencia.

En esas mismas prácticas que denuncia, incurrió él mismo cuando formó parte del acuerdo malovista del 2010 y que le generó la dirección del sistema de bachillerato de los Conalep. No pensó entonces en la necesidad de alianzas programáticas, no cuestionó como ahora que se privilegie la búsqueda de empleos.

Dejó la dirección citada en medio de un escándalo porque su sucesor, el panista Alejandro Higuera Osuna, evidenció irregularidades y además desmanteló una red de empleos asignados por Lucas Lizárraga a militantes del PRD (para sustituirla con una red de militantes del PAN, por supuesto).

Enojado no sólo por la balconeada, sino porque pretendía dejar sucesor en lo que consideraba el coto de su cuota, el diputado federal empezó a marcar distancia con el gobierno de Mario López Valdez, pero no tan rápidamente como para no aprobar casos controvertidos en los que el mandatario y su régimen tenían interés.

Varios de los que renunciaron con él hicieron lo mismo: conservaron los puestos obtenidos en alianzas contra las que ahora reniegan. El propio Lucas advierte que su diputación será sin partido, que deja la fracción del PRD. Esta por supuesto, es una ficción. Originalmente eran sólo de dos diputados y al irse éste, queda con uno solo, de manera que reglamentariamente ya no puede quedar como fracción parlamentaria.

Esta es una dura venganza porque significa algo muy preciado para los partidos: dinero, dinero líquido sobre el que no se tienen que rendir cuentas y que mucho ayuda a sacar adelante proyectos partidistas (porque Imelda Castro, la legisladora que se queda en el partido, no tiene antecedentes de malos manejos económicos, de modo que no se trata de algo personal).

Como en el resto de las actividades humanas, unos se van y otros llegan.

El PRD recibió el fin de semana un espacio adicional a los que ya tenía en el equipo del gobernador Mario López Valdez: la dirección del Instituto Sinaloense de Enseñanza para los Adultos, donde el anterior director sólo le aguantó un columnazo (y qué columnazo) a Luis Enrique Ramírez, quien lo exhibió en varios planos).

Ahí llegó Heriberto Arias Suárez, parte del equipo constructor de la alianza malovista, a quien la revolución no le había hecho justicia. Quince meses de jauja le tocan, aunque la economía gubernamental esté tan desmantelada.

Melda Castro, la diputada sobreviviente, señala su interés por ser candidata a diputada en el PRD. Contra todos los pronósticos negativos, considera que debe enarbolarse la bandera del sol azteca, incuso contra la política de alianzas que su partido aprobó a nivel nacional y que coloca al PAN como segunda opción para los casos en que haya que detener al PRI, pero que en la práctica es no sólo la primera carta, sino interés fundamental de varias corrientes.

A como van, la siguiente alianza les va a dejar sólo un diputado –plurinominal por supuesto-, lo que no sería raro porque ya en estos momentos esa es su realidad.

CHENEL: MERCADOTECNIA Y

DESPRECIO DE LA NATURALEZA

Como no había resultados de sus gobiernos, José Manuel Valenzuela, más conocido como “El Chenel”, empezó a hacer gracejadas en los actos de gobierno y hasta en las ceremonias formales. Un día lanzó al mar la ofrenda floral del día de la marina, y se fue al agua detrás del arreglo, generando desconcierto primero y risas después, cuando se entendió que había sido una puntada y no un accidente.

Después se subió a un ring y “peleó” dos o tres rounds con un personaje de su talla, y así se fue sosteniendo en la primera línea de los medios, hasta que apareció en todas las portadas por una situación totalmente distinta: el Congreso le retachó la cuenta pública y lo tiene desde entonces en condición de deudor porque tendrá que devolver los recursos desviados o no justificados, y con riesgo de ir a a cárcel.

Urgido de levantar su nombre, por estos días de lluvias intensas se metió a una creciente, desoyendo todos los consejos de Protección Civil y de la experiencia de toda la gente que vive junto a los ríos. Así nomás se fue metiendo hasta que el agua le dio a la cintura, o a donde ésta debiera estar, sin que la corriente lo arrastrara. Salió indemne una vez que le tomaron fotos y con la certeza de que aparecería en los periódicos.

No era que quisiera desmentir las peticiones de apoyo frente al desastre causado por las lluvias, era eso, que quería volver a tener cinco minutos de fama.

-¿Y por eso se arriesgó a tanto peligro? Preguntó alguien con toda candidez.

¿Cuál arriesgó? Le respondieron: sí él sabe que ni el río quiere llevárselo.

DE DÓNDE DEBE SALIR PARA

ESTIMULAR A LOS NIÑOS?

Normalmente se da por hecho que la tecnocracia es insensible a los asuntos de carácter social, y que por ello los gobiernos en todos sus niveles entregan a los tecnócratas precisamente, el manejo de los recursos públicos.

Sin embargo, esa rama de la burocracia ha despertado a los apetitos de poder y en esas aspiraciones han desarrollado un discurso que maquilla sus verdaderas intenciones y procederes. Por eso nunca escuchará usted que el secretario de Hacienda uis Videgaray, acepte que le está recortando el gasto a los programas sociales, o a los educativos, aunque en la realidad las reducciones sean verdaderamente impactantes.

Pero no es ni el único caso ni el más extremo.

Hace pocos días, la directora del Centro de Ciencias, Rocío Labastida, pidió públicamente que se le mantengan los recursos para el Programa de Apoyos a Sobresalientes del Estado de Sinaloa, conocido como “Niños Ases”. De seiscientos mil pesos que llegó a tener, se le tiene advertido un recorte para este año, y no hay esperanzas de aumento para el siguiente, de modo que sólo se puede apoyar a treinta y un niños, a pesar de que hay muchos ganadores de concursos que podrían destacar a nivel nacional o internacional.

La respuesta dada a la funcionaria no pudo ser más impactante.

-No hay dinero, tenemos que disciplinarnos en el manejo de los recursos y si no hay, lo que ella puede hacer es que haga rifas o kermeses para que consiga, le dijo el secretario de Administración y Finanzas, Armando Villarreal.

Ya en algunas entrevistas radiofónicas, el secretario había casi presumido que los demás secretarios se enojan con él porque no les da dinero para los programas, anteponiendo el asunto de la disciplina fiscal, que por supuesto nadie le cuestiona. Por el contrario, desde el primer año la sociedad exigía moderación, mientras los funcionarios parecían vivir en una fiesta permanente.

Pero de eso a mandar prácticamente a buscar caridad pública para un programa de apoyos a niños estudiantes, ya hay una distancia que no debió recorrerse y que indica el verdadero pensamiento del responsable de las finanzas estatales. Así las cosas, la estimulación de la ciencia y la cultura ya no será cosa de una política pública, sino que terminará siendo asunto de los párrocos o de las señoras de la alta sociedad alas que tan bien les salen las fiestas de beneficencia. ¿O no, don Armando?