EN LA GRILLA

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*Reconocen al Ejército y al general Melo

*Autoridades contra usos y costumbres

*Chilanguismo de funcionarios culiches

FRANCISCO CHIQUETE

Parecía un asunto protocolario, pero el reconocimiento hecho por el gobernador Mario López Valdez y el alcalde Alejandro Higuera Osuna en sus respectivos discursos de ayer, al general Moisés Melo, comandante de la Tercera Región Militar, se convirtió en una expresión espontánea y cálida de la gente de La Noria.

Tanto el gobernador como el alcalde hicieron referencia al respaldo que el Ejército, y en particular el general Melo, han dado a la lucha contra la inseguridad en Sinaloa, donde este año se espera cerrar con mil crímenes menos de los registrados al inicio de este gobierno. No hemos acabado la tarea, el problema no está resuelto, precisó López Valdez, pero en lo que hemos avanzado, ha sido fundamental el respaldo del Ejército.

Tanto durante la intervención de Malova como la de Higuera, los aplausos fueron fuertes y cálidos, algo que contrasta con las reacciones de la gente que vive donde se instala un retén preventivo.

Y es que en La Noria la han sufrido de veras. Las gavillas han azolado a la región durante años y los noreños, lo mismo que en el resto de los poblados tenían que encerrarse muy temprano en sus casas, sabiendo además que ni siquiera esa precaución era suficiente, porque los delincuentes destruían puertas sin el menor temor de ser descubiertos, sacando a los jefes de la familia, a los muchachos o incluso asesinándolos ahí mismo.

Mientras en el resto de Mazatlán las cosas empezaban a tranquilizarse, sobre todo en el renglón de los crímenes dolosos, en esta parte del municipio se enconaron las cosas, a tal grado que cuando alguien habló de un supuesto enfrentamiento con más de cien muertos, todo mundo lo creyó a pie juntillas, incluyendo a los propios habitantes de la región.

Los problemas no se circunscribían a la parte de la sierra, en la conexión con Concordia o con San Ignacio. Se extendían hasta abajo, a El Habal y por supuesto, a los poblados de los alrededores.

Poco a poco hemos ido bajando todo eso, dice Higuera, gracias a la disposición del general Melo, que ha puesto mucha atención en la zona, sobre todo en la vigilancia permanente, más que en los operativos efectistas.

En estos momentos, en el entronque de la Carretera Internacional con la vía a La Noria hay un campamento militar que revisa los vehículos sospechosos, pero que sobre todo impone respeto. Si antes en la zona serrana eran célebres los chistes sobre “los camiones llenos de sandías” que hacían corres a los narcos y los gavilleros, hoy “el gobierno”, como aquellos mismos llaman al Ejército, está establecido de fijo en esa área, donde ambiciosos negocios de servicios y turismo se quedaron estancados o de plano desaparecieron a causa de la inseguridad.

Todavía no hace mucho en la sindicatura de El Quelite, contigua a La Noria, fueron emboscados unos patrulleros de la Municipal. Murieron dos elementos, lo que hizo regresar el pesimismo que por mucho tiempo se enseñoreó sobre la región, pero aún ese detalle parece estar siendo superado. La gente de La Noria, por lo pronto, ratificó con aplausos los reconocimientos que las autoridades hicieron al alto mando militar.

PUERTAS AL AGUA

Nunca faltan puntadas de la autoridad que cree que puede contra los usos y costumbres que no por urbanos, dejan de ser mandatos populares. Esta vez es en la capital del estado donde el Presidente Municipal, Aarón Rivas, se creyó emperador de visas y conciencias, y prohibió que en los panteones haya música y bebidas embriagantes durante las festividades de muertos.

No han faltado intentos de esa naturaleza. Aquí en Mazatlán Alejandro Higuera lo procuró en más de una ocasión, y en todas fracasó irremediablemente.

En principio, los observadores pensábamos que se trataba de un prejuicio religioso,. Que siendo Higuera un hombre de profundas convicciones católicas, y además de un carácter tradicionalista, fundamentalista incluso, pretendía llevar a la práctica la vieja expresión de la santidad de los sepulcros.

Pero también lo han intentado en Guamúchil, en Guasave, y ahora en Culiacán, lo que hace pensar en que además de los asuntos de índole religiosa, hay también un prurito de autoridad, llevado también al extremo.

La realidad es que en Mazatlán los agentes policíacos tuvieron que hacerse los occisos (para estar a tono con la fiesta) ante la avalancha de gente que entró a los panteones con sus bolsas de comidas, sus atados de sillas, sus bultos de flores, entre los cuales no faltaba el cartón de cerveza, el six o el ochito, o las ballenas y misiles, que iban escanciando poco a poco, en animadas pláticas, entre tamales y cebiches, entre lágrima y lágrima, hasta salir incróspidos, protegidos por vallas de mujeres y demás parentela que hacían inviable cualquier intento de detención.

