EN LA GRILLA

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*Sigue la PGJE descalificando a las víctimas

*Mazatlán, convertido en centro de atención

*Regresa María Luisa Miranda al ISIC

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

Si doce muertos en una jornada eran muchos; si veinticuatro crímenes en dos semanas eran excesivos, habrá que buscar un calificativo adicional para la versión de que ayer hubo tres asesinatos más en la sierra de San Ignacio. ¿Y las autoridad? ¡Bien, gracias!

Ayer empezaron a fluir datos como la identidad de las víctimas, su procedencia y otros detalles técnicos. En cambio seguíamos ignorando las circunstancias de este crimen múltiple y sobre todo, seguimos sin saber quiénes fueron los asesinos ni mucho menos cuándo serán detenidos, si es que lo son algún día.

Dentro de todos los negativos que tiene este panorama, hay algo todavía peor: la Procuaduría General de Justicia del Estado, a través del subprocurador general Martín Robles Armenta, salió a los medios para dar a conocer el detalle más importante obtenido hasta este momento por los investigadores que tienen el caso a cargo: varios de los asesinados tenían antecedentes penales por asesinato.

Durante mucho tiempo, las autoridades han enfrentado a la presión de la sociedad con explicaciones de cierto impacto, especialmente la descalificación de las víctimas: eran asesinos, no hay que preocuparse por más escandaloso que sea el número de muertos, parece ser el mensaje que se lanza con frecuencia en estos casos.

Durante años, la primera explicación, que sustituía a la obligación de resolver los casos: fue un enfrentamiento entre grupos delictivos, decían. Por supuesto ¿a quién se le podía ocurrir salir a pedir justicia para un delincuente? Así la autoridad quedaba tranquila, relevada de la obligación de esclarecer el asunto y detener a los responsables.

La sociedad sin embargo fue evolucionando y entendió que aún si hay razón en la descalificación a los muertos, la explicación no releva de la necesidad de que se haga justicia y ello evitó que se siguiesen utilizando esas explicaciones (aunque ello no nos llevó al hallazgo de soluciones).

Hoy de nuevo estamos ante autoridades con esa tentación de decir “no os preocupéis, se están matando entre delincuentes”.

Puede ser que haya un propósito como decir ”las broncas no llegan a la gente de bien”, “sigan con sus asuntos normales”, pero el hecho es que tenemos muchos años demandando que se haga justicia y en lugar de ello seguimos recibiendo explicaciones como las que ya se habían desechado desde buen tiempo atrás.

Por supuesto que importan las características y los antecedentes de los muertos. Antes que nada son personas que dejan familias adoloridas, con rencores y deseos de revancha, con desamparo y necesidades sin perspectivas de solución. Si hubo antecedentes negativos, nos enteramos de que los grupos de la delincuencia organizada se siguen enfrentando hasta el extremo de la muerte.

Habrá quién se tranquilice al saber que los asesinos no andan por las calles buscando a quien matar, sino que tienen bien ubicados a sus contrincantes y a sus blancos inmediatos.

Pero con todo y esos “atenuantes”, la gente que no está en el mundillo del narco o del crimen organizado, incluso quienes no viven cerca de las zonas de conflicto, se sienten amenazadas, viven bajo el temor que de esas acciones se extiendan o de que los agarren, como se ha dicho con mucha frecuencia a modo de explicación, “en el lugar equivocado y en el momento equivocado”.

Así, cuando una autoridad sale a descalificar a las víctimas no le hace un buen servicio a la sociedad. Sólo hace evidente la incapacidad para encontrar una solución, para dar una respuesta en los términos de eficacia y rapidez a que están obligados.

Y ENCIMA NOS ATRAEN

REFLECTORES INNECESARIOS

Un acucioso analista de los asuntos turísticos llevó el seguimiento de los impactos negativos para Mazatlán en los noticieros televisivos nacionales. Durante meses enteros no se nos mencionó, mientras que puertos con menos fama de conflictivos, como Vallarta y Los Cabos, daban frecuentemente la nota policíaca.

Esto acabó cuando se produjo la detención aquí de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo Guzmán, quien generó muchas menciones para Mazatlán. Por fortuna la detención fue incruenta y el lugar fue prácticamente circunstancial, en una huida improvisada, tras escapar a la persecución de Culiacán. Ello hizo que no se nos etiquetara nuevamente como parte de las sedes permanentes de uno de los cárteles más poderosos de la historia. Por el contrario, la constante toma de fotos en las afueras del edificio Miramar, donde ocurrió la detención, es tomada como un detalle simpático, si acaso antropológico, a cuya práctica no escapan ni locales ni turistas.

De todos modos, los escandalosos crímenes de San Ignacio han provocado que volvamos a aparecer, aunque por fortuna como una referencia geográfica fugaz, ilustradora de la ubicación de San Ignacio. Esto último daba tranquilidad al observador, cuando escuchó algo que le puso los pelos de punta: los cadáveres encontrados en San Ignacio fueron llevados a Mazatlán, para que allá les hicieran los estudios necrológicos.

-¿Qué necesidad había de traerlos a Mazatlán, de poner los reflectores de la inseguridad sobre nuestro puerto, después de tantos esfuerzos y tanta inversión en promociones, divulgación, seguimiento, que han permitido volver a traer a los cruceros turísticos, a vuelos que tienen más de una década ausentes?

Sin menospreciar lo que aquí se tiene, hay mejores instalaciones en el Servicio Médico Forense, de modo que no hay razón alguna para que nos pusieran en el ojo del huracán. Falta colmillo, Concluye el observador. No le falta razón.

UN AGRADABLE REGRESO

Cuando la directora del Instituto Sinaloense de Cultura, María Luisa Miranda, dejó temporalmente el puesto, muchos apostaron a que no regresaba. La funcionaria enfrentaba un problema serio de salud, pero al margen de eso, los jaloneos políticos, la lucha por espacios, la colocaba definitivamente fuera del equipo de Mario López Valdez.

Trinidad Peñuelas Castro, el sustituto, fue señalado como el nuevo director definitivo y empezó a tomar decisiones, o a instrumentar las que se armaban desde el tercer piso para superar conflictos como el de la Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes, que se convirtió en uno de los más severos dolores de cabeza en la historia de la institución.

Pero ayer, sin advertencia previa, se anunció el regreso de María Luisa Miranda, quien reasumió el cargo tras una reunión con su equipo.

El regreso por si mismo es una buena noticia, sobre todo si lo vemos desde la óptica de la salud, que señalaba como marcada con malas perspectivas, pero ha quedado resuelta.