EN LA GRILLA

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*Caso Aldo: de nuevo ante los ojos del mundo

*Transparencia: poder del gobierno a la sociedad

*Poncho Cevallos: se va un gran luchados social

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

Si el caso de Atilano Román le dio vuelta al mundo, el del músico Aldo Sarabia no se quedó atrás. Además del drama humano que representa la muerte violenta de una persona, en cualquiera de las circunstancias que se dé, hay una serie de efectos que llegan incluso al impacto sobre la imagen y aceptación del lugar de los hechos, en este caso nuestra ciudad.

A muy temprana hora empezó a  correr la versión de que se había encontrado el cuerpo del músico de la Banda El Recodo, desaparecido desde el pasado día 14. Se supo en los medios electrónicos de todo mundo y por supuesto, los de la capital del país, que el personaje había sido asesinado.

Desde hace tiempo, los crímenes relacionados con el medio artístico mexicano, especialmente el ámbito grupero, son temas devorados ávidamente por los medios del mundo. Un asesinato de este tipo es relacionado en automático con el crimen organizado, aunque no haya el menor elemento para determinarlo, simplemente por asociación geográfica y por la maldición de nuestra mala fama como cuna del narco (Juan Sigfrido dixit).

El caso de Aldo Sarabia no tuvo ese desenlace, sino una mundana historia de triángulo amoroso en que la responsabilidad recae sobre la esposa. Todo un folletín, una telenovela de las que abundan en la programación actual, que por haber segado la vida de un músico, un integrante de la muy conocida Banda El Recodo, tuvo tintes de escándalo.

De hoy en adelante el interés del mundo se diluye. Permanecerá sólo el de los medios del corazón, los del ámbito artístico. Los demás se habrán retirado porque no hubo carnita, la carnita que se desarrolla en derredor del crimen organizado, del ámbito de descontrol que ese fenómeno genera en un país víctima de las “debilidades institucionales”, como ahora dicen las autoridades.

Pasaron sólo seis días de que se pidió la intervención policíaca para dar con el paradero del músico desaparecido dos días antes. En realidad, se sabe hoy, el llamado fue extemporáneo porque Aldo fue asesinado en el mismo momento en que su esposa y el amante lo habrían llevado mediante engaños, a la zona rural del municipio.

El resultado sin embargo, habla del despliegue de recursos, de la acuciosidad de los sistemas indagatorios y de la posibilidad de sancionar de manera oportuna y quizá efectiva (ya dependerá de los jueces) a quienes incurren en un delito tan grave como este. Es algo que nadie puede negar y más aún: se trata de uno de muchos casos exitosos en que las investigaciones llevan a los culpables en plazos muy aceptables, aunque en algunos de ellos la falta de un debido proceso haya derivado en la liberación de quienes originalmente fueron responsabilizados.

El problema con esto es que casi todos los expedientes resueltos se refieren a crímenes intrafamiliares, mayormente de parejas en desavenencia, cuya solución es importante. Pero no hemos visto la misma diligencia en aquellos asesinatos en que hay evidente o posible intervención del crimen organizado.

Ni las ejecuciones, ni los enfrentamientos entre grupos tienen más final que el de una averiguación previa abierta que en su inmensa mayoría se cierran sólo cuando ha pasado el tiempo legalmente suficiente, y no cuando los responsables fueron enjuiciados.

 Al resolver el caso, las autoridades quitaron muchas libras de presión sobre la imagen de Mazatlán. Esa es la vía por supuesto, pero tiene que ser de observancia general, no sólo en uno de los renglones del registro delictivo.

LA DIFÍCIL MARCHA DE LA

TRANSPARENCIA OFICIAL

Nadie se engaña respecto de las condiciones en  que se encuentra la transparencia en el manejo de los asuntos gubernamentales. Dos diputadas, una comisionada estatal y un representante de la sociedad civil coinciden en que se trata de una tarea que no ha sido alcanzada a cabalidad, aunque hay avances importantes, más del lado de los ciudadanos que de los propios funcionarios.

