EN LA GRILLA

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*El presidente y el conflicto de intereses

*Vizcarra en primera línea presidencial

*Jesús Valdez ya ensaya su interinato

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

No hubo grandes sorpresas, sino ratificaciones de los proyectos anteriores e incluso del decálogo lanzado tras la crisis de Ayotzinapa, si acaso actualizado. El presidente Enrique Peña Nieto tuvo un momento de arrojo al mencionar el involucramiento de la figura residencial en un problema de conflicto de intereses, considerado éste entre las causas de la indignación y crispación de la sociedad mexicana.

Eso fue bueno sin duda, pero como muchas cosas en este gobierno, se quedó por encimita, Ya decíamos en la entrega de ayer que ningún presidente, ninguna figura pública, va a utilizar la tribuna para autoinmolarse, pero ya vimos que la referencia no le provocó ni debilidad ni un mayor deterioro de la imagen. Por el contrario, de haber profundizado de manera inteligente, pudo haber ganado mucho más de lo que se cree, ante una comunidad que en efecto, está indignada y necesita respuestas.

Ojalá que esa mención, aún en los términos casi circunstanciales en que apareció, fuese el inicio de un ejercicio de apertura y autocrítica más allá de lo que se pueda lograr con las nuevas condiciones de la transparencia obligada. Lo que e necesita en este país es que el gobierno se ponga en el nivel de la sociedad, como simples mortales que se equivocan, lo aceptan y lo corrigen.

Independientemente de que funcionen o no los panes y proyectos basados en las famosas reformas estructurales, la mayor aportación que el presidente podría hacer al país, es verbalizar, razonar el asunto de la corrupción y sobre todo el conflicto de intereses. Es obvio que cuando se adquirieron las casas Blanca y de Malinalco, tanto él como el secretario Videgaray estaban pensando en los términos de las prácticas políticas tradicionales, con la naturalidad que siempre han tenido –por desgracia- los constructores y otros beneficiarios de los negocios con el gobierno.

Seguramente Virgilio Andrade, el atormentado secretario de la Función Pública, presentó una pieza jurídicamente indiscutible al momento de exonerar los dos asuntos, de modo que aun cuando sigan existiendo voces que los quieran defenestrar y hst fusilar, nada habrá ya por hacer en ese camino.

Que aproveche entonces el presidente para sentar las bases que eviten nuevos casos de esa naturaleza. Que él mismo genere el proceso en que estos conflictos de intereses se desmenucen y se vuelvan políticamente inaceptables, para que en última instancia no baste una cobertura legal frente a lo que es moralmente improcedente.

La referencia en el mensaje es un buen principio. Que no lo deje morir.

EL ESCÁNDALO DE LA

INVITACIÓN ESPECIAL

Puestos a buscar indicios que suplan las reglas inexistentes, los sinaloenses que vimos la transmisión del mensaje presidencial, nos encontramos de buenas a primeras con que Jesús Vizcarra calderón estaba entre los invitados especiales –muy especiales- con asiento de primera fila, en la zona central de la butaquería desplegada en el patio principal de Palacio Nacional, y entre personajes como el rector de la UNAM, José Narro Robles, el presidente del grupo Carso, Carlos Slim, el dueño de Televisa Emilio Azcárraga Jean (al que le tocó justo detrás de Vizcarra) y Diego Fernández de Cevallos. Crème de la crème, dirían los cronistas socialités afrancesados.

Instalado en un “no” reiterado una y otra vez, izcarra encabeza todas las encuestas de opinión que se han levantado en los últimos cuatro años, a propósito de quien podría relevar a Mario López Valdez en la gubernatura sinaloenses.

La negativa de este destacado empresario de la carne no ha servido para reducir las expectativas de la gente, como tampoco han limitado las expresiones de cercanía con el presidente Enrique Peña Nieto, quien lo mismo le ha invitado a viajes internacionales, que le ha entregado reconocimientos decididos por el empresariado nacional. El último de ellos fue en una empresa de su propiedad, en el estado de Michoacán.

Las fotos de ese evento fueron utilizadas para los promocionales de este tercer informe presidencial, lo que vino a levantar comentarios de todo tipo. Ahora es la asistencia y la ubicación en el evento de Palacio Nacional.

El año próximo hay elecciones en doce estados de la República. Hay relevos en entidades tan significativas para el centro del país, como Veracruz, Puebla, Oaxaca, Hidalgo (remember Segob) y el gigante Chihuahua; en uno tan conflictivo como Tamaulipas, en el vecino Durango y en el lejano Tlaxcala; Zacatecas y Aguascalientes, y el turísticamente estratégico Quintan Roo.

Con ese calendario tan intenso, con esos lugares de interés tan estratégico, es difícil que el presidente o su equipo estén pensando tan clavadamente en el caso Sinaloa, como para decir: “aquí van estas pistas y aquí está esta estrategia de posicionamiento”, sobre todo cuando el presunto beneficiario no necesita de eso para tener una presencia fuerte entre el electorado.

Por ello se ven sobrados los que insisten en que se trata de pistas que van indicando cuál es el proyecto de la Presidencia de la República para tomar la decisión en Sinaloa. Pero por otra parte, es innegable que Vizcarra es un hombre presente en el ánimo del presidente y de sus colaboradores, y eso por sí mismo, es un elemento de suma importancia.

¿PARA QUE SE VAYAN

ACOSTUMBRANDO?

Los priístas no se conforman con el regreso al poder. Quieren restaurar todas sus “tradiciones”, y una de ellas es reunirse para ver el mensaje del informe presidencial. Cuando el país era dominado íntegramente o casi por el tricolor, el día del informe era reverenciado unánimemente. Si los gobernadores acudían al acto, el secretario general de gobierno encabezaba al gabinete en una reunión para ver el informe a través de la tele. Y lo mismo hacían los alcaldes, y el ritual se repetía en cada oficina pública, a condición de que alguien tuviera un televisor para llevarlo (antes no en todos lados los había, como ahora).

Ayer en Culiacán la dirigencia estatal tricolor se reunió a ver el mensaje en el lobby del auditorio Benito Juárez, pero lo novedoso no fue la reunión, son el hecho de que este encuentro fuese encabezado por el exdiputado Jesús Valdez, secretario general.

Martha Tamayo, la presidenta, se quedó en el Distrito Federal porque hoy jueves tiene sesión, y fue más práctico quedarse a organizar el trabajo que aventarse un viaje de pisa y corre.

Pero en el fondo parece la aplicación de una fórmula previsible: Jesús Valdez se va a quedar en el interinato mientras llega el momento en que el PRI define a su candidato a la gubernatura, y entonces se arman los equipos definitivos: el de campaña, el de la estrategia, el del partido.

Valdez ha dicho que él no quiere ser el nuevo titular del PRI sinaloense porque ello le quitaría a oportunidad de luchar por ser candidato a presidente municipal de Culiacán, al convertirlo en juez y parte, pero no es cierto. El presidente del CDE priísta no es juez de nadie, es simplemente un ejecutor de las decisiones que se toman en otro lado, ya sea en la dirigencia nacional, en la oficina del candidato a gobernador, o en los lugares donde se negocie con los poderes instituidos, o con los otros, si se da el caso.