EN LA GRILLA

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*El mero día, todos los líderes al tercer piso

*Ya están en la guerra de números y encuestas

*¿Hasta dónde fue a dar la reforma educativa?

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

Normalmente las jornadas electorales son calientes, aunque las campañas hayan sido frías y aburridas. En las calles llegas a haber enfrentamientos, acusaciones y jaloneos entre los activistas de alguno de los muchos bandos. Basta una marcha más rápida de un vehículo, un grito de burla, el rumor de que alguien está introduciendo votos indebidos en una urna, o de que están dejando votar sin credencial, para que la gresca se arme.

Y mientras ¿dónde van a estar los dirigentes o representantes más conspicuos de cada partido? Nada menos que en el tercer piso, todos juntos con el gobernador en algún momento, con el secretario general de gobierno en la mayor parte de la jornada.

Pero no piense usted mal. No es un cochupo ni se están poniendo de acuerdo para repartirse los distritos o los votos que se emitan en ellos. Están ahí para ponerse de acuerdo en la manera de abordar los problemas que se vayan registrando a lo largo de la jornada.

En las Juntas Distritales se reúnen primero para instalar la sesión y luego para recibir las novedades de manera intermitente a lo largo del día, hasta llegar a la parte permanente, cuando reciben y cuentan de manera preliminar los paquetes electorales.

Algo así harán los miembros de la mesa de concertación y distención. Ahí estarán los dirigentes, algunos de los cuales se han quejado por ejemplo de que el tercer piso se ha ladeado; o los que han acusado al secretario general de gobierno, de hacerle su luchita para ser candidato del PRI a la gubernatura bajo el amparo de un trébol de cuatro hojas.

Y todos ellos por supuesto, estarán pendientes y dispuestos a creer y aceptar las versiones que el propio secretario general de gobierno les dé acerca de las broncas y la manera en que quedaron solucionadas. A menos por supuesto, que exceda lo permisible o se les considere como influyentes en el resultado final, en cuyo caso acabará hasta la cordialidad y la diplomacia que se ha logrado construir enre todos estos personajes.

En 2013, por ejemplo, el representante del PAN no dijo ni pío acerca de la elección de alcalde en Ahome. Al finalizar el cómputo se desató una severísima protesta de dirigentes y militantes de Acción Nacional, cuyos enojos sin embargo no fueron llevados a la mesa de distensión, como no fue llevado el angustioso llamado de los priístas de Mazatlán, quienes fueron sistemáticamente perseguidos y desmovilizados cuando andaban en pos de los llamados votantes del día D. Los ejecutores de esta medida fueron nada menos que los escoltas del entonces secretario de Seguridad Pública Municipal.

La mesa en realidad no tiene ninguna representatividad jurídica, pero en los procesos anteriores ha tenido hasta la presencia de las autoridades electorales, de modo que había que confiar a como diera lugar. Hoy no se ha dado el caso, pero es evidente que no habría ninguna impugnación a esta práctica, ni se desairaría un llamado al orden, a corregir o por lo menos a intervenir en algún conato de conflicto, porque se trata precisamente de eso: de evitar que las cosas lleguen a mayores.

LA ÚLTIMA GUERRA

DE LAS CIFRAS

En su última conferencia de prensa de la campaña (al menos de las programadas) el candidato del PAN, Martín Pérez Torres dio a conocer que de acuerdo con sus encuestas, se encuentra nueve puntos arriba de su más cercano perseguidor, que es Quirino Ordaz Coppel, candidato de los partidos Revolucionario Institucional y Verde Ecologista de México.

También el equipo de Quirino Ordaz tiene sus encuestas y en ellas aparece arriba, ya con seis, ya con diez, ya con ocho puntos de ventaja. Se trata de encuestadoras de reconocimiento, muy probablemente las mismas que se conocen en el equipo de campaña de Pérez Torres.

Sin encuestas que mandan hacer las dirigencias nacionales con la encuestadora de sus preferencias, o que mandan hacer instancias oficiales de diferentes niveles para tener el pulso político, de modo que aun cuando les favorezcan, los partidos no pueden divulgarlas con precisiones.

En el caso del PRI, hay además un recuento local, que les da una ventaja que va más allá del índice de error, de modo que se fortaleció el optimismo que de por sí traían durante las últimas semanas.

De todos modos el asunto se remite, como les comentábamos en la entrega anterior, a la capacidad que cada quien tenga para ejecutar su proyecto de día D, con la diferencia que aún una operación muy efectiva de ese tipo, queda corta cuando se llega al cierre del proceso con una ventaja sólida.

Eso es lo que veremos el domingo.

EL GRAN ESCÁNDALO DE LA

EVALUACIÓN SUSPENDIDA

El país entero está sacudido por la decisión de suspender los exámenes de evaluación. Por supuesto, hay quienes consideran que se trata de una medida acertada, aunque como son opositores al gobierno federal, lo toman como un paso ineludible, no como un acto de justicia. Pero hay un porcentaje mucho más elevado de personas que consideran la medida como  un retroceso que acaba con una parte fundamental de la reforma educativa.

Total que entre unos y otros, el gobierno federal terminó quedando mal, y evidentemente sin alcanzar el propósito inicial de esta pequeña reculada: pacificar a los grupos magisteriales que están dispuestos a evitar que haya elecciones, al menos en los estados donde tienen capacidad de movilización, como son Guerrero, Oaxaca, Michoacán y Chiapas.

Sólo el secretario de Educación Pública y Cultura de Sinaloa, Francisco Cuauhtémoc Frías Castro, tiene una visión optimista de lo que está pasando.

En primer lugar rechaza que la decisión del gobierno federal sea una merma para la reforma educativa. Lo que se suspendió no fue el examen de evaluación, sino las fechas para la aplicación los exámenes siguientes, que se repondrán en cuanto pase el proceso electoral.

Frías Castro insiste en que no se trata de dar marcha atrás y que los pasos subsecuentes de la reforma educativo se van a dar en los meses siguientes.

Está difícil convencer a la sociedad de que la marcha atrás encabezada por Emilio Chuayffet Chemor es nomás por un ratito, pero no definitivo.