EN LA GRILLA

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*Se formalizó la coordinación del Chuquique

*La gran diferencia con Cenovio Ruiz Zazueta

*El avión y la defensa para Juan Pablo Yamuni

FRANCISCO CHIQUETE

Pasó lo que tenía que pasar. Jesús Enrique Hernández Chávez fue designado como coordinador de los diputados priístas y por tanto se hará cargo de los órganos de gobierno del Congreso del Estado durante la próxima legislatura. Hubo votación, aunque la elección ya estaba hecha, y el resultado fue el que aquí mismo se había adelantado: 19 a favor del Chuquique y tres para Ramón Barajas.

Hay quienes precisan que en realidad Barajas tenía el apoyo de los diputados aguilaristas, pero no necesariamente era una carta del exgobernador, a quien se le atribuía padrinazgo sobre el futuro legislador guasavense, quien finalmente tomó las cosas con filosofía, lo mismo que los previsibles emisores de los votos que le impidieron la blanqueada.

Hernández Chávez es ahora el interlocutor principal del gobernador Mario López Valdez, por su posición preeminente en el Congreso. Desde luego, no será un interlocutor incómodo, como fue Cenovio Ruiz Zazueta, quien si bien terminó coordinándose con los planteamientos impulsados por el gobernador, llevó la relación a una situación de extremo que más de una vez pareció llegar al quiebre, aunque al final siempre haya encontrado el punto de contacto.

Cenovio, la cara visible del grupo aguilarista, empezó con una postura que parecía intransigente. Durante una entrevista previa a las decisiones importantes, Cenovio Ruiz nos declaró: -escúchalo francisco: este próximo año no habrá impuesto por tenencia de vehículos en Sinaloa.

Era la posición de los priístas contra un cambio de idea en el naciente gobierno malovista, que en campaña ofreció desaparecer el impuesto sobre tenencia, pero a la hora de la hora propuso que este beneficio fuese acotado sólo a quienes no presentaban declaración fiscal y por tanto no podían deducir ese pago de sus impuestos.

Por esas fechas sin embargo había  varios casos muy discutidos. El más fuerte era el de la Secretaría de Salud en el estado, donde se manejaban acusaciones nunca formuladas por un supuesto desvío multimillonario, amén de otros escándalos de menor cuantía que al final se terminó con la comparecencia de un funcionario a quien dejaron en libertad después de un interrogatorio de ocho horas. Y hubo tenencia.

Varios otros casos calificados como espinosos salieron con acuerdos que siempre ocurrieron en el último momento, pero la efectividad no abonó en el trato entre Cenovio y el tercer piso. Después se generó el eje CDE-Congreso, que aún sin haber llegado a concretar nada contra Malova y sus propuestas, sí generó tensiones y hasta enfrentamientos verbales.

Cenobio aspiró a ser candidato a presidente municipal de Culiacán, pero además del diagnóstico de que no ganaba la elección ni yendo sin contrincantes, Cenovio se encontró con que las cosas habían cambiado. El PRI nacional tenía ya otro trato hacia Malova y no había interés en imponerle un candidato incómodo para la capital del estado. Por el contrario, Sergio Torres era la carta más apropiada para mandarle al gobernador una buena señal (lo era más aún Aarón Rivas, pero no se vale la reelección, ni siquiera administrativa).

Cenobio no quiso regresar a encarar la nueva relación y su lugar fue ocupado por la diputada Rosa Elena Millán Bueno, quien ha sabido equilibrar entre una posición de independencia sin agresividad, distendiendo la relación entre la fracción priísta y el tercer piso.

Con Hernández Chávez no habrá roces ni enfrentamientos. Su paso por la dirigencia priísta ha servido para conjugar los intereses de la dirigencia nacional y los grupos priistas, sin dar importancia al periodo de enconos que se vivió durante los primeros dos años del gobierno actual.

Habrá que ver cómo puede seguir adelante si se concreta la aseveración de que la nueva directiva del PRI en Sinaloa tendrá que contar con la característica de no ser enemigo del gobernador, pero tampoco un incondicional. En algún momento esa independencia medianera tendrá que tomar decisiones y Chuquique siempre ha sido institucional hasta las cachas.

