EN LA GRILLA

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*Los dirigentes partidistas se lavan las manos

*Los alcaldes dicen que no han recibido papeles

*Lo del hijo de Vallejo y la Tuta no es novedad

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

Por supuesto que no, el partido no participó, dijo el dirigente del PAN, Edgardo Burgos Marentes; nosotros no tuvimos nada qué ver con eso, establece el presidente estatal del PRD, Heriberto Arias Suárez. No, yo no participé y puedo decir que el coordinador de la bancada, el ingeniero Francisco Solano, tampoco lo hizo, dice el presidente de la mesa directiva de la Cámara Local, Adolfo Rojo Montoya.

Usted los escucha hablar y termina condenándose por malpensado. Todos los actores políticos son plenamente conscientes de la importancia que tiene la transparencia, de lo que debe hacerse para que los recursos públicos sean manejados con honestidad, de la influencia negativa que genera la impunidad de aquellos que le entran a la corrupción.

Por supuesto que cualquiera de ellas rechaza negociaciones en lo oscurito, acuerdos ilícitos o favorecimiento de las prácticas indebidas, Cada uno de ellos por separado coincide en que si algo pasó, fue a sus espaldas o sin su concurso, tanto porque no hubo conocimiento previo de los acontecimientos, como por convicción de que no debe participarse en eso.

Y es que a cada uno de ellos se les hizo ver la convicción ciudadana de que en los dos paquetes de cuentas públicas revisadas por los diputados, hubo acuerdos entre los partidos que aceptaron sacrificar a algunos para salvar a otros (te doy Guasave y me das Sinaloa municipio, te entrego El Fuerte, pero me respetas a Mazatlán, dicen las versiones populares de lo que resultó en este proceso de fiscalización, pero a cada uno de los actores políticos entrevistados tanto en Radio Fórmula como en Guardianes de la Noche, les pareció una fantasía inenarrable, una cosa inconcebible que a cada uno les pareció intolerable e imposible de aceptar no sólo la participación, sino hasta la existencia misma de los hechos.

El más enfático sin duda fue Edgardo Burgos Marentes. El presidente estatal del PAN dice que de haber sido diputado, habría votado en contra de la cuenta pública de Sinaloa, lo que implica por supuesto, que no está de acuerdo con las decisiones tomadas por los diputados en estas cuentas, al menos las polémicas. El dirigente no se cuida de condenar la actuación de sus propios compañeros y de algún modo se suma a las condenas e incluso a las especulaciones acerca de los acuerdos interpartidistas para cuidar a cuadros importantes.

Por el contrario, Heriberto Arias asevera que no hay participación de los suyos en esos cochupos, si es que los hubo, y cita el caso de Rosario, donde al PRD le tocó hacer la propuesta para la candidatura dentro de la alianza y sin embargo estuvimos de acuerdo en que se rechazara la cuenta por observaciones muy severas.

Al final los dos terminan deslindándose: si hubo acuerdos, el partido no participó, dice el del PRD y reitera el del PAN. Al final sobre todo Burgos Marentes deja la responsabilidad sobre los hombros de los diputados locales, quienes según estas expresiones, operan por su propia cuenta y riesgo, aunque los observadores llegan a la conclusión de que si de veras los dirigentes están al margen, o quizá marginados, es porque hay otras fuerzas u otros niveles de fuerzas políticas que gobiernan sobre la Cámara, sobre los partidos y sobre los actores.

En este carrousel de declaraciones faltó la de Juan Nicasio Guerra Ochoa, el secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Juan Nicasio Guerra Ochoa, a quien le suspendieron la cuenta pública correspondiente al Fofaes (Fondo de Fomento Agrícola del Estado de Sinaloa). Ya ayer comentamos su primera reacción: es un asunto político, dijo, pues la ley no obliga a que los beneficiarios firmen la carta de asignación y además ya el 98 por ciento de las observaciones fue solventado.

