EN LA GRILLA

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*Le rascan a a corrupción, pero por encimita

*Alejandro Higuera está en camino de librarla

*Lo que cuesta dar de cenar al primer mundo

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

Ante una sociedad cada vez más exigentes, los políticos se vuelven también cada vez más obsequiosos en temas como la transparencia y el combate a la corrupción, aunque a fin de cuentas lo que más se ve es el discurso, que nunca pasa a la acción, o lo hace de manera tan lenta, que no hay quien pueda sentirse reconocido de ello.

Ayer el presidente de la Comisión de Fiscalización del Congreso del Estado, Gómer Monárrez anunció que quince instituciones públicas serán llamadas a la Auditoría Superior del Estado –ASE- para que respondan acerca de irregularidades que aparecieron en las revisiones.

A decir verdad, es toda una noticia. Hasta el momento no hemos visto un solo caso que llegue al fin de su recurrido jurídico, de modo que cuando los organismos de control abren la puerta para sancionar latrocinios o irregularidades en el manejo de los recursos públicos, se da de nuevo la esperanza de una sociedad que tiene la certeza de que “todo está podrido en Dinamarca”

Desgraciadamente los resultados nunca son como se ofrecen. Lo que parecía más seguro era la agarrada de dedos para acaldes y regidores de la horneada anterior, a quienes sólo se les acusaba por haberse otorgado bonos de retiro. En cada municipio corren historias muy verosímiles sobre actos de corrupción, pero a los señores sólo se les acusó por un bono que en efecto, estaba perfectamente documentado, y aun así no pasó nada.

Algunos que se asustaron fueron y regresaron el dinero y con eso se libraron de cualquier tipo de sanción. Otros todavía se pusieron dignos y simularon donaciones, como Zenen Xóchihua Enciso, y con eso tuvieron para quedar tan limpios, que hasta se les registró como candidato a diputado federal. Limpio e impoluto.

Los regidores de Mazatlán dijeron que no regresaban el dinero y no lo regresaron.

En Sinaloa municipio hubo dos casos de obras pagadas y no ejecutadas, que fueron denunciadas por el ayuntamiento entrante, pero la Procuraduría General de Justicia no le dio para adelante a los asuntos, en recuerdo de que el alcalde acusado y sus seguidores, fueron parte de la coalición triunfante en las elecciones del 2010.

El mismo Gómer Monárrez se pone el huarache antes de espinarse, y aclara que las dependencias a las que pescaron en la maroma, sólo enfrentan situaciones como las de registrar pasivos sin fuente de pago y que todo lo encontrado hasta este momento son observaciones, que los responsables de cada área están en derecho de solventar y quedar sin responsabilidad de ningún tipo.

Jure usted que así será.

En estos momentos, para que se asombre, si todavía le queda capacidad para ello, el ex alcalde Alejandro Higuera Osuna está en camino de quedar liberado totalmente de la responsabilidad por un trabajo de dragado que según las revisiones de la ASE, no se hicieron, y que además aparecen pagadas doblemente.

La primera reacción de Higuera fue negarlo todo; después explicó que todo estaba bien y que había consenso sobre ello; al final, cuando ya sintió que las gestiones de sus defensores fructificaban, se dio el lujo de decir que las acusaciones enderezadas por la ASE tuvieron motivaciones electoreras, que le estaba haciendo el trabajo sucio al PRI.

Y como donde hay miedo (y compromiso) ni coraje da, la ASE efectivamente avanza en la limpieza del camino. Nomás para que se dé usted cuenta de lo sólidos que estuvieron los argumentos de defensa, un diputado que en ese  omento era amigo de Higuera dijo en plena sesión que el trabajo de dragado sí se había hecho, pero que no se notaba porque al año siguiente de esas operaciones había llovido mucho. Ni Caterpillar podía haber hecho un trabajo más técnico y preciso Que el año referido haya sido de sequía es lo de menos…

CÓMO SE CONSIENTEN

LOS DE ALLÁ ARRIBA

Esta semana la Presidencia de la República anunció que en razón de las condiciones que vive el país, con los problemas económicos, la justificada irritación por el caso Ayotzinapa y su errático manejo, amén de otros asuntos que no les vino al caso enumerar, la ceremonia del grito de Independencia se vería reducida al acto tradicional, y a un saludo del Cuerpo Diplomático acreditado e México y del gabinete presidencial.

La decisión es buena, plausible. El país en efecto pasa por momentos difíciles, de enojo y de congoja, de incertidumbre, y mantener un fiesta por todo lo alto constituiría una muestra de insensibilidad que ya en otras ocasiones se ha presentado. Por referirnos a algo casi cotidiano, hay que recordar que en las fechas del grito se han registrado enormes desastres causados por los ciclones, y ello no había sido suficiente para detener el festejo (no la ceremonia, sino el festejo).

Pero resulta que para destacar la importancia de la medida, la propia Presidencia de la Republica informa que la cena de la ceremonia del grito en 2013 costó más de dieciocho millones, y la del 2014 le anduvo muy cerca, con casi dieciocho milloncitos.

Uno pensaría que esos personajes del alto mundo no comen como el pobre que se cuela a una fiesta generosa, donde compensa las carencias. Si en sus casas hay de los mejores vinos y de las mejores cocinas, para qué ir a llenarse las panzas en un encuentro donde lo importante, supone uno, es el convivio entre pares, la oportunidad para hacer o revivir relaciones, negocios y expectativas, lo que haría que la comida fuese lo de menos.

Pero no. Gastarse tanto dinero en una cena que además no es formal, sino de bocadillos (snacks, para estar a la altura de las circunstancias, snacks, aunque sean en mexican style), significa echar la casa por la ventana. Los delicados gañotes no beben seguramente vinos del Valle de Calafia ni de los viñedos del Bajío, sino franceses, sicialianos o riojanos.

Así somos. ¿Sabe usted qué servían los cónsules estadunidenses cuando funcionaba aquí el consulado? Hamburguesas, hotdogs (que a veces asaba el propio cónsul) y de tomar cocacolas. Alguna botellita de escocés para los capitanes de industria, pero nada más. Y las pagaban os cónsules, porque su presupuesto oficial no incluía esos gastos.

Viviendo en esas nubes, no es de extrañar que los protagonistas y defensores de la macroeconomía “que tanta fortaleza le ha dado al país” sigan creyendo, aunque ya sean otros los encargados, que una familia paga hipoteca, coche y colegiaturas privadas con seis mil pesos mensuales.