La transparencia es un derecho que requiere todavía de avances importantes. Cuando usted escucha a los responsables de las áreas, desde el jefe de la Unidad de Transparencia y Rendición de Cuentas hasta las diputadas, pasando por el activista de la información sobre presupuesto educativa y la comisionada de acceso a la información, se da cuenta de que hay conocimiento y hasta conciencia de lo que se debe hacer, de las metas que deben ser alcanzadas, de los propósitos y compromisos a cumplir.

Cuando compara con la realidad, se da cuenta de que en efecto, como ellos mismos admiten, no es tarea fácil. Los funcionarios todavía no entienden, en términos generales, que la información no es de ellos, sino que tienen que entregarla a la sociedad, como admite Rosy Lizárraga, la integrante de la CEAIPES. Que la falta de respuesta de los funcionarios es porque con cada avance que se da en acceso a la información, los ciudadanos ganan poder, un poder que hoy está sólo en manos de los funcionarios.

Imelda castro, del PRD, advierte además que la sociedad no sólo debe fijarse, como ha hecho, en los viajes que se realizan y el dinero que se gasta. Hay que poner atención en eso, pero más importante que la hamburguesa que se comió el funcionario durante el viaje, es el resultado de eso: otras legislaturas fueron mucho a Curitiba, para conocer el desarrollo urbano de aquel lugar, que se considera como modelo, pero hasta el momento no hemos visto resultados de esos viajes. La sociedad debe vigilar que esos viajes sean útiles, que se abran programas, convenios, y sobre todo verificar que los diputados o funcionarios que sucedan a los viajeros, den seguimiento a las cosas que allá se fueron a hacer, que no mueran con el cambio, porque ahí es donde verdaderamente se pierde el dinero de la sociedad que fue invertido.

La diputada priísta Sandra Lara ilustró las resistencias a la apertura con el caso de los funcionarios y diputados que se negaron a hacer públicas las declaraciones patrimoniales que por ley tienen que entregar cuando acceden a un puesto público o cambian de posición. El pretexto, dijo, es que con esa información se les pone en riesgo ante el clima de inseguridad que se vive. La realidad es que de todos modos existe la inseguridad, de todos modos se sabe que tienen buenos ingresos, y ninguno de ellos ha sido víctima de estos acontecimientos. Ella sí presentó la declaración de manera pública.

El representante en Sinaloa de Mexicanos Primero, Juan Alfonso Mejía López Lizárraga, destacó la importancia de que haya una real transparencia en el gasto educativo. Que se tenga un gran presupuesto no garantiza que haya una buena inversión en educación, advirtió. Hasta antes del Censo Nacional sobre el Magisterio, realizado en este gobierno, nadie sabía cuántos maestros había en el país. Hoy se sabe y es un punto de partida que permite presionar para que los recursos sean bien utilizados, sobre todo en un área como la educativa, que destina del 90 al 95 por ciento de los presupuestos, precisamente a nómina, ese elemento que nadie podía precisar.

Juan Pablo Yamuni admite también las dilaciones, las resistencias y las limitaciones, pero insiste en que será la participación ciudadana la que ayudará a superar el estado de cosas.

En el tema de los archivos se coincidió también en la importancia d preservar adecuadamente la documentación, pues sin ello no hay transparencia posible. Todo parecía ir de acuerdo en acuerdo, hasta que el discurso del secretario de Innovación Gubernamental, Karim Pechir Espinoza de los Monteros, recibió un contrapunto.

Karim tomó el camino de la autocrítica abstracta, que le suena bien a todo el mundo. El propio gobierno propicia el desorden, exigiendo al ciudadano documentos que el mismo gobierno genera, como el acta de nacimiento que tiene en los archivos de la secretaría general de gobierno, y que exige la Dirección de Vialidad y Transportes al ciudadano que requiere de una licencia, cuando puede tranquilamente generarse la información de dependencia a dependencia y mantenerlos en un archivo digital sin utilizar papel y sin quitar el tiempo al ciudadano.