UN AVIÓN Y UN FUNCIONARIO

Nunca imaginó el gobernador Mario López Valdez que comprar un acvión le significaría tantas broncas. Las de opinión pública, registradas apenas se conoció la adquisición. Si hubiesen sido motoconformadoras o computadoras, o equipo de oficina, la cantidad de un millón ochocientos mil dólares y de novecientos mil y fracción gastadas en el equipamiento adicional, las críticas no habrían resultado tan agrias como lo fueron por tratarse de un avión.

Después de tanto golpeteo resultó que el avión nuevo no era nuevo, y en consecuencia empezó a presentar fallas que obligaron a que lo dejaran relegado, con las respectivas consecuencias de nuevas andanadas de golpes hasta que se tomó la decisión de venderlo y entonces, adivinó usted, se le vino al gobierno y particularmente al gobernador una nueva zarabanda.

Si no quieren que lo venda no lo vendo, dijo ayer Malova, pero eso no es lo más importante. El caso es que le preguntaron sobre la advertencia del Congreso, en el sentido de que Juan Pablo Yamuni, titular de la Unidad de Transparencia y Rendición de Cuentas enterró los datos que se le estaban pidiendo en la Auditoría Superior del Estado. ¿Tendrá Yamunbi que enfrentar alguna situación por eso? le preguntaron.

La respuesta no sólo fue contundente, fue vehemente. No, Juan Pablo no tiene nada que ver, él no. Si hay algo que cumplir, papeles qué entregar, lo hgaremos.

No se recuerda una defensa tan decidida para algún funcionario del gobierno por parte del propio gobernador. Él no, y punto.

Por cierto que Yamuni tuvo ayer la etapa mazatleca de su tercera semana de transparencia y rendición de cuentas, con dos conferencias, una sobre datos personales en manos de las instituciones oficiales, y la otra sobre auditoría forense. De todos nmodos, Yamuni se dio tiempo de aparecerse por el Centro de Convenciones, donde se llevaba a cabo la reunión nacional de secretarios de desarrollo económico de los gobiernos estatales, con la presencia de dos secretarios de estado: el de Economía, Ildefonso Guajardo Villarreal y Claudia Ruiz Massieu, de Turismo. Todavía hoy tendrán a dos subsecretarios, dos directores y dos titulares de entidades bancarias de desarrollo que por cierto muestran la renovación de la exfamilia revolucionaria. Son el director de Bancomext, Enrique de la Madrid Cordero, hijo del desaparecido expresidente Miguel de la Madrid Hurtado, y el director de Banobras, Alfredo del Mazo Maza, hijo de Alfredo del Mazo González, exgobernador del Estado de México y exsecretario de estado –Energía, Minas e Industria Paraestatal-, de quien se pensó podía haber sido el sucesor de Miguel de la Madrid.

La ceremonia inaugural, muy lucida, tuvo sin embargo sus incidentes. De entrada al secretario Guajardo se le chisporroteó y ya hablando en automático, se refirió a Mario López Velarde. El gobernador escuchó la rectificación y sin pensar en la Suave Patria pidió que simplemente lo llamaran Malova. Más enfático tuvo que ser Alejandro Higuera Osuna cuando el funcionario le refirió un cuasipaisanaje, pues tenía noticias de que el munícipe mazatleco estaba casado con una regiomontana.

Higuera no se esperó e interrumpió el discurso para decir que no, que su esposa es de Nayarit. Guajardo confundido le preguntó cuándo había ganado la elección y la respuesta de “hace tres años” le aclaró todo el panorama: “entonces es el que ganó apenas”. En efecto, Carlos Felton es esposo de una regiomontana, Silvia Treviño, quien tiene décadas avecindada aquí y ya hasta llegó a diputada local. Higuera diría después que la aclaración no fue por incomodidad con la confusión, sino por garantizar la tranquilidad doméstica.