Guerra Ochoa anunció que a las once de la mañana de ayer daría una conferencia de prensa para fijar su posición, obviamente en contra del rechazo a la citada cuenta. No apareció. Por decisión propia o por indicación, dejó todo en suspenso, incluso sin convocatoria, de modo que puede asumirse que ya se resignó a pasar por el trámite de convencer a los diputados, a la ASE y a los auditores en general, de que ya le pueden levantar el castigo. El impulso de lavar el nombre ha quedado en mera intención.

En la base, donde fue a caer lo que puede ser el avance más importante de toda esta etapa, empiezan a darse explicaciones. Los ayuntamientos recibieron la encomienda de recoger los recursos que exalcaldes y exregidores se asignaron a si mismos en el fin del trienio pasado, pero ya empezaron las explicaciones, Todavía no nos envían la documentación correspondiente, dicen unos; nadie nos ha pedido formalmente que lo hagamos, dijo Carlos Felton en Mazatlán; la verdad es que no hay disposiciones legales para eso, esa es la causa de que nos estén aventando a nosotros esta bolita, dijo otro alcalde a modo de confidencia.

EL NARCO, UN ELEMENTO

SIEMPRE PRESENTE

La pública exhibición de Rodrigo Vallejo, hijo del exgobernador michoacano Fausto Vallejo ha generado todo un escándalo nacional. Ver a este sujeto sentado frente al principal capo de su estado, el que se había constituido en el personaje más buscado, ha remecido de indignación a millones de mexicanos, incluso a aquellos que no vieron directamente el video.

Por supuesto, PAN y PRD están hablando de las corruptelas del PRI; los analistas están viendo los impactos en la fama pública priísta, el daño sufrido en la línea de flotación de ese partido. Los ciudadanos comunes y corrientes simplemente aprovechan para lanzar una nueva imprecación contra los políticos y los hijos de los políticos.

El problema de fondo sin embargo es la infiltración de la actividad política por parte del narco. Donde quiera que hay un jerifalte de las drogas, de cualquier nivel, hay una capacidad para influir en decisiones que debieran ser de todos. Desde la donación ilegal de recursos hasta la imposición de criterios como ocurría con la familia michoacana, la intromisión de los narcos es cada vez más común y cada vez más vista como lógica y hasta natural por los ciudadanos comunes y corrientes.

Este diálogo grotesco, en que el hijo de papi trata asuntos de gobierno con el principal enemigo de la vida pública michoacana, es una verdadera demostración de que las cosas han llegado a un nivel extremo de cinismo, aunque en realidad nada debiera extrañarnos a partir de aquel descubrimiento de que el zar antidrogas del país, un general con toda la barba, trabajaba en realidad para el señor de los cielos.

Con estos antecedentes es muy difícil que los jóvenes tomen los valores que invocamos y esgrimimos como garantía para acabar con las desviaciones de la conducta social. Un muchacho que nulificada casi cualquier posibilidad de movilidad social porque no puede estudiar o porque estudia y ello no le garantiza ascensos en su vida, sólo encuentra la posibilidad del narcotráfico aunque sea como ilusión. Muy difícilmente atenderá los llamados de los padres, de las autoridades, de los líderes sociales.

Además el miedo es elemento importante, por eso no hay ciudadano que se atreva a señalar ni la preparación de las tienditas, ni los acuerdos que alcanza a percibir entre los políticos y los narcos. Pero el impacto llega hasta los altos niveles de la política: Silvano Aureoles, coordinador de los diputados federales perredistas, recibió una especie de medalla al mérito político, al ser considerado por La Tuta como uno de los hijosdelachingada que operaron en su contra. La reacción no fue reafirmar criterios, posiciones, ideologías o convicciones, se apresuró a aclarar: “yo nunca he operado en contra suya”. Si no fuese tan trágico, podríamos estar riendo a carcajadas.