Pero la directora del Sistema Nacional de Archivos del Archivo General de la Nación, Claudia López Iglesias, atajó el planteamiento en su oportunidad, diciendo que no se trata más que de buenas intenciones, que no hay un ordenamiento tan profundo que permita hacer realidad esas propuestas y que a final de cuentas, lo que se maneja desordenadamente en las computadoras, permanece desordenadamente en la nube o en cualquier sistema de almacenamiento virtual. Lo que se requiere a fin de cuentas es una cultura de archivos que atienda efectivamente las necesidades de la sociedad en ese renglón, pues sin archivos, y sin archivos ordenados, no hay transparencia. Ya no hubo más respuesta.

ALFONSO PONCHO CEBALLOS: SE

EXTINGUE UNA VIDA DE LUCHA

Alfonso Ceballos Brambila fue uno de los grandes soñadores. A contracorriente, sus últimos años los pasó pensando en el gran movimiento socialista que habría de redimir a los pobres del mundo. Pro no fue un teórico de café o de cantina, que los frecuentó, sino un hombre que en la práctica hizo lo que le correspondía.

Como pescador fue muy bueno. No había motor de barco que se le resistiera en altamar, a pesar de las limitaciones de equipo o herramienta, ni el mar tenía secretos en sus oscuras señales para volver a puerto, para dar con las corrientes y los cardúmenes. Sus inquietudes lo llevaron desde joven a la marina mercante y también a la lucha social, pues dio batallas épicas por un cooperativismo limpio que no alcanzó a consolidar ni a salvar.

Como funcionario público fue también ejemplar, aunque coleccionista de batallas perdidas. Cuando el gobierno federal compró la flota camaronera a los armadores fue, en su calidad de supervisor, el único escollo para que los propietarios recibiesen indemnizaciones alucinantes por barcos que ya eran chatarra. Primero le llegó el ofrecimiento de dinero a carretadas, que rechazó con una frialdad de la que al final, en medio de la pobreza, se reía con sorna, porque de todos modos los armadores salieron forrados.

Acumuló historias, anécdotas deslumbrantes como la de aquel cabaret neoyorkino donde una elegante rubia le pidió bailar una pieza, utilizando como alcahuete al capitán de meseros. Era Kim Novak, decía entrecerrando los ojos como si de nuevo la tuviese en sus brazos. Sin Kim Novak y sin nada, con las dos piernas atrancadas por una enfermedad circulatoria, se levantó alucinado, la noche del tres de octubre del 2014 y bailó al son de Gloria Laso, recuperada para sus oídos a través del Youtube. El cuerpo inmenso, las piernas semiparalizadas, los mareos de la presión elevada, todo, se hicieron uno con la cadencia de aquella cantante que en sus años mozos le hiciera vibrar de ilusiones y emociones.

Dos cosas le obsesionaban: el regreso de su gran hermano, Abraham García Ibarra, y el tener en orden los asuntos de su propio funeral. El cajón ya está pagado mi hermano, me falta un piquito, pero ya lo tenemos apartado ¿Y qué prisa tienes Poncho? –No, ninguna, pero hay que estar al día. Por lo menos cada domingo llamaba para preguntar si sabía algo de Abraham, si finalmente había confirmado la visita tantas veces pospuesta.

Su ingreso a la Clínica del Seguro Social era cíclica. Lo identificaban ya enfermeras, médicos, camilleros, quienes sabían que el caso era perdido. Cada vez que lo daban de alta era con la instrucción de cuidarlo para que tuviera una muerte tranquila. Él se reía y resistía. Ni se moría ni se tranquilizaba en su incesante voracidad por leer, por oír música de época y por platicar con sus amigos del viejo sueño de justicia. Anoche habían acordado darlo de alta, pero una complicación nos lo arrebató definitivamente, justo en la víspera de la esperada visita de Abraham, su hermano Bolchevique a quien ya no podrá lanzar su grito de guerra: ¡Gazangazanga!.