EN LA GRILLA

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*Un autogol en la lucha contra la violencia

*Los Tucanes de Tijuana, el nuevo paradigma

*Falta el zapateado panista por Gloria Himelda

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

Casi cuatro años lleva el gobierno de Mario López Valdez enfrentando el grave problema de la inseguridad en Sinaloa, problema que enterró las aspiraciones de continuidad abrigadas en el sexenio anterior y que marcó también a las administraciones federales panistas, como marca a la de Enrique Peña Nieto, a pesar de las nuevas cifras en el país.

En el caso de Sinaloa, López Valdez ha enfrentado también, un poco llevado por la gravedad de las cosas, y otro por su talante entrón, a luchar contra la imagen del estado, al que estando en el gobierno, Juan Sigfrido Millán Lizárraga reconoció como portador del estigma de ser cuna del narcotráfico en México.

Entre los muchos frentes que el gobernador ha mantenido, hay uno que resulta curioso porque siendo una causa justa, se ve francamente imposible ganar: la denominación del cártel más poderoso del país, que lleva el nombre de nuestro estado: el cártel de Sinaloa, cuya fama está universalizada por su presencia en los Estados Unidos, siendo referencia en medos tan importantes como el New York Times o el Washington Post; en Europa, donde Le Monde o El País y hasta Der Spiegel manejan con frecuencia información sobre el crimen organizado internacional, que ven encarnado precisamente en “el cartel de Sinaloa”. Las referencias han aparecido hasta por Australia.

Eso ha llevado al gobernador a pedir, en principio a l PGR, y después a los medios internacionales, que cambien la designación de ese grupo delictivo, atendiendo a la existencia de una comunidad esforzada, que se caracteriza por cosas mucho más allá que el accidente geográfico que dio origen a los fundadores de ese grupo.

Con mucha frecuencia, Malova se queja en sus discursos de que en Sinaloa pueden ocurrir veinte cosas, diecinueve de ellas buenas y una mala, y la que destaca es la mala. Desgrana entonces su lista de argumentos positivos, que van de la levada producción agrícola, la pesquera, los logros de personajes distinguidos en muchas actividades humana de diversa índole. Lo acaba de hacer en la Convención de Exportadores, pero lo hace en cualquier encuentro con cualquier gremio de cualquier procedencia. Él mismo reconoció en esta última ocasión, que quienes siguen sus intervenciones con frecuencias, deben considerarlo repetitivo, pero que valía la pena insistir.

Con todo eso, uno no puede menos que extrañarse cuando ve que el secretario general de gobierno anuncia el programa de fistas patrias, que en la capital del estado será encabezado nada menos que por el grupo Tucanes de Tijuana, cuyo repertorio más exitoso ha sido precisamente el de los narcocorridos.

El propio secretario general de gobierno se dio a la tarea de aclarar en rueda de prensa que ese grupo musical no está vetado en Sinaloa. Y es que los compañeros reporteros le recordaron que hace tiempo no se les dio autorización para hacer un concierto, como no se la dieron al representante del movimiento alterado, Gerardo Ortiz, precisamente para no exacerbar las pasiones que provoca ese tipo de música.

A partir de Francisco Labastida Ochoa, y más señaladamente en el sexenio de Juan Sigfrido Millán Lizárraga, los narcocorridos fueron objeto de prohibición. Los radiodifusores acordaron no transmitir esa música, que por aquellos tiempos amenazaba con convertirse en sembradora de los antivalores en la sociedad sinaloense.

La tarea se perdió. Los fundadores del género, los Tigres del norte, llegaron a tener un reconocimiento oficial en la entidad “por su aportación a la cultura popular”, y aunque nadie quiso acordarse del jefe de jefes, la banda del carro rojo o camelia la tejana, no hay presentación de estos pretendidos héroes en que no esté presente el espíritu de esa música.

Por supuesto que la noche del 15, bajo el balcón del palacio de gobierno, no van a sonar ni la clave privada, ni los tres animales, ni el cártel de a kilo, pero nadie podrá disociar el evento de la independencia de la trayectoria de estos hombres que suscitan ánimos belicosos. Baste entrar a cualquiera de los canales de Youtube dedicados a su música y ver los comentarios de sus seguidores.

“Me convencí de que ser pobre era trabajar honrado”.

Hubo tiempos en que la ceremonia del grito de la independencia se engalanaba con artistas de altos vuelos en el circuito comercial. Marco Antonio Muñiz, Yuri y otros. Los Tucanes de Tijuana significan una claudicación, una concesión a las corrientes contra las que se ha luchado, y no porque el gobierno malovista haya cambiado de aires o de criterio, sino porque alguien tuvo miedo del ratting y consideró que con este cartel musical garantizaba una asistencia monstruo.

La realidad es que independientemente de lo que digan las encuestas, Malova mantiene aún poder de convocatoria, sobre todo cuando se trata de una ceremonia con tanto arraigo como la que se vive la noche del 15 de septiembre, cuando la gente acude voluntariamente, incluso en condiciones adversas como las que ha generado la violencia durante la última década.

El propio gobernador recordó que durante los tres años de su administración se ha convivido en esa ceremonia de manera civilizada y reconoció que pensaron en un grupo con arrastre popular (vimos qué es lo que la gente quería ver, dijo), pero que los Tucanes no tocarán música que hace apología del delito.

¿No es la marca de la casa ese tipo de música, no se relaciona con ellos apenas se menciona el nombre del grupo? Ojalá no vayamos a cerrar el sexenio escuchando en palacio “las canciones románticas de Gerardo Ortiz”.

UN CASO QUE SE LE ESCAPÓ A

EDGARDO BURGOS MARENTES

El berrinchote con premio que hizo la semana antepasada el presidente estatal del PAN, Edgardo Burgos Marentes, debiera replicarse en aras de la congruencia. Si pataleó porque el secretario general de gobierno Gerardo Vargas Landeros consiguió una silla en el Consejo Político Estatal del PRI, igual debería encanijarse ahora que Gloria Himelda Félix fue electa presidente Estatal del Movimiento Territorial de ese mismo partido.

Cuando no había recibido línea de arriba, y estaba feliz de ser parte del engranaje, Burgos Marentes recibió a Gloria Himelda hasta con beneplácito en la secretaría técnica de la mesa Compromisos por Sinaloa, en que participan todos los partidos políticos. No ignoraba por supuesto, la militancia partidista de esta mujer que ha sabido colocarse en magníficas posiciones, después de su actuación como alcaldesa de Mocorito.

Cuando terminó su periodo, la señora Félix se tomó unas vacaciones y casi de inmediato fue presentada como secretaria técnica de la mesa, equivalente regional del “Pacto por México”. Los ocho partidos votaron unánimemente por su inclusión, y nadie, mucho menos Burgos Marentes, se puso a ver si había desequilibrio partidista en el aparato de esta instancia de concertación.

El berrinche en que amenazó con romper el diálogo con el gobierno del estado, le redituó frutos: Gerardo Vargas Landeros pidió licencia a la silla de consejero de la que aún no tomaba posesión para calmar los enojos de su otrora instrumento favorito.

Con Gloria Himelda sería distinto. Difícilmente el PRI nacional le concedería a Burgos el gusto de derribar a una dirigente estatal, por tal de preservar un diálogo que en el fondo nunca estuvo en riesgo, pues como se está viendo con el caso de las asociaciones público-privadas, los diputados del PAN están más entusiasmados que los propios priístas en apoyar las propuestas e iniciativas del gobernador.