Así suavemente van haciendo presencia los tríos norteños, los cuartetos de guitarreros, hasta las mínimas bandas que a falta de tuba (uno de los instrumentos más caros) traen a un mozo de pulmones amplios para que imite el sonido con la boca. De a veinte la pieza, de a seis por cien, de a como se deje el cliente.

Es cierto que en algunos panteones culiches no son los chirrines ni los cancioneros, sino las bandas más estridentes y que en lugar de cervezas, algunos círculos se rondan la botella de buchannan; no son el “Te vas ángel mío”, ni “Cuando dos almas”, ni siquiera “Amor eterno”, sino los narcocorridos del momento, o los éxitos del movimiento alterado los que rasgan el aire, pero en términos generales se trata de situaciones difíciles de reclamar y por supuesto, de detener, sobre todo cuando la autoridad se pasa de la raya.

En Mazatlán pocos supieron de esto, y los protagonistas se van a sorprender de saberse balconeados, pero siguiendo una instrucción estatal que prohíbe las fiestas de especulación y hasta de cooperacha basadas en el Halloween, la Oficialía Mayor llegó al extremo de suspender, o pretenderlo, los eventos oficiales por la festividad de muertos.

Desde hace mucho, el Instituto de Cultura realiza una callejoneada por los rumbos del Centro Histórico en que planteles educativos como el tradicional Colegio Sinaloense y artistas plásticos que viven o tienen sus talleres en el área instalan altares de muertos, siguiendo una muy mexicana tradición relacionada con estas fechas.

Cientos y cientos de personas hacen el recorrido para admirar los altares, al son de una banda regional y con el alivio de un barril de cerveza montado a lomo de burro. Pues ese recorrido estuvo suspendido por unas horas, pese a las argumentaciones, reargumentaciones y contraargumentaciones del director de Cultura, Raúl Rico González. –Parecía que iban a terminar mal, mal de veras, dijo una persona cercana a Jaime López Nieblas, el oficial mayor, pero al final se impuso la razón y ni terminaron mal, ni se suspendió la callejoneada.

FUERA DE CULIACÁN,

TODO ES CUAUTITLÁN

En realidad el dicho dice que “fuera del DF, todo es Cuautitlán”, pero nuestros paisanos de la capital del estado parecen haberlo asumido y parafraseado, pues pretenden solucionar los problemas ocurridos en la capital del estado, extendiendo las medidas al resto de la entidad.

Hace unos meses ocurrió una desgracia en uno de los antros de Culiacán. Un joven fue asesinado por un incidente en que uno de los peleoneros se propasó con una chamaca.

La reacción de Alcoholes fue limitar el horario de operación de los centros nocturnos, pero no los de la capital, sino los de todo el estado. Por supuesto que los turisteros mazatlecos pusieron el grito en el cielo, pues si bien el límite era el tope normal, de las dos de la mañana, en periodos de vacaciones y festividades se suele aplicar aquí un periodo extraordinario de dos horas adicionales, que por los hechos culiches, a los mazatlecos les quedaban prohibidas.

Lo peor fue la explicación dada a los medios del estado y por ende, del país: “se limitan las horas de operación, por cuestiones de seguridad”. “¿Qué mensaje estamos mandando, cuando vendemos a Mazatlán como el destino turístico familiar más seguro del país? ¿Cómo sostenemos eso si estamos limitando los horarios de diversión a los turistas por cuestiones de seguridad?”.

El asunto del Halloween y la prohibición vino porque en Culiacán muchos jóvenes se organizaron y desde la semana pasada hicieron fiestas de especulación o de cooperación en estacionamientos, en terrenos baldíos pero cercados, con todos los excesos que son imaginables en lugares donde hay “barra libre”. Si eso ocurrió antes de llegar las fechas, dijeron, qué no ocurrirá el mero día. Y prohibieron, otra vez, para todo el estado.

En Mazatlán, con tantos antros a su disposición, donde además se organizan concursos y otras atracciones, los muchachos no necesitan echar mano de lo que hicieron los culiches, aunque sí hay fiestas familiares en las que padres e hijos se disfrazan para adaptarse a estos tiempos celebratorios. Pues aún esas expresiones domésticas fueron sometidas a control.

Por supuesto, cada municipio tiene sus características y sus necesidades. Los habrá donde sea necesario ejercer una supervisión más rigurosa, o donde las condiciones de seguridad lleven a extremar las precauciones, pero aplicar tabla rasa es un absurdo propio de quienes no saben que están ante una sociedad plural en un sentido mayor al del voto.

Y si de paso le sumamos las limitaciones de algunos funcionarios, que ven hasta en los eventos culturales materia para ejercer la autoridad a destajo, nos explicamos porqué la gente está tan cansada de quienes se supone que están para servirles.